Laurentina Ainó murió este jueves en Telén, a 158 kilómetros de Santa Rosa, a tres semanas de cumplir 109. Aunque hubiera discutido ese número, siempre sostuvo que el registro civil la anotó tarde, porque su familia vivía lejos del pueblo y no encontraba cuándo ir.
Lo que no se discute es lo que vio. Su padre fue Félix “El Indio” Ainó, descendiente ranquel y último gaucho matrero del oeste pampeano, según el investigador Norberto Asquini. Su padrino de bautismo fue Juan Bautista Bairoletto, el bandolero más buscado de las pampas. De chica, los cuidaba mientras dormían la siesta en el rancho para avisar si llegaba la policía.
–Mi papá y mi padrino no eran hombres malos, sino trabajadores, pero la policía les tenía bronca y varias veces los estaqueaban en la comisaría como un animal –recordó en entrevistas. Bairoletto murió en 1941. Su padre, en 1948. Ella los sobrevivió más de siete décadas.
Tuvo 16 hijos con Ángel Fernández. Trabajó lavando ropa ajena a mano —”porque no teníamos lavarropas”, aclaraba—. Nunca tomó alcohol. Superó el COVID en 2021, a los 104 años. Viajaba sola en minibús a Santa Rosa. Se cocinaba el puchero.
Lo que decía cuando le preguntaban el secreto era siempre lo mismo. “Como de todo, nada más un poquito de sal.” Con la moto también la preguntaban. “Sí hombre”, respondía. En las charlas con periodistas se divertía: “Algunos me dan 80 y 90 años.”
Según relevamientos del Censo 2022, los departamentos del extremo oeste de La Pampa siguen perdiendo habitantes. El caldenal donde nació Laurentina Ainó tiene menos de 0,2 habitantes por kilómetro cuadrado.



