La crisis venezolana contada por sus protagonistas

Argentina votó a favor del informe de Bachelet, que denuncia las reiteradas violaciones a los DDHH en Venezuela, y generó discordia dentro del oficialismo entre el cristinismo duro y el sector de Alberto Fernández. Para entender la complejidad de la trama bolivariana, en su sección Cangrejo en Retirada-Un pampeano en Venezuela, el cronista viajó al país caribeño y realizó un relevamiento sobre lo que diferentes sectores dicen de su propia realidad.

No hay absolutamente nadie que niegue la severa crisis que se está atravesando en Venezuela. No quedó hombre o mujer que no reconozca el degradamiento de la calidad de vida, que es transversal a todas las capas de la sociedad. Hay quienes dicen que los medios internacionales exageran, pero nadie se atreve a decir que el dinero alcanza, que hay tiempo para relajarse, que el transporte funciona bien, la luz o el agua; sino más bien, se suele comentar que hace falta cambiar de mentalidad, dejar el despilfarro.

Entonces, ¿qué se dice en Venezuela? ¿A quién se le echa la culpa de la situación vigente? Acá aparecen al menos dos grupos: los que culpan al gobierno (opositores) y los que culpan al bloqueo económico impuesto por Estados Unidos (oficialistas).

Lo llamativo comienza en la conformación del tercer grupo de personas, que explica la crisis como consecuencia de ambas cosas, es decir, por políticas del gobierno y por el bloque económico.

Este sector, según mi experiencia -después de hablar con una gran cantidad de individuos- está compuesto mayormente -para no decir en su totalidad- por chavistas, por lo cual hay una fuerte autocrítica hacia dentro del movimiento. Fueron contados con los dedos de la mano los radicalizados con los cuales me topé que sólo hicieron referencia al cerco informativo y al bloqueo. Por otra parte, escuché a muchos militantes de base, como también a dirigentes importantes -con micrófono prendido o apagado-, señalar los «errores» de su propio gobierno.

Es aún más llamativo cuando uno observa la escala de valoración de los elementos que, según este sector de críticos, originaron la crisis vigente.

Entonces, ante la simple pregunta: «¿Qué está pasando en Venezuela, cómo se llegó a esto?», lo que mayormente se responde, entre el sector chavista, como elemento principal de la crisis, es la «mala administración de los recursos» del país.

Un militar de rango me dijo, fuera del micrófono, después de explicarme la historia política y económica de Venezuela en el último siglo: «Mirá, chamo, hay una palabra clave, y ‘es ad-mi-nis-tra-ción’ de los re-cur-sos».

Este concepto -administración de los recursos-, se traduce en dos vertientes, que a veces van separadas y a veces de la mano: por un lado, la corrupción estructural, lisa y llana, tanto de individuos que ocupan sectores estratégicos, como también de otros que forman parte de los estratos más bajos. Y por otro lado, la falta de capacidad en la gestión: lo que más se escucha es que los militares no tienen capacidad técnica, pero también se habla de un caso paradigmático de un sociólogo honesto pero inútil al frente del ministerio de Agricultura.

El segundo elemento es la dependencia de la renta petrolera. Más del 90% de la economía depende de la exportación de petróleo,»enfermedad» que existe desde hace un siglo, desde que brotó el primer chorro de «oro negro» en suelo bolivariano. Esto generó, por otro lado, una cultura del despilfarro y del derroche que, ahora, por la fuerza, se está cambiando -o por lo menos es lo que se intenta-. ¿Y qué ocurrió? En 2013 se producían 3 millones de barriles de petróleo por día a 100 dólares cada uno. Ahora, se produce poco más  de 1 millón a 60 dólares, es decir, ingresan 5 veces menos “petrodólares” al país.

Y en tercer lugar, recién en tercer lugar, como justificativo de la crisis, se ubica el bloqueo económico que, indudablemente, profundizó el deterioro que se venía dando.

Usted se estará preguntando «¿pero entonces qué queda, si desde el propio chavismo se señala la corrupción estructural, la mala gestión y la no diversificación de la economía?” En general, la respuesta es: «El legado de Chávez, que reconoció por primera vez los sectores populares y les dio vivienda, educación, consumo y visibilidad. Del otro lado existe solo una oposición sin proyecto, que propone una invasión militar en el país».

No hay prácticamente una oposición de peso en Venezuela -por lo tanto, los futuros escenarios serán edificados para bien o para mal por el oficialismo-. Los líderes opositores más resonantes proponen una intervención extranjera, pero están cada vez más desgastados. Entre la gente que tuve oportunidad de frecuentar, dentro del universo opositor, están quienes quieren una invasión de EEUU, pero la gran mayoría simplemente es rehén de la situación y sólo quiere que se termine con «esto» de la «manera que sea».

Volviendo al tema del chavismo, desde la perspectiva que se estaba planteando, lo que hay hoy, entonces, es el recuerdo de lo que fue, es decir, lo simbólico. Chavismo es hoy simbolismo. Aunque a uno no le guste, es una corriente cultural que no desaparecerá en Venezuela, por más tragedias que ocurran, porque fue la primera que reconoció, de la manera que fuera, a una mayoría hasta el momento invisibilizada.

He estado en barrios -villas miserias- tanto en el Estado de Aragua como en Caracas, y me ha tocado ver a familias enteras empobrecidas, descalzas, sin luz, con hambre, niños desnutridos. En el último mes, en un sector de la parroquia 23 de enero -bastión chavista-, el médico de la zona me dijo que atendió a 30 niños desnutridos. También me ha tocado hablar con esas familias, de ojos tristes, de ojos humildes, escucharlas y que me dijeran “doy mi vida por esta revolución”. Y al preguntarles “¿pero por qué darías la vida?” me han respondido: «Porque mis hijos fueron a la universidad y hoy uno es médico, porque me compré los mismos zapatos que mi patrona con Chávez, porque pude viajar por Venezuela, conocer mi país, porque parientes míos tuvieron su primera casa, porque aparecimos. Porque nos mostraron. Y eso no se olvida».

Por esta razón, me atrevo a decir que el chavismo es un movimiento que trasciende la coyuntura, que permanecerá en el corazón de las personas, envuelto de amor o envuelto de odio.

«Pero uno no se puede comer un símbolo o un recuerdo de almuerzo», usted me dirá. Es cierto… Y además, dicho símbolo se deteriora cuando se ve la palpable desigualdad entre la mayoría de la población y los sectores que ven la crisis desde lejos.

En tanto, lo que une, por un lado y por ahora, es el patriotismo, el antiimperialismo. En este sentido, la amenaza de invasión ha sido beneficiosa para el gobierno. Algunos dicen, incluso, que gobierno y oposición se complementan, se retroalimentan.

Por otro lado, une también la falta de proyecto de país de una oposición que solo propone «sacar al usurpador»; y, sobre todo, la torpeza política de esta oposición en tiempos electorales, que será el tema de la siguiente nota.

Publicado originalmente en Diario Textual

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