Belén Álvarez y la historia familiar detrás de Anacleta: Reciclar la ropa para volver a empezar

En el patio de su casa, entre máquinas a pedal y retazos apilados, empezó todo. Mucho antes de que el reciclaje fuera tendencia y de que la palabra “sustentable” se volviera etiqueta de marketing, Belén Álvarez ya desarmaba prendas para volver a armarlas.

El próximo 8 de marzo estará en el playón del ferrocarril de General Pico, participando del desfile que organiza el municipio en el marco del Día de la Mujer. Será parte de una movida que, según cuenta, reune a 15 emprendedores y más de 90 modelos. “Publicaron la convocatoria para diseñadores y emprendedores que quisieran presentar sus trabajos. Cada uno lleva sus propios modelos, mínimo cinco, máximo diez. Y también se pueden postular personas que quieran modelar. Mi ropa la lucirán dos chicas trans, y lo menciono porque me parece importante en inistir con la diversidad en una época tan oscura como esta”, explica. El objetivo es claro: “Promover diseñadores, emprendedores y mostrar lo que se hace acá”.

El problema del “Fast Fashion” y el reciclaje como respuesta

La industria de la moda es una de las más contaminantes del planeta al generar alrededor de 92 millones de toneladas de residuos textiles al año, de los cuales más del 85% termina en vertederos o incinerado, y apenas un 1% de la ropa desechada se recicla para convertirse en prendas nuevas.

Este patrón de producción, expresión de la llamada “moda rápida” o “fast fashion” y, en el contexto actual de Argentina, profundizado por la apertura de importaciones del mercado depredador chino que refuerzan un esquema lineal de usar y descartar, no solo golpea a emprendedores que encuentran en el reciclaje y la sustentabilidad una forma alternativa -y casi de resistencia de producir-, sino que además deja una huella ambiental cada vez más pesada y difícil de soslayar.

La moda como expresión política

Belén participará el 8 de marzo con su marca, Anacleta. El nombre no es casual: es el de su abuela materna, a quien no llegó a conocer, pero cuya historia le marcó el rumbo. “Mi abuela era analfabeta. Aprendió a coser, a bordar, a tejer como tejían los nativos, con el telar en el piso. Después le enseñó a mi mamá. Yo me crié entre máquinas de coser”, cuenta.

A los nueve años agarró por primera vez una máquina. En su casa, en Puelén, la costura no era hobby: era sostén económico. “Vengo de un hogar sumamente humilde del oeste profundo, y lo digo con orgullo. En tiempos de crisis, mi mamá sostuvo la casa cosiendo. Yo veía eso”. La ropa reciclada fue primero una solución práctica. Su madre ajustaba, achicaba, transformaba. “Cuando era chica me vestían con ropa reciclada. Era necesidad, pero también era recurso”.

Con el tiempo, esa práctica se volvió elección. Belén no interviene prendas con un simple aplique. Las desarma por completo. “Yo no intervengo, yo desarmo. Transformo la prenda en tela y de ahí diseño algo nuevo. Me traés una calza y te puedo hacer un body o una remera. Es empezar de cero”.

Para el desfile del 8 presentará, entre otras piezas, un vestido hecho con sábanas bordadas a mano de más de medio siglo. “Las encontré en casa de mi mamá. Las lavé con muchísimo cuidado y fui buscando las partes que estaban mejores. De ahí salió el vestido”. No hay nostalgia impostada. Hay método y paciencia.

Belén también asume que lo suyo es una toma de posición. “La moda es política. Lo que elijo ponerme es una forma de expresarme frente a lo que está pasando. No es necesario comprar ropa a patadas si con lo que tengo puedo transformarla”. Habla del fast fashion sin eufemismos y se refiere a la contaminación, explotación y microplásticos. Pero también habla de la memoria. “No se puede amar lo que no se conoce. Si no conocés tu historia, tu linaje, es difícil valorar lo que hacés. Nos hacen sentir vergüenza de dónde venimos”.

Ella reivindica su origen, su pueblo, las mujeres de su familia. Y cuando viste a alguien, busca algo más que estética. “Quiero que se sientan cómodas, que sean ellas, que se vean lindas y sexys. A veces es acompañar, incentivar. No es solo ropa”.

El 8 de marzo Belén llevará algo más que diseños reciclados. Llevará una historia que empezó mucho antes de que la sostenibilidad se volviera consigna. Y que, en su caso, sigue siendo una forma de estar en el mundo.

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