En los grupos de running de Santa Rosa usted puede trampear o encontrar al amor de su vida

A un año y medio de su inicio, la cuarentena pudo haber representado un hundimiento atroz para aquellas personas tímidas que quedaron solteras en marzo del año pasado. Si se prohibieron los lugares de encuentro, ¿dónde construir nuevos proyectos amorosos? Los grupos de running pueden ser una buena opción. Esta es la historia de Matías y su voluntad para generarse nuevos puentes de levante.

Me tenes los ovarios llenos, no te soporto más, ni a vos ni a tus inseguridades, Matías. Me voy-

Oficialmente de novios fue lo último que le dijo Ludmila antes de salir por esa puerta ubicada en la calle Emilio Mitre, la misma por la que entró hace 10 años, cuando habían decidido emprender la aventura de la convivencia. Ahora Ludmila se iba para siempre y lo dejaba solo a Matías el mismo día que anunciaban la cuarentena. 

Si bien cogieron los primeros dos meses, el sexo como las ganas de Ludmila se fueron aplacando hasta que no lo frecuentó más, y Matías, finalmente, se tuvo que hacer cargo de su frágil existencia. 

Comió, bebió, fumó en cantidades. Más de una vez acusó ser contacto estrecho para pegar faltazo al trabajo. Miró maratónicas series que las alternaba con patrullajes virtuales por las redes de su ex. Pero llegó un momento que su pozo fue tan hondo que seguir escarbando hubiera implicado construir en simultáneo su propia tumba.

Ahora Ludmila se iba para siempre y lo dejaba solo a Matías el mismo día que anunciaban la cuarentena

Así que se bañó y se hizo un usuario de Tinder. También navegó mucho por Instagram. Nunca en su vida reaccionó a tantas historias. Comentó posteos, subió fotos mostrando su mejor perfil e incluso le inyectó publicidad a una imagen de su autoría en la que aparecía radiante una luna llena para ver si alguien se conmovía con su sensibilidad gracias a la cual pudo captar tan extraordinario acontecimiento. Pero nada. Probó en Tinder. Inventó una biografía más interesante y posteó fotos subidas de tono. Nada. Santa Rosa no es un lugar propicio para el levante virtual, pensó amargamente.

El muchacho estaba rendido, entregado, y empezó a ver con mayor cariño el pozo existencial que no había tapado. Hasta que un día -precisamente en marzo del corriente– fumando marihuana en cuero se deslizó la palma de la mano desde el pecho hasta el ombligo, y en ese trayecto vio -quizá por la influencia del cannabis- cómo sus dedos se desnivelaban obscenamente, como si estuviera acariciando -en vez de su panza- un médano de manteca. “Tengo que empezar a correr“, se dijo. 

Salía por la avenida Perón, por la Spinetto y por la laguna. Rápidamente se empezó a deprimir. Su malestar era profundo y más que despejarse salir a trotar evidenciaba su soledad. Veía grupetes de hombres y mujeres que corrían, que se arremolinaban como cardúmenes de sardinas felices, y sintió deseos de unirse. 

Le inyectó publicidad a una imagen de su autoría en la que aparecía radiante una luna llena para ver si alguien se conmovía con su sensibilidad gracias a la cual pudo captar tan extraordinario acontecimiento. Pero nada

Al llegar a su casa sin bañarse puso en google “grupos para salir a correr santa rosa la pampa“. Se anotó con “Las devotas del senderismo”. Matías leyó “sedentarismo”, y le llamó la atención la ironía de que igualmente salgan a caminar. “Yo también me autopercibo devoto del sedentarismo“, pensó con una media sonrisa. Luego notó que decía “senderismo” y vio que era un grupo de 40 mujeres y prefirió seguir buscando. 

Encontró otro grupo, pero primero se tuvo que anotar en un gimnasio. Puso el dinero y empezó a ir. Salían a correr los miércoles y viernes. Se integró muy rápido. De entrada tuvo especial conexión con una mujer casada de 40 años. Una noche se juntaron en un quincho “los de running”, comieron pizza, bebieron, y nuestro protagonista y la mujer rieron toda la noche con esa risa cómplice, inaugural, en las que se intercambian miradas secretas, decididas, seductoras.

Los grupos de running se prestan para el cortejo. Generalmente es gente vital, preocupada por su cuerpo, que decidió romper con el achanchamiento que impone una vida atravesada por una pandemia, y ponerse a hacer ejercicios, a correr, a liberar endorfinas, buenas ondas y…

Ebrios hasta la sana alegría, la mujer le preguntó a Matías si podía llevarla a su casa. Él, con cierto nerviosismo (desde que se había separado con Ludmila -hacía año y medio- que no entraba nadie a su auto, y, más allá de su expareja, habían pasado 10 años), dijo que por supuesto. Se desviaron por los controles, y en un semáforo se besaron. Matías se dirigió hacia los silos, allá por el Santa María de las Pampas, donde se daban largas sesiones de amor en el auto con su ex, cuando noviaban. Ahora le llamó la atención que ese lugar se haya poblado de asentamientos. 

Nuestro protagonista y la mujer rieron toda la noche con esa risa cómplice, inaugural, en las que se intercambian miradas secretas, decididas, seductoras

Se vieron dos veces más, porque ella estaba muy bien con su respectivo marido y le pidió que quedaran como “amigos”. Él, por su parte, se anotó a dos grupos más para correr, donde empezó a hacer otros vínculos. Hoy corre seis días a la semana, un día incluso hace doble turno. Está agotado, pero contento porque ha recuperado su vida social y sexual. 

15 thoughts on “En los grupos de running de Santa Rosa usted puede trampear o encontrar al amor de su vida

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