La alianza Macri-Bullrich-Milei y la realpolitik, según Jorge “Toto” Matzkin

Tras la derrota electoral y la intempestiva alianza que provocó un sismo en la oposición, el ex presidente de bloque justicialista y ministro de Interior reflexiona sobre el detrás de escena de los acuerdos, la voluntad de poder, la ética en la toma de decisiones ¿convicción o responsabilidad?, y la reconfiguración del peronismo.

Sergio Massa ha tenido dos días de descanso desde que asumió como ministro de Economía. El primero fue el 24 de junio, cuando fue elegido candidato de la unidad del peronismo y su esposa, Malena Galmarini, compartió una imagen de él descansando con la frase “el reposo del guerrero”. El segundo fue el 24 de octubre, dos días después de la derrota de la oposición, cuando Juntos por el Cambio se fracturó en un espectáculo político caótico que expuso ante la sociedad las vísceras y las divisiones internas. Como dicta el manual, cuando el oponente se equivoca no hay que molestarlo.

Este acuerdo siempre fue necesario. Si lo hubiéramos alcanzado antes, podríamos haber ganado en la primera vuelta“, dijo un desdibujado Javier Milei en la primera entrevista que dio luego de la intempestiva alianza, en un desesperado intento por borrar las acusaciones mutuas que se habían lanzado solo 48 horas antes: de “tira bombas” a “señora Bullrich”. De “loco” que quiere “explotar el país” a “Milei es el verdadero cambio”.

“En política nadie es tan amigo para que no pueda ser tu enemigo, ni nadie es tan enemigo para que no pueda llegar a ser tu amigo”

Este pacto, conocido como el “acuerdo de Acasusso“, que tuvo lugar en la casa de Macri con Bullrich y Milei, llevó a la implosión de JxC y dejó a miles de libertarios heridos, ya que vieron cómo su líder político, que había prometido un cambio radical, fue controlado y sometido: “encastado”. 

¿Pero existen las traiciones o es una actividad más del ejercicio de la política? La dinámica es compleja y se caracteriza por una serie de movimientos estratégicos y alianzas cambiantes. Sin embargo, ¿Cuándo son eficientes para la consolidación del poder y cuándo son percibidos como meros actos desleales? En ocasiones son necesarios para lograr estabilidad, mientras que en otras pueden erosionar la confianza y coherencia ideológica. 

“En política nadie es tan amigo para que no pueda ser tu enemigo, ni nadie es tan enemigo para que no pueda llegar a ser tu amigo”, teoriza Jorge “Toto” Matzkin, frente al cronista de Revista Bife, en su casa del barrio Villa Parque de Santa Rosa. Sentado delante de una biblioteca, frente imágenes colgadas con Menem y Duhalde, en discursos en el Congreso y frente a cuadros que retratan acontecimientos relevantes como los puntos de la Reforma de la Constitución de 1994, Matzkin reflexiona durante hora y media sobre realismo político: los matices y las complejidades de la realidad, el detrás de escena de los acuerdos –lo que se denomina “realpolitik”- y el actual tablero político de cara al balotaje. 

Matzkin ha sido un profesional en lo que respecta a la rosca de las negociaciones por los lugares que ha ocupado en la función pública. Fue diputado nacional y presidente del bloque justicialista durante el gobierno de Carlos Menem, secretario de Interior y ministro de Interior durante la gestión de Eduardo Duhalde. Cargos en los que se precisa cintura para pactar con otras fuerzas y con intereses diversos. Desde ese lugar, Matzkin reflexiona acerca de la naturaleza y el modo en que se llegó a establecer la nueva alianza política entre Macri, Bullrich y Milei.

“Primero hay que decir que del lado de Macri y Bullrich, la alianza tiene que ver sobre todo por razones de antiperonismo que por voluntad de acuerdo político. Las alianzas son necesarias para gobernar Argentina, pero hay un tema con los límites. Es muy difícil de explicar si hace dos días te digo que tirabas bombas y después aparecemos abrazados. Si hubiera un manual de cómo hacer alianzas, hicieron todo mal: se comieron un bife y arreglaron”. 

Acá Matzkin explica la naturaleza del acuerdo político a partir de las características personales de Patricia Bullrich

“A Bullrich no se le puede pedir unidad ideológica: trabajó con el peronismo, con De la Rúa, con Macri y ahora con Milei. Un paisano diría: “Anda de mano en mano como mate de puestero”. 

“En los noventa, yo era presidente de bloque y había que armar la comisión directiva del peronismo. Yo la propuse como vicepresidenta y mis amigos me querían matar, porque la conocían. A la semana me di cuenta que tenían razón. Es un mal bicho. Nunca vi a un personaje con tanta desesperación por el poder”, explica.

la alianza tiene que ver sobre todo por razones de antiperonismo que por voluntad de acuerdo político

La voluntad de poder y la ansiedad por el poder 

Encontrar casi únicamente satisfacción a partir de la acumulación del poder es asunto de una una raza muy particular de individuos. Se dice que para poder ejercerlo y aguantar las consecuencias es necesario tener cuero en vez de piel. Matzkin, quien estuvo en el centro del poder político durante una década, cuenta que tuvo miedo dos veces en su vida. La primera cuando un tiburón de 1, 85 metros y más de 100 kilos casi les destroza la balsa desde donde estaban pescando él y Eduardo Duhalde. La segunda fue cuando asumió como ministro de Interior en 2002 con un país a punto de la disolución total. “Me desgastó muchísimo, por eso no volví a la función pública. Todo es año tuve la piel como si me hubieran pasado una lija. Recuerdo un tipo que todas las noches me esperaba con su bebe en brazos al solo efecto de putearme”, dice.

Y reflexiona:

Lo del poder es algo magnífico y de una complejidad total. Nunca vi en mi vida alguien con tanta vocación de poder como Menem. Le podías pedir cualquier cosa menos tocarle el poder, pero en el buen sentido de la palabra. Se equivoca cuando quiere hacer la re-re, ese es un ejemplo de exceso”. 

“Una cosa es tener vocación de poder, que si no la tenés no poder ser político. Pero como todas las cosas hay límites. Y Bullrich, volviendo al tema, está fuera de los límites. Esa falta de límites no tiene códigos, y eso es un problema serio. En ese momento, en los noventa, una semana después de haberla propuesto, ya me quiso pasar por arriba”. 

¿Cuándo es necesario tener vocación de poder y cuándo esa vocación pasa a ser un problema? 

No es tan claro, no hay un manual. Además son los hechos sucesivos que te van llevando para un lado y para otro. Lo que hizo Bullrich lo ubicaría en el casillero de exceso de vocación de poder”.

En este juego de contradicciones, Matzkin dice: 

“A mí no me asustan los acuerdos, son comprensibles y necesarios porque todos somos pares y la persuasión es el método. Estuve 20 años en la Cámara, y nunca voté la ley ideal, siempre fue la ley posible.

Si hubiera un manual de cómo hacer alianzas, hicieron todo mal: se comieron un bife y arreglaron

¿Cómo se prepara una alianza política? 

“No tiene que ser meramente electoral, sino participativa. Duhalde lo hizo cuando cayó De la Rúa y le dio el gabinete a los radicales. Ese fue un buen acuerdo y funcionó, aunque fue para apagar un incendio. En un acuerdo político tienen que haber herramientas, porque objetivos tienen todos. Los objetivos son, por ejemplo, la felicidad del pueblo. Los instrumentos tienen que ver con qué vamos a usar para llegar a eso. Están todos los instrumentos disponibles, es decir las políticas que se van a utilizar, está todo inventado, no son ni buenos ni malos, depende cómo lo uses”.

Con un martillo podés tallar una obra de arte o podés partirle la cabeza a alguien. Entonces son acuerdos de instrumentos. Después tienen que salir los mejores. Es más difícil de lo que digo, pero es así. Tiene que suceder, porque cuando no funciona el camino del acuerdo se recurre al camino del terror, y ojalá eso nunca suceda”

Max Weber y la ética ¿convicción o responsabilidad? las leyes de Punto Final y Obediencia Debida

“Max Weber hablaba de la ética. Hay dos tipos de ética: la ética de la responsabilidad y la de las convicciones. Si el problema que me traen está en línea con mis convicciones y también con mi responsabilidad para resolverlo, bárbaro. El problema aparece cuando la ética se choca con la responsabilidad. Cuando el problema que me traen no está en línea con mis convicciones íntimas, pero hay que resolverlo. Y este es uno de los dramas del ser humano, ¿cómo resolverlo?”, se pregunta. 

“Hay un claro ejemplo de esta situación con las dos leyes que se denominaron Punto Final y Obediencia Debida. El peronismo estaba cercano a la ética de las convicciones. Nos las debíamos votar de acuerdo a nuestras convicciones. Pero por otro lado tenías que resolver este tema en Argentina, como el mundo lo hizo con las guerras mundiales. Ahí se nos chocaron la ética y la responsabilidad, pero era necesario para una pacificación total del país”

¿Cuál fue el acuerdo político más importante del que formaste parte? 

“El Pacto de Olivos fue el más importante, con dos jefes políticos como Alfonsín y Menem. ¿Cómo se llegó al acuerdo? Hay intereses, naturalmente. Y no hay dudas de que Menem quería la re-re elección, para eso quería modificar la Constitución. Y Alfonsín, muy hábil, se sentó a conversar, porque si no Menem le ganaba una consulta popular y destruía al radicalismo. Alfonsín consideró que su responsabilidad era mantener el partido de la UCR, aunque no creía en la reforma. Ellos se sentaron dos veces, el día que empezó y el día que firmaron. Todo el resto lo hicimos en una comisión: senadores y diputados radicales y peronistas”. 

cuando no funciona el camino del acuerdo se recurre al camino del terror, y ojalá eso nunca suceda

La reconfiguración del peronismo

Desde el regreso de la democracia, Argentina adoptó un reflejo que va camino a convertirse en tradición: ante una crisis el país escupe un peronista para que la administre. El cambio, entonces, se engendra en el interior del peronismo que rebrota como lo nuevo. Este principio se aplica tanto para el país como para el propio movimiento, hoy cada vez menos disperso a medida que se acerca el 19 de noviembre con lo que se espera que sea un triunfo de Sergio Massa, a partir del cual se iniciaría un proceso de reconfiguración del peronismo luego de dos décadas de hegemonía kirchnerista.

“En el peronismo hubo una implosión, los Kirchner implosionaron el partido, desde adentro lo rompieron”, opina Matzkin. “Pero ya cumplieron su etapa. Y si Massa gana lo primero que va a hacer es festejar, y lo segundo sacarles todo el poder”. 

“Por dos razones: primero porque está en la genética de Massa, y segundo -y más importante- porque si no lo hace no puede gobernar. El sistema funciona así. Los dos lo saben. O Cristina le cede el poder o Massa se lo saca. Duhalde, por ejemplo, se hizo a un costado y ahí Kirchner empezó a construir. Kicillof va a hacer lo mismo, porque ahora ganó él, no ganó Cristina en Provincia”.

¿Cómo está distribuido hoy el poder?

“El poder está en muchos lugares y sectores. Gobernadores, intendentes, sindicatos, en muchas partes. Todos tienen poder. Es un error pensar que alguien concentra la totalidad del poder. La discusión válida es cuánto poder tiene cada uno. La persona que gobierne, si no tiene poder tiene que ir a buscarlo”. 

“Otra cosa que se debe tener en política es suerte. Kirchner, por ejemplo, la tuvo. Cuando se baja Reuteman, De la Sota no media y tuvo que ser él. Después Menem se baja del balotaje. Y yo he hecho cosas para que Kirchner sea presidente, por las cuales me he ganado un lugar en el infierno con escasas posibilidades de retorno”.

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