Se cumplen 30 años del caso Walter Bulacio: el joven asesinado por la Policía Federal, la noche de un 19 de abril de 1991 durante un recital de Patricio Rey y sus Redonditos de ricota en el estadio de Obras. Hoy, tras tres décadas, hubo un solo acusado mientras que la complicidad total de las fuerzas policiales continúan impunes y no hay ningún detenido en la causa por el crimen.
Aquella noche de otoño de 1991, junto a 73 personas más, incluyendo varios menores, Walter fue subido a los golpes a los colectivos preparados para el operativo policial que culminó en los calabozos de la comisaría 35º del barrio porteño de Nuñez. Allí el comisario, Miguel Angel Espósito lo golpeó brutalmente en la cabeza provocándole, días más tarde, la muerte.
Tres hospitales y una semana después, Walter murió. La decisión de su padre, Víctor, apoyado por la abuela Mary, de no resignarse, convirtió al pibe en emblema de la denuncia y pelea contra las detenciones policiales, el gatillo fácil y la tortura.
La causa Bulacio es uno de los mayores ejemplos de impunidad en la historia judicial argentina reciente. El juicio oral, en septiembre de 2013, llegó a fuerza de lucha, pero tarde y mal. Veintidós años tarde, con un solo imputado -principal responsable, pero no el único- y por el más leve de los delitos cometidos, la privación ilegal de la libertad. La tortura y la muerte, a pesar del claro fallo de la Corte IDH de 2003, que tuvo por probada la responsabilidad del Estado Argentino en su producción, siguen impunes. Los tres años de condena al comisario Miguel Ángel Espósito son clara muestra de que la palabra “justicia”, al menos como algunos la entendemos, no tiene cabida en esta historia.
La movilización que se inició en abril de 1991 dio un enorme impulso a la lucha antirrepresiva. Varias generaciones, identificadas con la bandera de Walter, significó que muchos jóvenes se sumen a las luchas antirrepresivas en todo el país.
La causa Bulacio pasó por decenas de jueces y el caso fue cerrado por la Justicia local, por prescripción de la acción penal, pero reabierta en diciembre de 2004 por un fallo de la CIDH (Corte Interamericana de Derechos Humanos). El juicio oral se hizo a fines de 2013 (sí, 22 años después!) y el comisario Espósito sólo fue juzgado por el delito de “privación ilegal de la libertad” y nadie pagó por la muerte de Walter. La pena de tres años de cárcel “en suspenso”, sin cumplimiento efectivo. Todo quedó impune.
La detención ilegal de Walter Bulacio (junto a la de otros 129 jóvenes) y su asesinato marcaron un antes y un después en la historia del rock y la cultura popular argentina. El joven se convirtió en emblema de la lucha contra la violencia policial. A la Policía, cada vez más cuestionada y menos confiable para una gran parte de la sociedad, no le quedó otra que abandonar la práctica de las razzias. No obstante, su crimen tuvo un único condenado: el comisario Miguel Ángel Espósito, quien fue sentenciado a la pena de 3 años de prisión”en suspenso”, sin aplicación efectiva. Fue juzgado solamente como responsable de la razzia.
A 30 años de la detención que terminaría con la muerte de Bulacio, su nombre sigue siendo recordado y enarbolado como como bandera


