{"id":8227,"date":"2020-10-30T12:12:10","date_gmt":"2020-10-30T15:12:10","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabife.com\/?p=8227"},"modified":"2020-11-19T14:15:39","modified_gmt":"2020-11-19T17:15:39","slug":"senderos-de-un-hombre-perdido","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/2020\/10\/30\/senderos-de-un-hombre-perdido\/","title":{"rendered":"Senderos de un hombre perdido"},"content":{"rendered":"\n<p><em> Pod\u00e9s escuchar el texto dando play <\/em><\/p>\n\n\n<div id=\"audioigniter-9943\" class=\"audioigniter-root\" data-player-type=\"full\" data-tracks-url=\"https:\/\/revistabife.com\/?audioigniter_playlist_id=9943\" data-display-track-no=\"true\" data-reverse-track-order=\"false\" data-display-tracklist-covers=\"true\" data-display-active-cover=\"true\" data-display-artist-names=\"true\" data-display-buy-buttons=\"true\" data-buy-buttons-target=\"false\" data-cycle-tracks=\"false\" data-display-credits=\"false\" data-display-tracklist=\"false\" data-allow-tracklist-toggle=\"true\" data-allow-tracklist-loop=\"true\" data-limit-tracklist-height=\"true\" data-volume=\"70\" data-tracklist-height=\"185\" ><\/div>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap has-medium-font-size\"> Est\u00e1s acostado sobre una cama deshecha, con los brazos entrecruzados en la nuca. Mir\u00e1s el techo gris, resquebrajado. Una mosca se apoya dada vuelta, camina, como un murci\u00e9lago de cien ojos. Tu respiraci\u00f3n es lenta, suave y profunda. Te enfoc\u00e1s en el pecho, que se infla y se desinfla y se vuelve a inflar y a desinflar, te enfoc\u00e1s m\u00e1s y ves que al mismo tiempo late, primero en el hemisferio izquierdo, luego en todo tu torso. Te concentr\u00e1s en el hombro izquierdo, donde dos cicatrices, una esfera y una l\u00ednea recta, est\u00e1n incrustadas en tu piel. No se tocan, permanecen a dos cent\u00edmetros de distancia, dando paso a un primer lunar, marr\u00f3n y ovalado. El segundo es negro, apenas un punto, el tercero tambi\u00e9n. Y as\u00ed sucesivamente, de manera dispar, como rocas de un r\u00edo, se va formando un camino, hasta que aparecen, erguidos, pelos del antebrazo. Entonces te desv\u00edas, y vas por abajo, en una superficie lisa, blanca y suave, sobre un canal, de roja sangre contenida, que se bifurca y se hace ramal, y se vuelve a ramificar, para desembocar en tu mano, en la palma rayada de tu mano. La das vuelta y mir\u00e1s tus nudillos que son como grumos. Segu\u00eds un dedo, el dedo \u00edndice, que est\u00e1 tenso y te deten\u00e9s en la mitad, porque est\u00e1 arrugado, como si tuvieras escamas, como si en ese lugar el tiempo se hubiera acelerado, como si esa partecita hubiera vivido m\u00e1s que vos y ahora fuese sabia. Te pregunt\u00e1s si es un reflejo de lo que vendr\u00e1 o si ya vino y no te diste cuenta, pero inmediatamente corr\u00e9s la mirada hacia tu u\u00f1a, blanca y rosada. <\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"720\" height=\"816\" src=\"https:\/\/revistabife.com\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/ventana.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-8228\" srcset=\"https:\/\/revistabife.com\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/ventana.jpeg 720w, https:\/\/revistabife.com\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/ventana-265x300.jpeg 265w\" sizes=\"(max-width: 720px) 100vw, 720px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">La mosca ahora vuela a quince cent\u00edmetros de tu dedo. Se eleva hasta las verdes cortinas entreabiertas, quiere salir pero choca contra el vidrio una, dos veces. Colisiona tres, cuatro veces. Se detiene, como si pensara, y vuela dando c\u00edrculos por el techo, por el mueble, por la l\u00e1mpara apagada, por la mesa de luz, por la silla tirada, y se va de pronto de la habitaci\u00f3n. Te das vuelta, te tap\u00e1s con la almohada para que no entre luz, pero entra. Salt\u00e1s de la cama, vas al ba\u00f1o y te lav\u00e1s la cara. Camin\u00e1s al living y te sent\u00e1s en el sill\u00f3n, te acost\u00e1s, te volv\u00e9s a sentar, agarr\u00e1s un libro que est\u00e1 ah\u00ed mismo en la mesa ratona, lo das vuelta y lo dej\u00e1s. Te levant\u00e1s, agarr\u00e1s una galletita, la dej\u00e1s por la mitad, ves caer las migas al suelo, te qued\u00e1s quieto, escuch\u00e1s ruidos de vecinos que pelean, dejan de pelear, camin\u00e1s dos pasos, te volv\u00e9s a lavar la cara, entr\u00e1s a tu habitaci\u00f3n, mir\u00e1s para abajo, escuch\u00e1s el silencio, te rasc\u00e1s la cabeza, mir\u00e1s para arriba. No mir\u00e1s. Te qued\u00e1s quieto y tranquilo, tranquilo. Y te vas.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"720\" height=\"540\" src=\"https:\/\/revistabife.com\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/atardecer.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-8229\" srcset=\"https:\/\/revistabife.com\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/atardecer.jpg 720w, https:\/\/revistabife.com\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/atardecer-300x225.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 720px) 100vw, 720px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">En el atardecer de un d\u00eda que ya no est\u00e1, de grandes nubes encendidas, anaranjadas y amarillas, de atm\u00f3sfera todav\u00eda pesada y aire enrarecido, respir\u00e1s ampliamente y pon\u00e9s un pie delante del otro, baldosa por baldosa, descend\u00e9s por Argentino Valle casi Luro. Autos, muchos autos, autos apretujados, autos grises, blancos, azules, de diferentes colores, de muchas formas, se clavan en esa esquina, frente al sem\u00e1foro rojo principal. Un ni\u00f1o cruza pero antes chapotea en el agua servida, y el humo empieza a salir de los autos que arrancan y se entrecruzan en el centro, donde cuatro canales de asfalto, cuatro caminos distintos, se desprenden. Dobl\u00e1s a la derecha, te deten\u00e9s a prender un cigarrillo, escuch\u00e1s el clic del encendedor y la d\u00e9bil llama desaparece junto con la \u00faltima brisa. Lo intent\u00e1s de nuevo, ahora con \u00e9xito, y escuch\u00e1s el tabaco consumi\u00e9ndose, comi\u00e9ndose a s\u00ed mismo. Carabobo, Maestros Pampeanos, Juan Manuel de Rosas, Padre Buodo. Una fuente dentro de una rotonda de podrida agua estancada.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"720\" height=\"468\" src=\"https:\/\/revistabife.com\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/fuente.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-8230\" srcset=\"https:\/\/revistabife.com\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/fuente.jpg 720w, https:\/\/revistabife.com\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/fuente-300x195.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 720px) 100vw, 720px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Si ves detenidamente, si sobrevol\u00e1s la circunferencia, todav\u00eda pod\u00e9s contemplar el brillo resplandeciente del chorro fresco de agua que nunca estuvo. Ausencia. Ausencia por todos lados. Parejas que rodean la fuente, ausentes. Atr\u00e1s una Legislatura, ausente. Al costado, una Casa de Gobierno, cuyo dise\u00f1o es un barco, que naufraga, ausente. Tu mirada, en la verdosa agua de la fuente, ausente. Personas que van y vienen, cruzan y se detienen, ausentes. Te sent\u00e1s en un banco que est\u00e1 ah\u00ed mismo, inclin\u00e1s la cabeza, la dej\u00e1s caer, sin expresi\u00f3n. Y en un movimiento instintivo, lento y sereno, de total olvido, te qued\u00e1s mirando la luna, que aparece, en lo alto, como una moneda luminosa pegada en el cielo.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"720\" height=\"720\" src=\"https:\/\/revistabife.com\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/avenida.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-8231\" srcset=\"https:\/\/revistabife.com\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/avenida.jpg 720w, https:\/\/revistabife.com\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/avenida-150x150.jpg 150w, https:\/\/revistabife.com\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/avenida-300x300.jpg 300w, https:\/\/revistabife.com\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/avenida-50x50.jpg 50w\" sizes=\"(max-width: 720px) 100vw, 720px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Bullicio. Hay bullicio en la avenida San Mart\u00edn. Comercios acompa\u00f1ados de otros comercios, restoranes acompa\u00f1ados de otros restoranes. Vas caminando por el costado derecho de la avenida, quer\u00e9s ir por el centro. Est\u00e1s en el boulevard, esquivando bancos de cemento y \u00e1rboles y hojas que flamean como empez\u00e1s a flamear vos y personas que hablan y animales que a\u00fallan. Ahora est\u00e1s caminando por el cord\u00f3n, y un auto te roza con el espejo retrovisor. Te toca bocina pero apenas la escuch\u00e1s porque no te interesa escuchar, no queres escuchar. La sent\u00eds parte de un todo. Un todo bullicioso donde en particular nada se escucha, donde nada es importante, donde todo es ajeno y lejano. Y de esa misma manera, envuelto en un c\u00edrculo de fascinada soledad, te deten\u00e9s en la Plaza San Mart\u00edn. Traspas\u00e1s la manzana en forma perpendicular, la das vuelta para un lado, la das vuelta para el otro. No encontr\u00e1s nada. No hay nada.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"720\" height=\"720\" src=\"https:\/\/revistabife.com\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/san-martin.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-8232\" srcset=\"https:\/\/revistabife.com\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/san-martin.jpg 720w, https:\/\/revistabife.com\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/san-martin-150x150.jpg 150w, https:\/\/revistabife.com\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/san-martin-300x300.jpg 300w, https:\/\/revistabife.com\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/san-martin-50x50.jpg 50w\" sizes=\"(max-width: 720px) 100vw, 720px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">De repente, una paloma se posa soberbia sobre las enredaderas que cubren las columnas, sobre los verdes bancos de madera. Y desciende a la superficie, de piedras chiquitas y baldosas, vuela por las peque\u00f1as fuentes donde tampoco hay agua, y se va, libre como una rata, hasta la iglesia de enfrente. Un cura da un serm\u00f3n e individuos que poco a poco se deshacen entran a esa construcci\u00f3n de extra\u00f1os hex\u00e1gonos, como ojos inquisidores, acostados, uno sobre otro. Individuos que se deshacen y se mezclan y se vuelven un todo y al mismo tiempo nada, porque comprend\u00e9s con esa imagen que ah\u00ed donde habla esa voz, no habla nadie. Y la paloma abrumada, despliega sus alas, vuelve a cero y aterriza en el centro, sobre la estatua de un hombre petrificado se\u00f1alando, pareciera, un rumbo. Pero la paloma se pierde, se pierde en su propio rumbo y, contrera, se va por la parte trasera.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"720\" height=\"470\" src=\"https:\/\/revistabife.com\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/laguna.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-8233\" srcset=\"https:\/\/revistabife.com\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/laguna.jpg 720w, https:\/\/revistabife.com\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/laguna-300x196.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 720px) 100vw, 720px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Est\u00e1s sentado en las extremidades de una desnivelada tabla de madera. Tus piernas, como rendidas, cuelgan y se sacuden suspendidas en el aire que se enrarece cuando el viendo levanta r\u00e1fagas desde diferentes \u00e1ngulos y desde el enorme charco estancado. Por un momento, solo por un peque\u00f1o momento, te sent\u00eds sumergido en la inmensidad, frente al cielo negro de pocas estrellas, las nubes que aparecen y se funden como borbotones y la luna en el horizonte que resplandece blanca en el agua. Te sent\u00eds peque\u00f1o, y tus ojos brillan y giran y se humedecen como un ni\u00f1o y una sensaci\u00f3n de fresca animosidad penetra por tu columna dorsal y mov\u00e9s tus piernas como dos hamacas, con la mirada hundida en las cosas y los dientes apretados de excitaci\u00f3n. Pero fue s\u00f3lo un momento, un diminuto momento. Ahora, tus piernas siguen movi\u00e9ndose pero ya no son empujadas por el viento ni por tu propia voluntad. Se mueven intercaladamente, se mueven circularmente, se mueven juntas, una queda tiesa y la otra hace movimientos sin l\u00f3gica. Y al rev\u00e9s. Se mueven solas, m\u00e1s all\u00e1 de tu conciencia. Vos solo las observ\u00e1s, como si una guillotina de morfina te hubiera separado sanamente de tus extremidades inferiores. Entonces gir\u00e1s tu cabeza y ves como se van. Las segu\u00eds.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"720\" height=\"790\" src=\"https:\/\/revistabife.com\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/pies.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-8234\" srcset=\"https:\/\/revistabife.com\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/pies.jpg 720w, https:\/\/revistabife.com\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/pies-273x300.jpg 273w\" sizes=\"(max-width: 720px) 100vw, 720px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Se deslizan al principio t\u00edmidamente, luego con gracia, y por \u00faltimo firmes y livianas como baldes de cemento sin gravedad. Se detienen en un faro sin luz, alto y rojo. Vos todav\u00eda est\u00e1s muy lejos. Te cuesta moverte, te cuesta desplazarte con tanta facilidad. Todav\u00eda est\u00e1s atravesado por muchas cosas, como si las piernas danzaran, all\u00e1 en los lejos, y vos las quisieras alcanzar con un ancla atada a tu dorso, removiendo la tierra conforme los pasos que das. Lleg\u00e1s al faro, cansado, exhausto. Seis o siete gotas caen desde tu frente. Ten\u00e9s el viento en contra, y tus piernas que parec\u00eda te estaban esperando, se van nuevamente, humill\u00e1ndote. Pero ahora, totalmente libres ellas, desperdig\u00e1s a lo largo y ancho de la Laguna Don Tom\u00e1s, corcovean y saltan de un \u00e1rbol a otro y como liebres corren entre la fauna pampeana. Juegan y revolotean con los p\u00e1jaros de una peque\u00f1a isla. Aterrizan de pronto en una extra\u00f1a ciudad de ni\u00f1os. Y se van, se van, se van. Vos, perdido, te inmiscu\u00eds entre los \u00e1rboles, que juntos parecen un bosque, rodeado de parrillas y bancos de cemento, envuelto en silencio ya que el viento dej\u00f3 de correr, y hasta los grillos se cansaron de chillar. Y en ese momento, en ese preciso momento, te enfrent\u00e1s a tus piernas, que est\u00e1n erguidas y quietas a diez metros de vos. El cielo es cubierto por una sola nube gigante, no hay luna ni estrellas, hay oscuridad. Desde las parrillas, emergen enigm\u00e1ticamente peque\u00f1os fuegos calmos, naranjas y rojos; y vos te acerc\u00e1s, al mismo tiempo que ellas se acercan, hasta quedar frente a frente.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"720\" height=\"543\" src=\"https:\/\/revistabife.com\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/arboless.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-8235\" srcset=\"https:\/\/revistabife.com\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/arboless.jpg 720w, https:\/\/revistabife.com\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/arboless-300x226.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 720px) 100vw, 720px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Te pon\u00e9s tus piernas, que est\u00e1n cargadas de una misteriosa energ\u00eda, y cre\u00e9s que son tuyas nuevamente. Pero no. Tus dedos, tus talones, tus tendones, tus rodillas, toda tu pierna, las dos piernas, vibran, cada vez m\u00e1s intensamente, y esa misteriosa energ\u00eda empieza a subir, como sube la lava de un volc\u00e1n, y se devora tu est\u00f3mago, se devora tu pecho. Vos sent\u00eds que te ahog\u00e1s. Levant\u00e1s la cabeza en un intento de bocanada, sin \u00e9xito. Se devora tus hombros, tus codos, tus manos. Todo tu cuerpo vibra intensamente. Retoma desde tus manos hasta tus hombros. Sent\u00eds que esa energ\u00eda ocupa tu cuerpo ya muerto, pero ahora m\u00e1s vivo que nunca. Tu cuerpo es de otro. Te queda tu cabeza, tu conciencia, te atormenta, y trepa por tu cuello. Vas a dejar de existir y alguien m\u00e1s va a existir en vos, y los sabes. Y sube por el ment\u00f3n. Levant\u00e1s la cabeza. Ya no hay m\u00e1s tiempo. Grit\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"720\" height=\"962\" src=\"https:\/\/revistabife.com\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/nebulosa.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-8236\" srcset=\"https:\/\/revistabife.com\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/nebulosa.jpg 720w, https:\/\/revistabife.com\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/nebulosa-225x300.jpg 225w\" sizes=\"(max-width: 720px) 100vw, 720px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Las nubes caen lentamente del cielo, descienden poco a poco, y provocan una atm\u00f3sfera que presiona contra el suelo, densa y espesa. A tu derecha, una lechuza singularmente l\u00fagubre chilla, y a tu izquierda, desoladores \u00e1rboles ca\u00eddos y doblados. Camin\u00e1s con el ment\u00f3n duro y la mirada entumecida, y comprend\u00e9s finalmente que est\u00e1s enfrentando la noche. A medida que pon\u00e9s un pie delante del otro, por las estrechas v\u00edas del tren, por el metal fr\u00edo y filoso, el sogazo de la melancol\u00eda golpea contra tu espalda. Est\u00e1s haciendo equilibrio por esas extra\u00f1as v\u00edas, ya que a tu alrededor, el \u00e1rido suelo muerto desapareci\u00f3 y se cay\u00f3, y ahora solo hay precipicio. Solo qued\u00f3 abismo. En el final, un molino desgarbado, de color rojo gastado, erosionado por el tiempo irremediable de la muerte, provoca en vos sombr\u00edos pensamientos y amargura en el esp\u00edritu. Desde lejos, se escuchan sonidos que entran oscuramente por tus o\u00eddos y vos, sin embargo, segu\u00eds caminando, casi sin expresi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"720\" height=\"543\" src=\"https:\/\/revistabife.com\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/molino11.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-8237\" srcset=\"https:\/\/revistabife.com\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/molino11.jpg 720w, https:\/\/revistabife.com\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/molino11-300x226.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 720px) 100vw, 720px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Lleg\u00e1s al molino. Lo enfrent\u00e1s y te enfrenta. Entr\u00e1s y no hay oscuridad, hay sombras. Es un territorio de sombras particularmente fr\u00edas. El olor, que sale del resquebrajado techo y de las paredes marchitas y de los terribles v\u00e9rtices de moho, es pestilente. Las ara\u00f1as preparan trampas mortales y las ratas, con sus ojos rojos y desorbitados, son las due\u00f1as del lugar. Escuch\u00e1s un sonido fino y opaco, como de una puerta, que proviene de arriba y decid\u00eds subir por las escaleras \u00e1speras, cubiertas de polvo. Sub\u00eds febrilmente, agarr\u00e1ndote de los costados. Y&nbsp; ah\u00ed est\u00e1 esa puerta, de roble dorado y picaporte marr\u00f3n. Y mirando esa puerta ah\u00ed est\u00e1, esa muchacha de pelo y ojos negros, que te mira. Gira suavemente su cabeza y te mira, con una leve sonrisa que disimula en su rostro, reflejado por el t\u00e9trico brillo de la luna que aparece en la ventana. Tu cerebro se hiela, tu coraz\u00f3n se hiela. Se derrite tu esp\u00edritu gota a gota hasta evaporarse. Sent\u00eds terror por todas tus venas y tus m\u00fasculos se contraen como rocas. El brillo de sus ojos negros e inmensos extrae, chupa como un embudo tus sombras, dej\u00e1ndote a la intemperie, desnudo, en un c\u00edrculo desolado. Y una sonrisa m\u00e1s amplia aparece en su tierna cara, inund\u00e1ndote de terror nuevamente. Sent\u00eds terror, fascinante terror, pero no volv\u00e9s a sentir desdicha.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Pod\u00e9s escuchar el texto dando play Est\u00e1s acostado sobre una cama deshecha, con los brazos<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":8238,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"om_disable_all_campaigns":false,"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"_uf_show_specific_survey":0,"_uf_disable_surveys":false,"footnotes":""},"categories":[1129,20],"tags":[229,1686,43,1677],"class_list":["post-8227","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-en-foco","category-literatura-pampeana","tag-ficciones","tag-perdido","tag-santa-rosa","tag-senderos"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8227"}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=8227"}],"version-history":[{"count":8,"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8227\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":9952,"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8227\/revisions\/9952"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/8238"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=8227"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=8227"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=8227"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}