{"id":8204,"date":"2020-09-27T14:15:20","date_gmt":"2020-09-27T17:15:20","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabife.com\/?p=8204"},"modified":"2020-09-27T14:15:21","modified_gmt":"2020-09-27T17:15:21","slug":"un-domingo-mas-en-santa-rosa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/2020\/09\/27\/un-domingo-mas-en-santa-rosa\/","title":{"rendered":"Un domingo m\u00e1s en Santa Rosa"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-drop-cap has-medium-font-size\">Un chico de ocho a\u00f1os m\u00e1s o menos,\nestatura normal, aparentemente flaco, atolondrado, como cualquiera de su edad,\nse encuentra jugando con una pelota naranja, de granos gastados, <strong>dentro de un club llamado Estudiantes.<\/strong><strong><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Est\u00e1 en la parte trasera, frente a la\ncalle Garibaldi, y dentro del club, en ese sector, el piso es de tierra, hay\nparrillas viejas, m\u00e1s adelante una cancha de voley, luego <strong>una pileta con trampol\u00edn.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">De un momento a otro el chico se va,\ny en poco tiempo llega a la <strong>helader\u00eda\nM\u00f3naco<\/strong>, en la esquina de San Mart\u00edn y Moreno. Est\u00e1 haciendo fila, tiene su\npelota naranja y a su lado est\u00e1 la perra de su abuela, Ray\u00e9n. Pide una bocha de\ndulce de leche &#8211;<strong><em>el mejor de la ciudad<\/em>&#8211;<\/strong> en dos cucuruchos distintos, y <strong>paga con una moneda de cincuenta centavos<\/strong>.\n<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Antes de salir del local, presiona el\nbot\u00f3n de una canilla y se queda mirando el agua que sale para arriba y baja\ncomo un manantial. Ray\u00e9n lo est\u00e1 esperando, por lo que le entrega un helado, y\nen el momento en que se est\u00e1 llevando el suyo a la boca, el chico es depositado\nen la cabeza del adolescente que luego ser\u00e1, que se encuentra parado,\nrecordando, <strong>observando esa esquina desde\nla Avenida principal, frente al kiosco de Vaquer<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Empieza a caminar. Son las dos y media de la tarde. El c\u00e1lido sol de invierno produce una sensaci\u00f3n agradable en el ambiente; abre las manos y levanta apenas la cabeza. Cuando llega a la calle Rivadavia, <strong>frena en una estaci\u00f3n de servicio; es &#8220;La Copec&#8221;.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p> De un momento a otro el chico se va, y en poco tiempo llega a la helader\u00eda M\u00f3naco, en la esquina de San Mart\u00edn y Moreno&#8221; <\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Tiene un poco de resaca, porque ayer fue a Pavarotti y\ntom\u00f3 &#8220;S\u00e9ptimo Regimiento&#8221;, o algo as\u00ed. Es la euforia por salir, que\ntodav\u00eda se conserva, unos meses despu\u00e9s de la <strong>destituci\u00f3n del \u00faltimo intendente, Juan Carlos Tierno<\/strong>. Entra a\n&#8220;La Copec&#8221;. Pide una Paso de los Toros de pomelo, luego un sanguche\nde jam\u00f3n y queso y se va.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Camina por avenida San Mart\u00edn, llega a la esquina de\nla calle Gil. Hay personas entusiasmadas que toman cerveza, mientras miran el\ncl\u00e1sico de los domingos en <strong>Pampa Bar<\/strong>.\nAlgunos, los que se quedaron sin lugar, o no llegaron a juntar las piadosas\nmonedas para pagar el m\u00e1s barato caf\u00e9, <strong>estiran\nsus cogotes por la vidriera y observan el partido.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">En la Plaza San Mart\u00edn hay muchos \u00e1rboles y en cada\nuno de ellos p\u00e1jaros negros y peque\u00f1os. <strong>Son\ntordos.<\/strong> Est\u00e1n hist\u00e9ricos e inquietos volando de un tronco a otro. Se\nobserva una gran mara\u00f1a oscura en el cielo, dispersa y sin forma.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">El adolescente se queda mirando un tordo, que hasta el momento no abandon\u00f3 su rama. De repente, vuela y se posa en la Catedral, sobre un hex\u00e1gono, <strong>que parece un ojo inquisidor acostado<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>Son tordos<strong>.<\/strong> Est\u00e1n hist\u00e9ricos e inquietos volando de un tronco a otro&#8221;<\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Sigue por la calle Roca y atraviesa la <strong>escuela Normal<\/strong>, donde ma\u00f1ana tendr\u00e1 que\nasistir; no sabe que en un a\u00f1o la deber\u00e1 abandonar. Llega a <strong>la Laguna Don Tom\u00e1s<\/strong>, camina bordeando\nla orilla, cerca del agua clara: en la superficie se forma una leve corriente\nque acompa\u00f1a su andar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Se traslada a una isla por un puente bajo el cual hay <strong>peces bigotudos<\/strong>. Se sienta en el piso,\ndelante de un bar y detr\u00e1s una <strong>isla\nprolija y peque\u00f1a, repleta de patos negros<\/strong>. La mira.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">De su mochila saca el sanguche, le pone mayonesa para\ncomerlo hasta la mitad. Saca la gaseosa, desenrosca la tapa, y cuando hace\nruido por el gas, <strong>el agua de la Laguna\ndeja de ser clara, se torna color verde oliva,<\/strong> y el adolescente se\ntransporta al cerebro del joven con barba que observa a unos metros de\ndistancia. Camina y se sienta en el mismo lugar que hace 10 a\u00f1os atr\u00e1s, <strong>pero ahora delante de un nuevo bar, y\ndetr\u00e1s de una isla solitaria.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">No hace nada, est\u00e1 sentado. Espera que pase el tiempo. Saca su celular Samsung todo roto para mirar la hora, y son las 15 y 50. Entra a trabajar a las 16 en <strong><em>revistabife.com<\/em><\/strong>, le quedan diez minutos, est\u00e1 en el medio de la Laguna y llega tarde.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p> Se traslada a una isla por un puente bajo el cual hay peces bigotudos&#8221;<\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Tampoco es que se desespera tanto: a\u00fan no se ha levantado.\nRecuerda un libro que ley\u00f3 de <strong>Paul\nLafargue, titulado &#8220;El derecho a la pereza<\/strong>&#8220;. Lo reivindica con el\npecho inflado. Recuerda aquella edici\u00f3n en cuya tapa figuraban dos pies\nentrecruzados, y anhela ser uno de ellos, como un verdadero profesional del ocio.\nMaldice al maldito domingo laboral, y reci\u00e9n entonces, de una vez por todas, se\nlevanta.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Da vuelta toda la Laguna hasta salir por la Avenida\nEspa\u00f1a. A su derecha, la Ciudad de la Justicia. Hay un amontonamiento de autos\nen el cruce roto de Per\u00f3n y Espa\u00f1a, <strong>gente\ncon barbijo<\/strong>; pese a ser domingo, se tocan bocina.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Est\u00e1 llegando tarde a fichar. Le gustar\u00eda ir m\u00e1s\nr\u00e1pido, pero respeta tanto el tiempo que no lo quiere acelerar. Est\u00e1 a unas\npocas cuadras, sus piernas igualmente le pesan, y todav\u00eda falta el resto de la\njornada laboral.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Despu\u00e9s de una eternidad, llega al <strong>barrio Atuel<\/strong>. Camina 60 metros por la calle Corona Mart\u00ednez, y se encuentra con una puerta. Decide entrar. Entra a la <strong>redacci\u00f3n de revistabife.com<\/strong> pensando qu\u00e9 publicar, y dejando atr\u00e1s el trayecto donde hab\u00edan transitado, simult\u00e1neamente<strong>, las tres mismas personas, pero en tres ciudades diferentes.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:10px\"><em>Publicado originalmente en diario La Arena<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Con la habitual melancol\u00eda del domingo pampeano, Parra sale a caminar y viaja en el tiempo por tres ciudades distintas, con los lugares que ya no est\u00e1n y los que inician su proceso descendente. <\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":8212,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"om_disable_all_campaigns":false,"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"_uf_show_specific_survey":0,"_uf_disable_surveys":false,"footnotes":""},"categories":[1129,30,15],"tags":[1681,43],"class_list":["post-8204","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-en-foco","category-periscopio-urbano","category-sociedad","tag-domingo","tag-santa-rosa"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8204"}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=8204"}],"version-history":[{"count":4,"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8204\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":8217,"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8204\/revisions\/8217"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/8212"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=8204"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=8204"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=8204"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}