Rosario Vera Peñaloza tenía 24 años cuando abrió el primer jardín de infantes de Argentina en el zaguán de una casa en La Rioja.
Era 1898. El Estado no financiaba la educación inicial y la idea dominante sostenía que los chicos pequeños debían criarse y educarse exclusivamente dentro del hogar. Ella avanzó igual.
Había nacido en Atiles, un pueblo del sur riojano, y quedó huérfana a los 10 años. Estudió en Paraná con Sara Chamberlain de Eccleston, una de las maestras estadounidenses traídas por Sarmiento, y en 1897 se recibió como profesora de Kindergarten. Un año después fundó el jardín anexo a la Escuela Normal de La Rioja.
Después creó materiales pedagógicos, formó docentes y expandió el nivel inicial en distintas provincias, en una época en la que los jardines ni siquiera integraban formalmente el sistema educativo.
Murió el 28 de mayo de 1950. Desde entonces, esa fecha se convirtió en el Día de la Maestra Jardinera.
Pero la discusión que ella enfrentó sigue abierta.
Hoy, en Argentina, solo el 55% de los chicos de 3 años asiste al jardín. Entre los hogares más pobres, la cifra baja al 41%. Y entre los niños de 2 años en situación de vulnerabilidad, apenas 1 de cada 10 accede a algún espacio de cuidado temprano.
En La Pampa, varios Centros de Desarrollo Infantil pudieron abrir porque la provincia terminó con fondos propios obras que el Gobierno nacional había paralizado.
“Frente al abandono de Nación, tomamos la decisión política de invertir en lo que realmente importa”, afirmó el ministro Diego Álvarez.
Más de un siglo después, el país sigue discutiendo quién se hace cargo de la primera infancia.
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