Prodinco: a 21 años del incendio que fue el más grande de Sudamérica, el íntimo testimonio de uno de los bomberos

Daniel González, uno de los bomberos que luchó contra las llamas del incendio, rememora –en exclusiva con Revista BIFE- aquel trágico momento en que dos de sus compañeros –Javier Pérez y Manuel Olguín- fallecen tras la explosión de una pared a metros suyo. El azar, sus pesadillas, la pasión de ser bombero y los detalles del suceso que lo marcó para toda su vida.

En la tarde del 15 de agosto de 1999 se produjo en General Pico el incendio de materiales almacenados por la empresa Tubos Prodinco. Fue considerado, para ese momento, el más grande de Sudamérica. Dos bomberos -Javier Pérez y Manuel Olguín- murieron. Más de 100 personas lucharon durante un día para apagar el fuego. Los materiales plásticos y químicos agravaron la situación y provocaron un río de lava que corrió por las calles. La gigantesca columna de humo fue observada desde varias localidades vecinas.


EL TESTIMONIO

“Siempre tengo en la cabeza el incendio de Prodinco”.

“En ese momento, 15 de agosto de 1999 a las 16 horas, me bajé de la camioneta y me encontré con Javier, que se estaba poniendo el equipo de autónomo (equipo de respiración autónoma) frente a un fuego enorme que crecía. Roberto y Manuel sostenían la manguera, sin los equipos. La idea iba a ser que Javier y yo cubramos a los otros dos”.

“Entonces le dije a Javier: ‘gordo esperame que me pongo un autónomo y vuelvo con vos’”.

“Fue un instante”.

“Algo psicológico me pasó. Algo en la cabeza me dejó. No puedo hablar sin ponerme así. Me termino quebrando después de 21 años”.

“Ya pasaron 21 años”.

“Yo tenía 23. Hoy tengo 44. Desde los 13 años soy bombero”.

Foto: Mario López, fotógrafo de La Reforma

“No puedo explicar con palabras por qué me hice bombero a los 13 años. Es algo que nace desde adentro. Quizá porque haya visto de chiquito trabajar a bomberos. Quizá porque tengo parientes bomberos y lo llevo en la sangre. No lo sé. No lo puedo explicar, ¿cómo explicás una pasión?”

 “Hace mucho dije que iba a participar de todos los aniversarios. Justo el año pasado me tocó viajar por mi trabajo y no pude ir al acto. Pero fui al otro día al cementerio, tuve que ir. Cada vez que tengo que hablar de esto me conmuevo, es inevitable”.

“Entonces le dije a Javier: ‘gordo esperame que me pongo un autónomo y vuelvo con vos’”.

 “Ese fin de semana de 1999 había venido gente de afuera a dictar unos cursos. Yo estaba en el de materiales peligrosos. Fue la primera vez que la Federación realizaba un evento para los bomberos de La Pampa. Después del almuerzo íbamos a hacer la práctica. Llegamos a montar todo el operativo, que se hizo entre las calles 21 y 18, en el Paseo Migrante. Eran las 3 de la tarde cuando…”

“Escuchamos por radio que un operativo estaba saliendo a un incendio de una metalúrgica, decían. No teníamos idea de qué se trataba. Estábamos en la práctica pero nos quedamos alrededor de la radio, escuchando. Yo estaba a cargo de una camioneta”.

“Aunque no estés en una institución, yo sostengo que vas a ser bombero por el resto de tu vida”.

“Por el resto de tu vida vas a ser bombero”.

“Cuando vieron el color de la columna de humo pidieron refuerzos. Era algo grande. Después salimos todos para allá. Yo fui con otro muchacho, el 15 de agosto de 1999 a las cuatro de la tarde”.

Yo le debo la vida al equipo de autónomo”.

“A mí no me pasó lo que le pasó a Javier por volver a buscar el equipo. Yo lo vi a Javier que se lo estaba poniendo, y a los otros dos que no lo tenían. Por eso regresé”.

Foto: Pampadiario

 “Llegué al incendio, el camión estaba en la esquina y ya estaban desplegando la manguera. Estacioné. El otro chico que me acompañaba tenía un brazo enyesado, y le dije ‘hacete cargo de los equipos autónomos’”.

“Entonces le dije a Javier: ‘gordo esperame que me pongo un autónomo y vuelvo con vos’”.

Fue un instante”.

 “Fui a la camioneta. Estaba de espalda al incendio, poniéndome el equipo. Había mucha gente alrededor. Comienzan a gritar. ‘¡No, cuidado!’. ‘¡Cuidado!’. Se siente un estruendo”.

“Me di vuelta. Intenté mirar pero era todo una gran nube de polvo encima de mis compañeros, y todo alrededor era polvo. Más polvo”.

“Fue un instante”.

“Había habido una explosión. No llegué a ponerme el autónomo que salí corriendo para allá, desesperado. Los empecé a llamar. Una pared había explotado. Grité. No los veía. Grité y grité, pero no los veía…”.

“Algo en la cabeza me dejó. Algo psicológico me pasó”.

“De repente uno de los muchachos empezó a rodar. Pude ver cómo de la nube de polvo salía rodando Roberto Medani, que era el primero de los tres que sostenía la manguera”.

“No hubo un derrumbe. Hubo una explosión”.

“Cuando hay un derrumbe, las paredes se caen de manera vertical”.

“Cuando hay una explosión, la pared explota: salen disparados los ladrillos”.

 “Por eso al primero no le pasó casi nada. Y al tercero lo mató”.

“No puedo hablar sin ponerme así. Me termino quebrando después de 21 años”.

“Tenía mejor relación con Javier. Teníamos casi la misma edad. Se metió a trabajar en una lactería donde el dueño y yo éramos bomberos. Nosotros le insistimos para que sea bombero. Entonces Javier se hizo bombero”.

“La manguera quedó suelta. Mucha gente se acercó y yo agarré la manguera y empecé a mojarlos. Los mojé, los mojé… Sacaron a los chicos. A Javier lo llevaron en una ambulancia. Roberto y Manuel esperaban que lleguen más ambulancias. Y continuamos trabajando en el incendio”.

“Nosotros presumimos que estaba muerto. El ladrillo le dio a Javier en la cabeza y el pecho”.

“Roberto se quebró el tobillo y se quemó un poco el cuerpo. Por fortuna hoy está disfrutando en el sur argentino”

“Manuel, que estaba segundo, le aplastó la pared y le destrozó un brazo y una pierna, pero en ese momento quedó vivo. Murió una semana después”.

“Y a Javier, que estaba último, lo mató automáticamente”.

“Fue un instante”.

Cuando llegué a mí casa ese día me desplomé y lloré. Me tiré con todo el humo en la piel y lloré”.

“Seguimos con el incendio. A la hora nos avisaron que Javier había muerto. Imagínate la situación de seguir trabajando. Uno intenta bloquearse. Se busca no sé de dónde el aliento para seguir trabajando”.

Lo de Manuel fue más tremendo por toda la situación que se vivió en la semana. A mí me tocó ir a Buenos Aires con él”.

Foto: Pampadiario

Cuando el fuego respira, vos ves cómo se agranda al lado tuyo, respira y se propaga, respira y se ensancha. Al respirar, el fuego hace un ruido como un estruendo que choca contra el galpón. Estaba respirando y yo estaba ahí adentro del galpón, en medio del incendio. La temperatura de las paredes era infernal: antes de que sean tocadas por el agua, el agua se evaporaba. De las ventanas salían lenguas de fuego cada vez más largas (flashover, o combustión súbita generalizada). Sentíamos la presión del fuego que se ampliaba, que retumbaba al respirar; eso indica el peligro inminente”.


“Después del incendio, estaba en el camión, con otro compañero, Coqui, y le dije: ‘No sigo más, acá terminó mi historia como bombero’”.

“Por el resto de tu vida vas a ser bombero”.

“Después se fue conociendo que no fue una metalúrgica, que era un depósito de materias prima de fábrica. No teníamos la certeza de qué materiales eran. Nos fuimos enterando que había rollos de cinta, tambores con resina, y toda la materia prima para la producción de los caños del acueducto”.

El material se empezó a fundir. Necesitábamos espuma, pero era poca. Entonces se empezó a formar una lava. Empezó a salir por la calle 24, bajó y agarró la calle 107, se extendió 3 cuadras más. Era toda una franja de fuego que corría”.

Fue el incendio más grande de Sudamérica. Hubo toda clase de fuegos (sólido, líquido, gaseoso, materiales de alta temperatura que se funden). Más de 100 bomberos trabajando. Todo se complicó cuando empezó a salir por la calle”.

“La gente fue evacuada. Vecinos improvisaban mudanzas. Fue terrible”.

“El hecho de la columna de humo fue muy preocupante. Fue grandísima. Se veía desde Santa Rosa, Catriló. La problemática iba a ser a la noche, cuando la columna bajara con el humo. No sé por qué no bajó. En ese momento fui a avisar a mi familia por el humo, para que se vayan”.

Yo no los conozco a los chicos que iniciaron el fuego. Supuestamente estaban jugando. Fui a una audiencia a declarar pero no estaban ellos”.

“Nunca les vi la cara”.

“Llegué al cuartel y ya estaban velando a Javier. Fui a avisar a mi familia que estaba bien y volví. Esa noche dije ‘no quiero saber más nada con esto’”.

“Aunque no estés en una institución, yo sostengo que vas a ser bombero por el resto de tu vida”.

 “Sabíamos que a Manuel le tenían que amputar el brazo y la pierna. Sabíamos que estaba grave. Un miércoles a la noche en avión lo trasladan a Buenos Aires. Desde allá llaman y dicen que necesitan hablar con un familiar: debían ‘seguir cortando’. Yo les digo que los médicos hagan su trabajo”.

“Ese fin de semana viajé a Buenos Aires”.

“Con Manuel ya trabajábamos juntos. Era un chico mucho más humilde, buenísimo. En una época estuvimos ayudándolo a construir su casa”.

“El domingo a la madrugada, a las 3, me llaman y me dicen que Manuel se había agravado. Me dicen que había entrado en un paro cardiorespiratorio”.

“Salió un médico y dijo que estaba teniendo varios paros, y que estaban trabajando para reanimarlo”.

Cuando el médico se dio vuelta para volver a la terapia, lo agarré del brazo y le dije ‘querés que te ayude’”.

“Querés que te ayude’, le dije”.

“El médico me miró y me dijo no. Nosotros nos encargamos. A los 5 minutos Manuel falleció”.

“Si no hubiera habido un accidente, era un incendio más, danteso y polémico, sí, pero uno más. Tuvo la tinta negra de dos muertos”.

“Siempre tengo en la cabeza el incendio de Prodinco. Hace mucho dije que iba a participar de todos los aniversarios. Justo el año pasado me tocó viajar por mi trabajo y no pude ir al acto. Pero fui al otro día al cementerio, tuve que ir. Cada vez que tengo que hablar de esto me conmuevo, es inevitable”.

“No hubo errores, es decir, quizá ahora con los avances sí, pero en ese momento se siguió el ABC de cómo avanzar. Pero en realidad hubo una explosión, son riesgos que existen y pasan”.

“¿Viste El secreto de sus ojos? ¿viste cómo encuentran al asesino? El tipo podía cambiar de novia, de auto, pero no podía cambiar de club. Tenía una pasión. Yo no puedo cambiar de profesión, por más de que haya vivenciado una tragedia y me haya marcado para toda la vida, ¿entendés?”.

“Tengo un 100% de agradecimiento con los bomberos, porque me formaron como persona”.

“Esto es voluntario y es ad honorom. Se entra voluntariamente y ya hay cuestiones que hay que cumplir, pero tu trabajo va a ser sin remuneración. Eso siempre se aceptó. Yo desde los 13 a los 21 no quería saber nada con cobrar un sueldo. Es una pasión”.

“Aunque no estés en una institución, yo sostengo que vas a ser bombero por el resto de tu vida. Por el resto de tu vida vas a ser bombero”.

Daniel González, 44 años, licenciado en Seguridad e Higiene, ex jefe del cuerpo de bomberos.

3 thoughts on “Prodinco: a 21 años del incendio que fue el más grande de Sudamérica, el íntimo testimonio de uno de los bomberos

  1. Terrible día nunca visto los bomberos me tocan muy de cerca mi abuelo Juan Álvarez fue fundador de los bomberos la calle 102 Juan Álvarez yo me acuerdo cómo trabajaba con los papeles exelente persona su secretario era el sr pamflitis el abuelo en su cama en las última no quería entregar los papeles conozco al papá del bombero de Pérez y a Roberto felicitaciones a todos los bomberos y que Dios cuida sus vida en cada incendio

  2. HOLA BUENAS TARDES , L A FOTO DEL BOMBERO , RESCATANDO A SU COMPAÑERO , ES DE MARIO LOPEZ , FOTOGRAFO DE LA REFORMA

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