Los caminos de la corrección política y sus protagonistas en La Pampa

Radio Kermes desde el periodismo y Humanas desde la academia: éstas y otras instituciones en La Pampa que reproducen el clima de época y producen sus dispositivos de control. Angustias, paranoias y la tragedia de sus precursores.

Nacida en EEUU en los 80 como un lenguaje orientado a evitar excluir a minorías de la sociedad, la corrección política se volvió en el nuevo siglo la forma más eficaz de censura porque opera con la autocensura, a partir de prácticas que buscan desprestigiar lo que no se ajusta a una determinada narrativa. Por eso, establece lo que se puede pensar y lo que no se puede pensar con la premisa de no molestar. No ofender. No odiar, y que seamos todos iguales, obvios e inofensivos. 

De modo tal que, en nombre de la tolerancia, se pone en marcha un macartismo cultural de izquierda revestido de un buenismo que esconde, por un lado, dosis de crueldad, y por otro, el viejo autoritarismo.  

Es así que la corrección política de la progresía apátrida está justificando el asesinato de niños por nacer y está instrumentando ataques contra la familia, la religión y la tradición, las bases supremas de nuestra cultura occidental que está en decadencia.

No me tome en serio. El último párrafo es mentira. Me envalentoné y creí ser un editorialista de Cabildo, la prestigiosa revista del nacionalismo católico. Esto es lo que sucede cuando hay un exceso de corrección política: aparece su burda contracara, la “incorrección política”

En nombre de la tolerancia se pone en marcha un macartismo cultural de izquierda revestido de un buenismo que esconde dosis de crueldad y del viejo autoritarismo”  

Hoy ser políticamente incorrecto es dejar de ser incómodo. Si la corrección política recurre a ciertos clichés del progresismo, como amor, inclusión e igualdad, la incorrección política utiliza los lugares comunes de la derecha reaccionaria para oponerse: odio, homofobia y xenofobia. 

La incorrección política es ser un conservador que se autoproclama “rebelde”: no erosiona al poder, no rompe estructuras, no sacude el statu quo ni obliga a pensar. Todo lo contrario, reafirma viejos prejuicios. Acá es donde aparecen personajes como Trump o Bolsonaro –que se apropian de ese concepto-, o El Presto y tantos otros influencers, en los medios de comunicación.  

Mientras el heterodoxo no se debe a nadie y necesariamente camina en soledad por un desierto, desmarcándose de cualquier dicotomía, el políticamente correcto es un performer de la izquierda cultural, y el incorrecto de la derecha fascistoide. Ambos –marionetas- tienen un público (militancia) al que se deben y por el que son esclavos, se retroalimentan, son rehenes de sí mismos. He aquí la tragedia de sus precursores. 

Es así que la tolerancia represiva de la corrección no sólo tiene consecuencias en sus detractores –quienes son cancelados y en última instancia pueden cumplir la fantasía del ermitaño mediante el ostracismo-, sino en sus promotores, cuya corrección les vuelve como un búmeran, viéndose espiritualmente abreviados por tener que ratificar y demostrar permanentemente su “buena” posición ideológica en el asfixiante mundo del progresismo. En ellos nos centraremos. 

La incorrección política es ser un conservador que se autoproclama “rebelde”: no erosiona al poder, no rompe estructuras ni obliga a pensar”

Radio Kermes: Todas las voces ¿todas?

Nació en el seno de lo que en Argentina representó el origen institucional de la corrección política: la corrección bajada desde el poder político. Cuando 678 planteó los “límites del humor”, nadie pensó que esa lógica iba a expandirse al resto de las esferas públicas. 

En el ámbito del periodismo y con las nobles banderas que levanta, Kermes representa esa lógica en la provincia. Portadores de una moral pasajera, sus comunicadores dictan los cánones de la nueva decencia pública y establecen los límites de una discusión que en el fondo nunca se termina por dar por temor a “quedar mal” con los poderosos censores sociales. Estos censores sociales son, en simultáneo, los comunicadores y su público. Tanto es así que dichos periodistas deben rendir cuentas con su audiencia cuando tratan un tema que puede llegar a generar “ruido”.

Periodistas que pudieron molestar al poder político con alguna denuncia o chicana, hoy, por ejemplo, si quieren “cuestionar” levemente una nota de Página12 en su Facebook personal tienen que destinar dos líneas a dicha crítica y diez a aclarar que eso no quita su postura biempensante. O comunicadores que por hacer una entrevista (el oficio de preguntar y escuchar) tienen que avisar a su público lo “incómodo que se sintió” por guardarse las “infames” opiniones que tenía sobre el entrevistado en cuestión.

Una característica de la corrección política es que busca homogeneizar y, por tanto, hace perder identidad, pero, sobre todo, diluye la autoridad: ¿Qué tipo de autoridad puede tener una persona que para opinar tiene que explicar una y otra vez desde dónde habla? El emisor en ese acto de sumisión es vaciado de autoridad, es reducido a la voluntad de su público y su mensaje pierde eficacia. 

Cuya corrección les vuelve como un búmeran, viéndose espiritualmente abreviados por tener que ratificar su “buena” posición ideológica en el asfixiante mundo del progresismo”

Jóvenes viejos de Humanas: los nuevos censores

En las universidades descansan los nidos de víboras de la corrección política. Precisamente en la Facultad de Humanas se maceran los pensamientos bienpensantes que se exportan a otros ámbitos. 

Para dar un ejemplo, hace pocas semanas una docente estaba dando ejemplos expresiones contra-hegemónicas del SXX que fueron neutralizadas al ser absorbidas por el sistema, es decir, manifestaciones “vanguardistas” que fueron funcionales al status quo. Cuando alguien le preguntó si podía dar ejemplos actuales, la docente titubeó, dijo que era un terreno “complicado” y en tono de broma dijo que si daba ejemplos contundentes podía ser grabada y escrachada por alguno de nosotros, sus alumnos.

La docente tenía temor de dar ejemplos y abrir una discusión porque los paladines de este mecanismo hicieron creer progre a un nuevo agente de control social que emerge desde el mismo lugar que controla. O sea, la gente vigilada por la gente. La gente censurada por sí misma. Ya no es el Estado, la iglesia o el gobierno de turno los que persiguen, sino fragmentos de la sociedad civil. 

Otro ejemplo: en una oportunidad echaron a una persona de una toma universitaria porque su “presencia” hacía sentir “incómodo” a otras personas que no compartían la misma ideología. Eran víctimas, entonces, de compartir un lugar con otro individuo. 

Ya no es el Estado, la iglesia o el gobierno de turno los que persiguen, sino fragmentos de la sociedad civil”

“La víctima es la gran heroína democrática de nuestro tiempo”, dijo Nicolás Mavrakis, porque suministra prestigio, identidad, reconocimiento, autoestima y garantiza inocencia. Entonces hoy se es víctima de la masculinidad, del feminismo, de la contaminación, de las miradas, de las palabras, del odio, del sexo, del amor, o de estar en presencia de una persona que no nos agrada. Si en “Qué es la Ilustración” Kant dijo: “¡Anda erguido, abandona la minoría de edad!”, hoy sucede lo contrario: se anda encorvado, débil y frágil, enamorado del propio sufrimiento. 

Otras características

-En política la corrección está concentrada en el Frente de Todos, precisamente en Nuevo Encuentro y/o Humanismo. En el edificio de la municipalidad de Santa Rosa está colgado el siguiente cartel: “La fuerza transformadora más poderosa es la no-violencia”. Más allá de reivindicar a Gandhi, ¿hay mentira más descarada que esa? Toda transformación es violenta, si no es violenta es literatura de autoayuda. Evita ya hablaba de la violencia del odio como motor revolucionario. Por eso ese cartel fue pintado -se espera- por el Humanismo, no por el peronismo, que es un partido popular, plebeyo, al que toda exigencia de compostura lo vuelve neutro y estático, anulando su pulsión de cambio, que es lo que lo diferencia de las corrientes conservadoras, como el Humanismo o Nuevo Encuentro.

-En la cultura santarroseña hay espacios autogestivos que se desarrollaron para que las bandas locales puedan mostrar su música. Estos sitios están cubiertos con la estética del clima de época. Una de las características del clima de época es la cultura de la cancelación, que implica cancelar o, de alguna manera, prohibir a un artista por cuestionables prácticas que ha tenido en su vida privada (estén o no probadas). Ahora bien, dejar de escuchar o ver determinada expresión artística por la biografía del autor implica, primero, la torpeza de no poder separar arte de artista; y, segundo, la ingenua idea de presuponer que quien hace arte es alguien irreprochable en su vida privada. La idea de que sólo alguien de entereza en el ámbito privado puede lograr una obra artística valorable es una idea moral y, por lo tanto, falsa. 

Hoy se es víctima de la masculinidad, del feminismo, de la contaminación, de las miradas, de las palabras, del odio, del sexo, del amor, o de estar en presencia de una persona que no nos agrada”

-Los “incorrectos” anarcoliberales y los “correctos” progres comparten una característica: no tienen humor (no confundir humor con estética festiva). La risa y la picaresca están prohibidas, porque son subversivas, ofenden.

-Son ligeramente oportunistas y acomodaticios.

-Además de manejar una dinámica tóxica, el mecanismo que utilizan es ineficaz para cambiar la realidad.

-Para elogiar suelen decir: “todo lo que está bien”, y para criticar: “todo lo que está mal”, cuando en realidad “todo lo que está mal” siempre fue “todo lo que está bien”, y viceversa. 

-Sin embargo, valoramos su actitud represiva, porque usted debe apretar más los mecanismos coercitivos de la corrección política para que nosotros podamos rehacer todo. De lo contrario, moriremos de aburrimiento; ¿se imagina esta provincia sin represión? Un bodrio total.

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