Pimpinela: “Hoy tener una relación es un milagro”

El dúo más emblemático de la cultura popular argentina regresa a Santa Rosa de la mano de Rancho Aparte, con su repertorio clásico, bailarines, coristas y una puesta en escena que convierte cada canción en una pequeña obra de teatro.

Pimpinela es, de algún modo, un frente de resistencia del siglo XX. Mucho antes de que incorporáramos palabras como “toxicidad”, “relación tóxica”, “lovebombing” o “ghosteo”, Lucía y Joaquín Galán ya hablaban de lo mismo, aunque sin recurrir a ninguna de esas categorías. Lo hacían a su manera: canciones sobre discusiones de pareja, reproches, desengaños, celos y traiciones. Las cosas como son.

Desde hace más de cuatro décadas, Pimpinela retrata los vínculos amorosos con una dosis de sinceridad y otra de teatralidad. Una fórmula que les permitió atravesar épocas, modas y generaciones y seguir formando parte del repertorio de la cultura popular argentina.

Sus canciones mantienen una lectura tradicional frente a las relaciones líquidas, el amor instantáneo, el ghosteo y esa oferta aparentemente infinita de vínculos que cabe en un scrolleo, una solicitud de Instagram o un simple like.

“Hoy tener una relación es un milagro. Primero, porque todo el mundo está muy pendiente de su vida personal. Ya no es como antes, cuando el objetivo era tener novio, formar una familia y tener hijos. Eso cambió completamente en la sociedad”, dice Joaquín Galán en diálogo con BIFE.

El cantante, que junto a su hermana convirtió el amor de pareja en una verdadera empresa artística, observa con cierta distancia el exceso de posibilidades de esta época.

“Hoy tenés Tinder, las solicitudes de Instagram. Conocés a alguien y decís: ‘Bueno, sí, salgo con este una vez’. Antes conocías a alguien y, si bien podías conocer a otras personas, no tenías esas opciones permanentemente disponibles. Era todo más genuino”, sostiene.

Pero, paradójicamente, en un momento en el que las relaciones parecen más descartables, Pimpinela sigue encontrando público entre generaciones que crecieron mucho después de sus primeros grandes éxitos.

—Sin embargo, gente de 25, 30 o 35 años sigue escuchando sus canciones y yendo a verlos. ¿Por qué pensás que sucede?

—Hay público para todos. Existe ese público que estamos hablando, pero también existe el público más tradicional, al que sí le gusta ponerse de novio, tener una pareja y divertirse con los amigos.

Nuestro público es muy familiar. Va a divertirse, canta, baila y se ríe. Las mujeres van con sus esposos y les dan codazos, pero todo ocurre en un clima de mucha diversión y alegría.

La familia se junta porque ella canta nuestras canciones en los cumpleaños. Canciones como “La familia” o “Hermanos”. Entonces se arma una fiesta muy linda en la platea. Para mí, es más lindo lo que pasa en la platea que en el escenario.

—Más allá de que alguien sea rockero, popero o escuche otro género, ustedes ya forman parte de la cultura popular.

—Sí, eso lo valoramos mucho. Es como que Pimpinela ya es un género aparte. A vos te puede gustar el rock, el pop, la música urbana o lo que sea, pero Pimpinela va por un camino paralelo.

Nosotros hacemos la nuestra. Nunca quisimos estar de moda y entonces atravesamos todas las modas. Como el estilo no compite con nadie, porque lo nuestro es una mezcla de teatro, teatralización y música, no hay comparación. No es ni mejor ni peor: es distinto.

—Cuando empezaron, en los años 80, llevar la música a ese terreno teatral era algo bastante novedoso. ¿El público tuvo que adaptarse a esa propuesta o el encanto fue inmediato?

—Al público le llamó la atención. Cuando hicimos Show Fantástico, el primer programa del Canal 7, el público nos miraba, nos miraba, pero enseguida entendió. Por las letras y por la teatralización, enseguida se emocionó y se enganchó con las canciones.

No estábamos solamente cantando: estábamos actuando a full. Entonces el mensaje y la letra llegaban mucho más.

Si yo te digo “andate, no te quiero ver más”, además lo hago con el cuerpo y gestualmente. Y no mirábamos al público. Era como si estuviéramos protagonizando la discusión de una pareja. Eso llamó mucho la atención.

—Y esa propuesta también funcionó afuera.

—Sí, acá y en todos los países a los que íbamos llevando nuestros discos pasaba lo mismo. Se fue armando como una especie de reguero de pólvora que fue cayendo muy rápido.

A los cuatro o cinco años de haber empezado ya nos conocían en 20 países. Y eso fue sin redes sociales, sin nada de lo que existe hoy. Lo que había eran las compañías de discos, CBS en nuestro caso, que vendían muchos discos y nos iban llevando de promoción de un lado a otro.

—Y llegaron muy rápido a escenarios enormes.

—Sí. En el tercer o cuarto año ya estábamos actuando en el Madison Square Garden de Nueva York. Era como un boom.

Para Joaquín, parte de esa persistencia tiene una explicación familiar.

—Somos hijos de migrantes españoles. Nuestro padre era gastronómico y nosotros veíamos cómo trabajaba. Se acostaba a las cinco de la mañana para cerrar el restaurante y a las siete se levantaba para recibir a los proveedores, porque había que preparar el almuerzo.

Esa capacidad de lucha se te va pegando. Las cosas se te van quedando en la cabeza como la sopa. Todo eso lo fuimos trasladando a nuestra vida personal. Admirábamos mucho a nuestro padre por su capacidad de trabajo.

—El espectáculo con el que llegan a Santa Rosa muestra cómo fue cambiando el amor a través de las décadas. ¿Cómo lo abordan desde el escenario?

—Lo hacemos en tono de comedia, como si fuéramos dos presentadores de noticieros. Vamos dando noticias vestidos como éramos en los años 60, con un set de televisión de esa época, y después pasamos por los 70, los 80 y los 90.

A través del tiempo, el hombre se va frustrando porque la mujer, que al principio estaba muy sometida, empieza a emanciparse. En los 60 estaba esa imagen de la familia perfecta: la mujer dedicada a las tareas de la casa y el hombre trabajando. A partir de los 70, la mujer empieza a emanciparse y todo eso genera situaciones divertidas entre Lucía y yo.

El hombre se va asustando porque va perdiendo poder sobre la mujer. Es un tema complicado, pero nosotros lo transformamos, con humor, en algo divertido para que la gente se entretenga. Al mismo tiempo, mostramos muchas de nuestras canciones y canciones que estaban de moda en esas décadas.

SÁBADO 5 DE SEPTIEMBRE – CLUB ESTUDIANTES – SANTA ROSA

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