Marihuana y cuarentena: cada vez más pampeanos cultivan aislados en sus casas para escapar del aburrimiento

Una especie de marihuanero se consolidó en plena pandemia. Cultivan en sus casas: no venden no convidan ni le rinden un culto a la planta como sus demás colegas. Tienen un solo sentido: fumar y escapar del aburrimiento.

Un día comenzaron a cultivar marihuana desde un indoor casero en el patio o en una habitación desde sus domicilios. Transcurren las horas encerrados en sus casas viendo cómo crecen los cogollitos hasta que cuelgan desde las ramas de la planta; no la venden, no regalan y con suerte te convidan. Combinan tiempo libre con soledades transcurridas; pasan trasnoches de fumatas escuchando música: maratones de series, videojuegos o zoom con los demás porreros aislados: son los nuevos cultivadores de la cuarentena; una especie de marihuanero ermitaño que se consolidó en plena pandemia de covid-19.

Si bien al hábito de fumar marihuana se lo relaciona con lo social o el “compartimento” -más organizados aparecen comunidades de cannabicos que militan el uso recreativo o medicinal todos los 20 de abril– a este tipo de cultivadores no se los encuentra en ningún círculo ni forman parte de ningún ámbito donde el consumo de marihuana se politice. No quieren transmitir conciencia ni preponderar un estilo de vida: sólo buscan fumar de la planta que supieron cultivar.

Combinan tiempo libre con soledades transcurridas

Las cuarentenas intermitentes sirvieron como caldo de cultivo para que cientos de millennials- algunos ya tardíos- comenzaran con el autocultivo hogareño y, de esta manera, matar varios pájaros de un sólo tiro: vencer el aburrimiento diario, empoderarse de los dealers y hacerse unos mangos a través de la venta online.

El componente encierro

Desde que comenzó la pandemia muchos especialistas en el área de la salud vincularon al encierro con los problemas de ansiedad. Según un estudio de la Dirección General de Políticas Sociales en Adicción de Buenos Aires, la marihuana fue la sustancia psicoactiva más usada durante la pandemia. Sin embargo, existen otros tantos estudios que observan a los problemas de ansiedad y el consumo de marihuana como un coctel irrecomendable para las situaciones de encierro ya que muchas veces suelen profundizar estados de ánimos bajos o hasta sensaciones de paranoia.

Escapar del estrés vía marihuana fue una práctica mundial. Incluso la Organización Mundial de la Salud (OMS) se expresó sobre los beneficios del uso de cannabis o de productos con cannabidol para aliviar trastornos psicológicos derivados del confinamiento social.

En este marco los cultivadores de la cuarentena comenzaron a acercarse al mundo del autocultivo  impulsados por el aburrimiento que más tarde supieron explotar, buscaron la manera de pasar el día sin caer en conciencia de la improductividad del tiempo en las fases 1. Ahora germinan, cortan, lavan raíces aprovechando las horas de la semana dedicados a conseguir los mejores resultados para su cosecha.

Cultivador autogestivo

Al ser consultado por Revista BIFE sobre por qué decidió cosechar marihuana en su casa durante la cuarentena, Esteban (35)- quién trabaja en una concesionaria de autos y llega “atrofiado” por las noches- confesó que en realidad era una “cuenta pendiente”. Nunca se había animado. Comenzó a prepararse durante el verano de 2021 viendo que la pandemia todavía venía para rato. “La idea era tener mis propias flores y ver qué sale”. Pasa días enteros cortando las ramas, separando cogollos, los pone a secar; riega las plantas. “Es mucho laburo”, dice Esteban, quién asegura que no pretende vender ni 1 gramo.

Aunque en líneas generales elijan vivir dentro de un sistema capitalista de mercado, existe un debate interno acerca de la mercantilización del autocultivo. Ponerle precio a sus cogollos es reducir o banalizar la práctica, incluso, llegan a la conclusión de que no reconocen su propio trabajo vendiéndola; ese camino recorrido, ese amor proyectado sobre la planta, en definitiva, no tiene precio.

no pretende vender ni 1 gramo.

Sin embargo, muchos se desplazan a la venta online donde suelen repartirse frascos de cogollos clandestinamente en la ciudad a través de Pedidos Ya u otras App a costos desopilantes. Esteban dice que no vende ni tampoco regala los cogollos por más amigo que seas. La generosidad no los caracteriza. “Convido cuando vienen a casa” aclara.

Cultivador despolitizado

Al comportamiento anti- social se le agrega un componente anti político que caracteriza a este nuevo tipo de cultivador. Mientras los gobiernos provinciales y municipios de todo el país debaten sobre la regulación del cannabis para su uso medicinal o recreativo, a los cultivadores de la cuarentena les importa un comino. Se alejan de esos gurúes ayer destacados estudiantes de agronomía de la Universidad Nacional de La Pampa, hoy mormones, dirigentes o hasta cuadros políticos, destacados referentes en el arte de la charlatanería, que circulan cada vez que hay un evento sobre el uso saludable de la marihuana en el Aula Magna.

No concurren a ninguna marcha por la legalización en las plazas y como una de sus características es vivir en-cuarentenado tampoco tienen problemas con la policía. Para este sujeto el “otro” es siempre una amenaza a diferencia de los fumones sociales históricos. El único sentimiento que comparte junto a sus colegas es el miedo al ataque cogollero: que un intruso les robe las plantas para venderlas en el mercado under.

se le agrega un componente anti político que caracteriza a este nuevo tipo de cultivador

Actualmente en Santa Rosa es muy típico este tipo de atracos ya que hacerse de una planta deja una ganancia mínima de 50 mil pesos.

“Pensé en la posibilidad de adoptar un pitbull”, agrega Esteban, advirtiendo futuras medidas de seguridad extremas en caso de experimentar un robo de este tipo.

Visitan transitoriamente los growshops de Santa Rosa en busca de insumos, y el resto de la información la suministra internet.  Suelen vivir en monoambientes precarios sin más compañía que la planta; algunos fueron alcanzados por la flexibilidad horaria o el teletrabajo y disponer del tiempo que se requiere para el autocultivo; otros, desempleados, vieron la posibilidad de meterse en la venta de marihuana -sin intermediarios- y salvarse en medio de la crisis económica actual; y el resto, simplemente, se la fuman solitariamente en sus casas hasta sentir que sus cerebros se achicharran como un pedazo de manteca en una sartén caliente.

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