Ignacio Vich: “La clave está en no reprimirse y hacer lo que uno mismo quiere hacer”

El músico santarroseño, ex Kuala Lumpur, no sólo está por editar nuevo disco solista, además publicará un libro sobre la relación de Spinetta con la tecnología en los ochenta. “Me sumerjo cuando me pica el bicho de algo. Sobre todo para descubrir por qué pasa lo que esta pasando”, adelanta.

La inquietud artística de Vich lo empuja a empaparse en la creación de obras que van desde abrazar al cancionero del rock nacional más legitimado, pasando por la verborragia del rap y cranear microtemas para instagram, hasta escribir en un blog español sobre ajedrez. “Me sumerjo cuando me pica el bicho de algo. Sobre todo para descubrir por qué pasa lo que esta pasando”, apunta el santarroseño residente en provincia de Buenos Aires y recientemente graduado en la licenciatura en Música y Tecnología en la Universidad de Quilmes, que por estas horas su veta multifacética se encuentra en uno de sus puntos más altos con la próxima publicación de un libro sobre el derrotero de Luis Alberto Spinetta y su affaire con la tecnología en la década del 80. “A medida que avanzaba el proceso de mi tesis sobre esa etapa de Spinetta mi tutor me decía, “esto hay que publicarlo”, y me terminó llevando hacia ese lado”.

Ignacio tuvo sus primeros roces con la música en una banda bautizada como La Morbo, que desde el nombre dejaba en claro que ahí no había más pretensiones que vomitar canciones de un tirón sin esperar nada. “Qué decirte, fue mi primera banda. Unos quinceañeros haciendo punk con 7 u 8 canciones que a todas las compuse en una sola tarde en la habitación de mi abuela”, explica Vich, que luego de ese debut formalizaría un proyecto que mantuvo de manera interrumpida durante 6 años: Kuala Lumpur.

High School Noise

A comienzos de la década pasada, Ignacio, junto a Milo Otaviano y Fermín Paz -dos compañeros de secundaria-, irrumpen en la escena santarroseña con Kuala Lumpur, un power trío formado en las aulas del colegio de la Unlpam que rápidamente fue el hype de la movida local. En un momento se empezó a armar como cierto ritual kualistico. Tenía que ver con la congregación de gente, confirma Ignacio, que desde los escenarios o al ras del piso de los bares en los que se presentaban los kuala, veía a los fieles seguidores de la banda que los acompañaban desde los ensayos, junto a músicos que los iban ver  y descifrar lo que traían entre manos tres pendejos sub-18, hasta los malabaristas y cuidacoches que flashaban con el sonido del trío. Creo que mucho tuvo que ver que  Kuala fue un experimento, una propuesta distinta a la que imperaba en Santa Rosa. Por un lado contaba con Milo, con un gusto más marcado por el reggae, y a su vez Fermín, volcado mucho más al punk y lo alterno. Eso dio buenos y anecdóticos resultados”.

En 2013 Fermín se va vivir a Francia y Kuala Lumpur queda en stand by -previamente habían logrado grabar un E.P. en los estudios de Pablo Jaquez-, mientras que Vich y Milo se instalan en Córdoba para iniciar sus estudios universitarios. Los kuala vuelven al ruedo cuando el batero regresa de Europa. “Cuando vuelve Fermín yo me voy a vivir a Buenos Aires. Tocábamos en algunos bares, luego íbamos a Córdoba a pegar unas fechas, pero era todo de manera intermitente, al tiempo Milo decide volver a Santa Rosa y ahí los Kuala se desarman”, señala Vich. En ese proceso Kuala Lumpur registra dos E.P más, pero el el ciclo vital del trío ya estaba consumado. “No había forma de prosperar como banda. La última vez que tocamos juntos fue en 2017. En Kuala lo que más prevaleció fue la energía bastante arengada. Y rozando la violencia a niveles expresivos. A nivel sonoro a nivel rítmico”.

Siempre En La Pared

“Desde que se desintegraron los Kuala, lo que hago es explotar las posibilidades que tengo, que son básicamente una computadora, instrumentos y dos parlantes. Y es eso, creo que la música va a ser mi compañía toda mi vida. No pasa un día que no toque la viola o el bajo. Es la mejor actividad que puedo hacer: después de fumar es tocar”, comenta Ignacio, y deja en claro que no sólo se trata de algo recreativo, sino más bien de una necesidad. “Música hay que hacer todos los días”.

Su actual proyecto, “Vich“, comenzó a gestarse con la ruptura de Kuala Lumpur y terminó de concretarse con su primer disco, El Tiempo. Luego editó Panóptica, un disco volcado a la canción spinettiana que gira sobre bases MIDI. Posteriormente a este material, editó ION, disco que fue grabado en el mítico estudio del mismo nombre. Para esta ocasión, Vich volvió al formato banda. “Se trató de un momento cúlmine. Fue un disco que grabamos en vivo y ejecutamos a la perfeccion. Lo mejor que grabe. Y mis amigos también.

Si hay algo que prevalece en Vich es la manera compulsiva de producir. “Se me ha armado una suerte de cuello de botella, dice, y agrega que en lo que va del año lleva editadas una decena de canciones y anuncia que está a punto de sacar un nuevo material. “Es un disco de seis canciones. La idea es subir de a una canción por vez, cada canción con una portada individual de cada una con una estética que defino como “robotica galáctica“. Lo hicimos a “medias” con un amigo colombiano, le estamos dando forma a algo que es de la hostia”.

De repente siento que hacer música es casi vomitarla. Se come de un dia para el otro.

A su vez, advierte sobre los problemas de la “superproductividad” musical. “Los grandes dinosaurios del rock sacan un tema y le dan matraca un año entero. De repente siento que hacer música es casi vomitarla. Se come de un día para el otro. Pienso que no termino de valorar mi música de una manera total. No la exprimo.”

Eso  de “se come de un día para otro”, ¿no tiene más que ver con un síntoma de la época, más que algo personal?

Esos cambios responden al reloj interno de cada uno. Yo Puedo estar días para encontrar un acorde, si me falta uno empiezo a desesperar y una vez que aparece ya está. Paso a componer otro tema. No termino de darle total importancia a la obra ya consumada. De todas maneras lo importante sigue siendo escuchar y escucharse uno mismo.

¿Y cómo es tu relación con la música como escucha?

Nunca fui un ávido consumidor de música. La verdad es esa, no escucho mucha música. Me siento medio viejo en ese aspecto, o más bien conservador, tradicional. Soy admirador de caetano, de Mile Davis, de Spinetta. No salgo de ahí.

Sin embargo incursionaste musicalmente en géneros”actuales” como el hip hop y el trap…

Como músico no me limito. Si es algo que está sonando, digo “ok, agarremoslo. Algo debe tener”. El hip hop a priori lo que te permite es decir cosas. Pasé de los kuala que eran 5 palabras en algunos temas  a decir todo. En mi tema “trapcito”, que es un trap, tiene un solo de viola, cosa que en ese género prácticamente no existe. La clave está en no reprimirse y hacer lo que uno quiere hacer.

¿Como surgió la posibilidad concreta de editar un libro sobre Spinetta?

Fue en base a mi tesis. Cuando fue avanzando el proceso mi tutor de tesis insistió en que tenía que publicarse. Parte de la necesidad de hacerlo es por que si bien ya hay publicaciones sobre Spinetta, hay muy poco sobre él su proceso creativo en los ochenta y su relación con la tecnología. La etapa de los ochenta del flaco esta un poco dejada de lado, pero tiene un valor muy relevante. El flaco fue clave en la época con el uso de maquinas de ritmo, teclados, samples. Estoy escribiéndolo y va a ser publicado por la editorial Gourmet Musical.

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