La santarroseña que perdió a su pareja en el Ara San Juan, el “tripulante que jamás tendría que haber viajado”

Tres años y medio después de la tragedia naval, llegó a las manos de Anabela Aguirre el acta de defunción de su pareja. Pese a que el gobierno promulgó una ley de resarcimiento económico, solo la “memoria, verdad y justicia” podrá llevar algo de tranquilidad a la vida de Ana y su pequeña hija. Una historia de amor, de dolor y de lucha.

A fines de marzo llegó a la puerta del domicilio de Anabela Aguirre (34) el acta de defunción de Enrique Damián “Quique” Castillo, su pareja y “amor eterno”, y el padre de su hija Lucía; el tripulante del ARA San Juan que jamás tendría que haber viajado. “Mi Ángel”, como lo describe Ana desde su vivienda en la ciudad de Santa Rosa (LP).

“Cuando vi ese papel, fue como caer en la realidad. Ese papel no significa nada. Pero es un papel que cierra un ciclo. Soy viuda legalmente, ironiza tristemente Ana, una de las tantas mujeres que esperaron durante años recibir algo tan doloroso como burocrático: la presunción de muerte de sus parejas. Tres años y medio pasaron desde que Quique embarcó en el submarino argentino ARA San Juan, un 15 de noviembre de 2017 y que fuera hallado (un año después) a 900 metros de profundidad; a unos 600km de las costas argentinas y que significó la mayor tragedia naval de la historia del país en tiempos de paz.

Justicia es esa búsqueda eterna en las grandes tragedias del país y lo ocurrido con el ARA San Juan es prueba de ello. Una causa penal paralizada con una investigación “lisiada” de origen por la jueza federal Marta Yáñez; una tragedia nacional sin responsabilidades políticas que tuvo, incluso, hechos de espionaje ilegal a los familiares de las víctimas. En este marco, a principios de este año, se conoció que un Consejo de Guerra destituyó al capitán navío Claudio Villamide y dispuso el “arresto riguroso” por 45 días al ex jefe de la Armada, Marcelo Srur. “Un circo”, lo define Ana.

Una de las tantas mujeres que esperaron durante años recibir algo tan doloroso como burocrático: la presunción de muerte de sus parejas

Por su parte, en marzo de 2021, el gobierno de Alberto Fernández promulgó una ley de resarcimiento económico para cada grupo familiar que no tenga juicio contra el Estado. Tanto para Anabela como para muchos familiares de las víctimas, sólo la memoria, la verdad y la justicia será el resarcimiento que alcance.

El submarino ARA San Juan antes de partir hacia Ushuaia

Convivir con el dolor

Ana y Enrique se enamoraron, convivieron; formaron una familia, hasta que por circunstancias del azar es que a Quique le tocó subirse al Submarino, cuya misión era el control pesquero de los británicos en la zona de las Islas Malvinas.

Se conocieron en Mar del Plata. Ella estudiaba Diseño gráfico y él había sido trasladado como submarinista a la Base Naval de esa ciudad.

La foto que Lucía tiene guardada en un celular

A Enrique Damián Castillo también le decían “Henry”. Amaba el Atlántico Argentino -tanto es así que había soportado 14 días durante una misión allí- y a River Plate. Le gustaba el aire libre y jugaba a masterchef cuando cocinaba. Fue el amor de la vida y “será el amor eterno”, de Anabela, quién lo define en esos términos. “Le cagaron la vida a él, a mi hija y a mí”, dice junto a su hija Lucía, de 4 años, que acaba de comenzar las clases en un colegio religioso, como a su padre lo hubiera deseado.

Enrique Castillo en la Antártida Argentina.

La casa de Ana y Lucía está llena de recuerdos guardados. Ambas cumplen la misión de mantener viva la memoria de Enrique. Porque hay quienes transitan la tragedia transformándola en acciones. Una especie de asumir el dolor de manera consciente y voluntaria. Hay que convivir con el dolor”, agrega Anabela, con su termo que tiene una calco del Ara San Juan pegada, que dice: “44 héroes, no olvidar”, diseñado por ella misma en su lucha para convertir la causa en un símbolo.

“Le cagaron la vida a él, a mi hija y a mí”

Todos los meses recibe una caja con agendas, llaveros, calcomanías, que manda a imprimir y que reparte sin ningún motivo económico. Ana entiende que es una forma de mantener “viva la memoria” de Quique. Lucía acompaña y transita esa convivencia con “el dolor” de su madre. La niña interrumpe la entrevista para alcanzarme un celular donde aparece una foto de ella con Enrique y Ana cuando tenía 1 año. “Fue un gran padre ese año”, dice su madre.

Lucía acompaña a mamá en la lucha.

Viaje a la eternidad

Desde que el submarino se cruzó por sus destinos, un presentimiento de que jamás iban a volver a verse las caras recorría las horas previas al viaje. A Quique lo convocan 48hs antes. Él estaba nervioso. Yo le decía que si no estaba bien, que no vaya”, recuerda Ana.

Un presentimiento de que jamás iban a volver a verse las caras recorría las horas previas al viaje

Antes de subirse al Ara San Juan, Quique venía acumulando un malestar en su trabajo. Hostigado por su jefe, estaba esperando el traslado a cualquier otra ciudad. Sin embargo, había sido demasiado tarde: aquel último fin de semana, después del día de la Madre, Castillo tenía que presentarse el lunes siguiente en la base naval de la Fuerza Armada en Mar del Plata.

“Esa mañana nos tomamos un taxi. Íbamos agarrados de la mano como si se estuviera yendo a la guerra”.

Fue una fría tarde –durante aquella última conversación telefónica en octubre de 2017- cuando Quique se había despedido por última vez desde Usuahia: “No sé si vamos a llegar”, le había confesado el submarinista a su pareja, porque en el transcurso del viaje habría percibido ciertas “irregularidades” en la nave. “Lo mandaron a morir”, sostiene Anabel.

El lugar donde dormía Castillo durante el viaje. La única foto que envió mientras estaba a bordo del ARA

El presentimiento se había confirmado. Después de la muerte de Enrique, Ana empezó a encontrarle sentido de despido a aquellos meses previos. Todavía mantiene en su retina la fiesta de primer año de Lucía en septiembre de 2017. “Se fue 20 días después del cumpleaños de Lucía. En octubre, después del Día de la Madre. Yo lo tome como que fue su despedida”.

 Fue la última vez que la familia entera se había reunido en Mar del Plata. Según Ana, aquel día Enrique había sido realmente “feliz”.

Castillo en el Faro de la Laguna Don Tomás donde se sacó la última foto en Santa Rosa.

La vida sigue

En marzo de 2020, Anabela y Lucía viajaron a Ushuaia para recorrer o recrear los últimos pasos de Enrique Castillo en tierra firme, es decir, sus últimas horas con vida. Pisar por donde él había pisado, respirar el aire que él había respirado; observar la inmensidad del atlántico desde el faro del fin del mundo; donde Enrique se había sacado la última foto junto a un grupo de tripulantes.

Buscaron justicia desde el momento que se conoció la noticia de la tragedia. Ana se puso al frente de una investigación en modo detective privado mientras el gobierno –por entonces de Mauricio Macri– embarraba la cancha: primero sembrando divisiones entre los familiares de las víctimas; después montando un “circo” en la búsqueda del submarino y, por último, utilizando a la Agencia Federal de Inteligencia (AFI) para espiar a familiares para así obtener información sobre las denuncias que se preparaban.

Ana y Lucía en 2020 durante un homenaje donde recibió una espada.

Las trabas no solo llegaban desde el gobierno. Integrantes de las fuerzas armadas hostigaban a muchos de los familiares entre ellas a Anabela Aguirre tras denunciar la responsabilidad de los altos mandos en el hundimiento y, sobre todo, en la muerte de su pareja.

Integrantes de las fuerzas armadas hostigaban a muchos de los familiares entre ellas a Anabela Aguirre

El “papel”, significa, a pesar del dolor, comenzar con los tramites de pensión para muchas familias. También la posibilidad de llorar en un cementerio a sus seres queridos. Para Anabela, Enrique Castillo nunca desapareció ni desaparecerá: vivirá en cada avance de la justicia, en cada 15 de noviembre, en cada acto, en cada monumento o calcografía; en cada paso que dé Lucía.

2 thoughts on “La santarroseña que perdió a su pareja en el Ara San Juan, el “tripulante que jamás tendría que haber viajado”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

QUIENES SOMOS

 

Revista pampeana de sociedad, política y cultura. Crónicas, perfiles y entrevistas sobre los temas y personajes del momento, que influyen en la realidad. Espacio de intervención y debate.

redaccion@revistabife.com

 

seguinos