La historia de Mateo y el camino hacia una escuela que lo hizo sentir parte

Cuando Mateo Chechi empezó el jardín de infantes, su mamá, Analía, no sabía qué tan difícil iba a ser encontrar una escuela donde su hijo pudiera sentirse parte. Con el paso de los años, el recorrido estuvo marcado por aprendizajes, desafíos y también por experiencias que le demostraron que una educación más inclusiva es posible.

Hoy Mateo cursa la primaria en la Escuela N° 240 de Santa Rosa y, según cuenta su mamá, encontró un lugar donde no solo aprende: también pertenece.

“Estamos muy contentos por el acompañamiento que recibimos todos los días. Cuando conocimos la escuela vimos que tenía un aula sensorial y nos pareció increíble. Mateo se adaptó enseguida porque la institución tiene entornos amigables. Sus compañeros lo buscan, lo ayudan y hacen que se sienta parte del grupo”, relató.

Ese cambio también permitió que Mateo pueda extender su jornada escolar, un paso que su familia considera clave para seguir fortaleciendo su autonomía.

La inclusión no termina cuando suena el timbre de salida. Mateo también participa de actividades deportivas y artísticas. Fue parte de la colonia de vacaciones que terminó con un campamento en Pehuen Có, integra una de las agrupaciones musicales del programa provincial Sonar en Clave y hace pocos días protagonizó la Promesa de Lealtad a la Bandera.

“Volvió fascinado del campamento. Ahí entendimos que las cosas podían ser de otra manera. Y con el acto de la Bandera pasó lo mismo: fue un desafío, pero la escuela preparó todo con muchísimo respeto y anticipación”, recordó Analía.

La mamá asegura que nunca vivieron situaciones de discriminación dentro de las escuelas por las que pasó Mateo. Incluso conserva vínculos con familias del Instituto Visión Tecnológica, donde cursó anteriormente.

“Todavía me escriben mamás porque sus antiguos compañeros lo extrañan. Cuando nos fuimos, uno de los chicos le escribió una carta contando todo lo que había significado compartir esos años con Mateo. Lloré de la emoción”, contó.

Para Analía, el objetivo siempre fue mucho más allá del presente escolar.

“Nosotros no vamos a estar toda la vida. Lo que buscamos es darle herramientas para que el día de mañana pueda desenvolverse por sí solo en la sociedad”, afirmó.

Aunque reconoce que todavía quedan barreras por derribar, sostiene que el cambio ya empezó. “Falta mucho por hacer y por aprender, pero hay un cambio de paradigma. Solo hay que seguir trabajando para que cada vez más chicos puedan transitar la escuela sintiéndose parte”.

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