gEstados Unidos e Israel lanzaron ataques sobre Irán, con foco en la isla de Jarg, el principal punto de salida del petróleo iraní. Hubo explosiones, infraestructura alcanzada y al menos seis muertos y cinco heridos, según reportes locales.
La ofensiva llega en un momento crítico: a horas de que venza el ultimátum de Donald Trump, que exige a Teherán reabrir el estrecho de Ormuz, por donde circula cerca del 20% del petróleo mundial. Si no ocurre, advirtió, desatará “el infierno”.
En Jarg —por donde pasa el 90% de las exportaciones petroleras iraníes— Washington aseguró haber atacado “decenas de objetivos militares”. No está claro aún si las instalaciones energéticas fueron dañadas, pero el riesgo es inmediato: cualquier impacto en esa zona puede sacudir el mercado global.
Los bombardeos no se limitaron a ese punto. También hubo ataques contra puentes, vías ferroviarias, un instituto aeroespacial y zonas urbanas en Teherán, en una ofensiva que apunta a infraestructura estratégica. Israel confirmó que golpeó rutas utilizadas —según su versión— para mover armamento y combatientes.
En paralelo, la tensión escala en el discurso. Trump afirmó que “esta noche morirá toda una civilización”, en referencia a Irán, mientras insiste en la posibilidad de un cambio de régimen.
Del lado iraní, la respuesta incluyó ataques contra un complejo petroquímico en Arabia Saudita —aún no confirmados por Riad— y una serie de movilizaciones internas, con cadenas humanas para proteger centrales eléctricas y puentes ante posibles nuevos bombardeos.
El trasfondo es económico y geopolítico: el bloqueo iraní del estrecho de Ormuz ya impacta en los precios internacionales. Con los ataques en curso y el ultimátum en marcha, el conflicto entra en una fase donde cada movimiento puede repercutir directamente en la energía global.


