A menos de una semana de estrenada, la flamante semipeatonal de Santa Rosa -ese experimento urbano ideado por el intendente Luciano di Nápoli- ya acumula más percances que elogios.
Esta vez fue un camión de YPF el que terminó atrapado en la esquina de Gil e Yrigoyen, después de que su conductor advirtiera, tarde, que no podía avanzar por el insólito emplazamiento de los bolardos.
El vehículo quedó atravesado en plena calle, bloqueando el paso. Con ayuda de personal de Tránsito y de peatones con alma de copilotos, el chofer debió hacer varias maniobras que lo tuvieron a maltraer.
A diferencia de los dos incidentes anteriores -donde vehículosparticulares terminaron rompiendo bolardos- en este caso no hubo daños materiales, aunque sí un visible colapso funcional.
La situación dejó en evidencia lo que muchos vecinos ya venían señalando: el rediseño semipeatonal, presentado con bombos, platillos y adoquines, tiene más de laberinto que de solución urbana.
Los bolardos, que supuestamente ordenan el tránsito y embellecen la ciudad, ya parecen más una trampa para conductores despistados que un avance en infraestructura.
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