Color, la persona Draga que reinterpreta el folclore desde una perspectiva “disidente”

“Yo hago folklore, con k de marika”, dice Eli Rivas Gadan, quien lanzó su primer disco, “De Color”, en el que toma el folclore tradicional y lo reinterpreta para explotarlo como herramienta expresiva de transformación social. Conformado por diez canciones versionadas, la producción narra una historia de descubrimiento, lucha y resistencia.

Eli Rivas Gadan (32) residía en La Plata cuando se declaró el confinamiento obligatorio a raíz de la pandemia por el virus Covid-19, y se propuso trabajar sobre la visión artística que comparte desde Color. “Obvio, con la inocente idea de que sólo eran 15 días”, detalla entre risas. Fue en una ronda de mates cuando Isaías Gadan, su hermano y productor, propuso la realización de un primer disco. Debido a la cuarentena, las grabaciones fueron realizadas desde la vivienda de cada une de les colaboradores, aunque no parezca por el limpio sonido del disco. “Eso quedó así porque Isaías lo dio todo”, afirma Eli en diálogo con Revista BIFE.

“Con este disco quiero contar por qué soy quién soy, de dónde vengo y adónde voy”, cuenta Eli. Una producción que sobrepasa lo musical, con las ilustraciones de Aylén Caceres Schumann, que lograron captar el sentir de cada capítulo. Le interprete propone la división de las canciones en grupos de tres para seguir el hilo narrativo del proceso personal que atraviesa, en donde reinterpreta el folclore tradicional desde una perspectiva “marica y disidente”.  “Y la última canción queda de Bonustrack porque el piano de Luisina Girelli es una maravilla y hay que compartirlo”, explica.

Con este disco quiero contar por qué soy quién soy, de dónde vengo y adónde voy

La primera parte del disco se basa en su infancia, años marcados por los clásicos del género. Eli se encontraba entre bombos y guitarras, bailaba folclore con sus primxs y hermanxs mientras su padre, Alejandro Gadan, y su madre, María de las Nieves Rivas, entonaban con dulce voz versos rurales nacidos en trigales. Los tintes particulares del atardecer pampeano lo vieron, como niño, bailar al compas de aquel alboroto familiar, y notaron su incomodidad al deber imponerse zapateando fuerte, sintieron el cosquillar de su corazón al admirar la delicadeza de un zarandeo y la relajación de su cuerpo al ampararse, rendido, en la amplitud de un poncho arrebatado.

 De ese encuentro tan festivo con el disfrute es de donde proviene Bailarín de los Montes,  pero que no engañe, internamente sentía lejanía. “Siempre tuve incomodidad con la masculinidad cishetero, nunca me sentí varón”. Lucha interna de sus primeros años que es bien resumida al recitar las estrofas de Pompeya, canción de Mati Mormandi, “¡Ay, qué lejos que estaba Pompeya!/ ¡Qué dorado que era el sol!/ Cuando tu casa estaba a la vuelta/ Qué lejos que estabas vos”.

Atravesada esta primera parte del proceso, Eli llega a la adolescencia en una ciudad envuelta en una mirada heteropatriarcal. “En esa época, en Santa Rosa no se discutía acerca del colectivo LGBT+, a las disidencias nos arrojaban a la sexualidad totalmente desinformades”, recuerda Eli esos años transitados con el corazón atrapado en un sistema violento que constantemente enjuicia desde el ojo blindado. “Y menos mal que todo eso cambio, ahora voy y me pongo feliz al ver como activan, marchan y militan“.

La segunda parte de su disco se centra en el encuentro con su sexualidad e identidad, y comienza narrado por la canción Doña Ubenza, de Chacho Echenique, visibilizando el rezo de un alma atrapada en un mundo donde el goce es castigo. Esta violencia no solo provenía de quienes son producto perfecto de producción y reproducción del sistema cis-heteronormado sino de aquelles que pertenecen a los colectivos atrincherados de esa cultura pero mantienen la discriminación interna.

La segunda parte de su disco se centra en el encuentro con su sexualidad e identidad, y comienza narrado por la canción Doña Ubenza

El simple “Cuídame”, escrita por Pedro Guerra, aparece como un pedido ternura y compañía en ese ámbito en el que parecían reinar la frivolidad y el egoísmo. “En este momento agradezco una y otra vez la familia que me tocó. Que me aceptó, aprendió y evolucionó conmigo, hasta el día de hoy lo siguen haciendo. Mi mamá, feminista de añares, siempre me ayudó. Eso hizo que todo sea más llevadero”, comenta.

El deseo de habitar un mundo nuevo se cumple cuando se va a estudiar. “Al llegar a La Plata, llevaba de costumbre habitar en el prejuicio, caminaba por la calle cabizbaja esperando siempre el rechazo ajeno, fue entonces cuando empecé a conocer ámbitos activistas y militantes”. Comienza así el desenlace del disco, aparecen temas más actuales como “Todo los días un poco”, letra de León Gieco, haciendo hincapié en la perseverancia que conlleva resistir en lucha.

“Una de las primeras personas que conozco fue Ulises Rojas, autor del libro Diario de una marica mala, fue quien me educó y me dio el coraje para empoderarme”, recuerda le entrevistade sus primeros tránsitos de una vida política marcada por una militancia: “De calle, no soy militante académica, aprendo de las intervenciones, no de los libros”, aclara, con mate en mano.

El simple “Cuídame”, escrita por Pedro Guerra, aparece como un pedido ternura y compañía en ese ámbito en el que parecían reinar la frivolidad y el egoísm

En este nuevo mundo, se encontró con un problema, los espacios nocturnos dispuestos para el colectivo LGBT+ seguían regidos por una heteronorma. “Si ibas montada como Draga recibías las miradas ajenas de desaprobación, era casi lo mismo que ir a un boliche paki”. Buscando un refugio ante tanta adversidad se junta con amistades y crean La Drag Fiesta donde el mensaje principal era “Vení, marika, montate”.

Además de ser una excusa para reunir al colectivo, lo usamos como espacio para expresar ideas y pensamientos políticos. Imagínate que la primera fue hace aproximadamente 7 años, unas de las primeras intervenciones con crítica social que hacían les marikas”, explica. Mantiene la fuerza de estos dichos desde su activismo entonando canciones como “Chacarera Simple”, escrita por Anahí Arias, donde exalta a todo pulmón “Puedo hablarte de los males/ Puedo hablarte de bondades /Puedo ver a cada une/ Creando sus realidades”.

Al llegar a La Plata, llevaba de costumbre habitar en el prejuicio, caminaba por la calle cabizbaja esperando siempre el rechazo ajeno, fue entonces cuando empecé a conocer ámbitos activistas y militantes

Es en este contexto, encuentra su identidad Draga: nace Color. Todos aquellos años fueron recursos para reinterpretar la cultura que conocía de su lugar de providencia. “Extrañaba mucho cantar, era algo que me gustaba pero no sentía comodidad en los ambientes”, recuerda y comenta: “Yo hago folklore, con k de marika”. Bajo la influencia de artistas como Susy Shock, la draga Color, versiona las letras incluyendo a todas las personas que la escuchen, alejándose del dualismo de género predominante en la escritura.

Interviene la vestimenta, comienza a llevarla con una nueva perspectiva. “Me gusta mantenerme en una línea de confusión y del no binarismo, uso la ropa que me queda cómoda, desde un poncho, a los volados, botas o un sombrero, todo lo luzco como quiero para mi performance”, afirma. De esta manera, cierra el hilo narrativo del disco con un cantico poderoso: “Contra El Poder”, escrita originalmente por Pedro Guerra.

Buscando un refugio ante tanta adversidad se junta con amistades y crean La Drag Fiesta donde el mensaje principal era “Vení, marika, montate”.

La continuidad de su trabajo estará marcada por nuevos ritmos y estilos. “Ahora estamos produciendo un gato y mi hermano menor, Jeremías, que hace beat box nos acompañará en nuevas producciones”, cuenta con alegría pero mantiene ese misterio que impacienta la espera.

26 thoughts on “Color, la persona Draga que reinterpreta el folclore desde una perspectiva “disidente”

  1. 👏👏👏 Hermosa nota! Y parafraseando a le folklorera, una “nota de kolor! Con k de marica!”

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