{"id":7927,"date":"2020-09-16T17:56:23","date_gmt":"2020-09-16T20:56:23","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabife.com\/?p=7927"},"modified":"2020-12-30T10:11:39","modified_gmt":"2020-12-30T13:11:39","slug":"junto-al-rio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/2020\/09\/16\/junto-al-rio\/","title":{"rendered":"Junto Al R\u00edo"},"content":{"rendered":"\n<p><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap has-medium-font-size\">No, lo que se dice lindo no era. Pero el olvido de las preocupaciones nos hizo perder de vista un poco ese detalle. La hoster\u00eda s\u00ed ten\u00eda la calidez y el aroma a vacaciones que tienen los lugares que carecen de reloj de pared, de clips y calculadoras sobre las mesas. Por eso fue una soluci\u00f3n de continuidad creer que el r\u00edo serrano ser\u00eda una parte m\u00e1s de esa casa con una atenci\u00f3n envidiable.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Buscamos y buscamos hasta que encontramos un sector despejado, con c\u00e1scaras y bolsas enterradas a media asta. Se o\u00edan gritos, risas cercanas aunque escondidas, con algunas reposeras entre medio de los \u00e1rboles. Ese lugar no era el prototipo de la Naturaleza que busc\u00e1bamos, pero tampoco el infierno de gente y griter\u00edo en donde hay que leer los labios porque no se escucha ni cuando te hablan al lado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Tiramos la manta, sacamos el mate y acomodamos el tupper con los s\u00e1nguches. El sol estaba fuerte, y el olor a r\u00edo nos manten\u00eda en un silencio compartido. Hay como una clasificaci\u00f3n no atendida en su totalidad, en lo que hace a las maneras de llegar e instalarse de los veraneantes en los diversos sitios de vacaciones. Est\u00e1 el que hace r\u00e1pido todo, con movimientos rob\u00f3ticos, como por prescripci\u00f3n calendaria; otros, que son una coordinaci\u00f3n incre\u00edble al ir pidiendo las facturas, bollos, galletitas, meterse al mar o r\u00edo y despu\u00e9s enojarse por algo; los que se nota que ya extra\u00f1an su casa a\u00fan cuando no se han establecido del todo; los que reniegan en voz alta de cada cosa que ven, y varios m\u00e1s. Nosotros dos somos del grupo de aquellos que nos acomodamos e intentamos no molestar, no vemos a nadie, pero una vez que hacemos un paneo, nos damos cuenta que en el lugar que elegimos hay bastante gente. No podemos saber si -la gente- estaba antes o apareci\u00f3 de abajo de la tierra. Simplemente no los vemos, los difuminamos, y, cuando tenemos todo listo, nos da fiaca o verg\u00fcenza movernos. Alrededor nuestro, con el r\u00edo a unos metros, hab\u00eda varios grupos de chicas y chicos, algunas familias, dos parejas de ancianos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Hablamos en voz baja porque creemos que los dem\u00e1s nos escuchan, que est\u00e1n atentos a nosotros. Una simple vulgaridad del andar con la mente fresca, en vacaciones, de tener que llenarla con algo. Y no dudo; le digo a Mariana que voy al r\u00edo, que tomo mates cuando salga, porque as\u00ed los disfruto distinto. Ella se queda y mira el tupper con ganas; le hago la mirada ya calcada para que me espere para los s\u00e1nguches, si quiere que coma alguna galletita, pan con pat\u00e9, pero que para la comida me espere.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Como suelo hacer, voy metiendo de a poco el cuerpo en el agua, para sentir esa diferencia entre la zona caliente y el fresco que va de abajo hacia arriba. Aparecen algunas piedras resbalosas a medida que ingreso m\u00e1s adentro, y descarto la opci\u00f3n de tirarme de cabeza. La transparencia del r\u00edo en esa parte ha desaparecido por completo. Dos mujeres charlan sentadas en la que creo la mejor zona del lugar. Cada vez que me meto, y a Mariana le sucede parecido, busco el mejor lugar para quedarme, que, haya tres o veinte personas, se halla ocupado siempre.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Mariana se pone de pie para verme y vuelve a sentarse en la manta. Me levanta la mano con el mate. Me tomo un momento para nadar en un espacio cortito, para despejarme y volver con m\u00e1s hambre y sed. Cuando voy saliendo del agua veo a un grupito de gente alrededor de nuestras cosas y de mi novia. Son ni\u00f1os que est\u00e1n en ronda, alrededor de la manta, con Mariana al medio. Espero un ratito y me acomodo (mejor dicho, desacomodo) el pelo con la mano. Me tiro agua a la cara y me quedo viendo. Da la sensaci\u00f3n que Mariana fuera la hoguera en medio de esa rueda de chiquilines, escu\u00e1lida, que le deben haber ido a pedir o preguntar algo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">No me gust\u00f3 cuando uno se acost\u00f3 al lado de ella, sobre la manta. No se sent\u00f3 sobre mi novia de casualidad. Eran chicos, pero para el atrevimiento no hay edad. Empec\u00e9 a caminar y a mirar con el sol todav\u00eda de frente esperando que ella dijera algo, me llamara, o que ellos atacaran la canasta de mimbre con las cosas. Esper\u00e9 a ver si Mariana les daba algo, convidaba un mate, aunque fuera a una de las dos nenas que estaban entre la bandita. Las dos ten\u00edan pecas en la espalda, y una estaba con un chupet\u00edn.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Por apurado me pas\u00f3, por no exagerar en lo que estaba pasando; me resbal\u00e9 y rasp\u00e9 el dedo del pie. Poca sangre, pero al lado de la u\u00f1a es molesto. La bandita de nenes no se mov\u00eda, y Mariana se par\u00f3 y levant\u00f3 las manos como sabe hacerlo cuando est\u00e1 inquieta. Se hab\u00eda ido el fresco que me hab\u00eda dado el r\u00edo. Empez\u00e1bamos reci\u00e9n las vacaciones y no quer\u00eda problemas. El que estaba echado se levant\u00f3 pero se tir\u00f3 en la manta una de las ni\u00f1as, la del chupet\u00edn. Ya estaba, no necesitaba otra confirmaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Se alejan cuando salgo del r\u00edo, me sacudo el short y voy directo hacia donde est\u00e1 Mariana. Pero ella me aborda antes, porque viene corriendo hacia m\u00ed. Viene sin haberse puesto la remera, con la bikini; efectivamente se fueron, pero antes de que le pregunte qu\u00e9 hab\u00eda pasado, me toma del brazo, me interroga si est\u00e1 fresca y me tironea otra vez hacia el r\u00edo. Como si quisiera decir otra cosa con lo que dice. \u201c\u00bfEst\u00e1 linda el agua?\u201d Ante ese estado que trato de reconocer y clasificar, me dejo llevar. Nos metemos los dos -ah\u00ed la gu\u00edo yo por donde entr\u00e9 para nadar- y espero unos segundos; es para decirle que no nos vayamos tanto, porque dejamos afuera las cosas, incluidas llaves, celulares y billetera.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Aunque tiemble un poco, s\u00e9 que no es por el agua. A Mariana le da asco la suciedad, ese verde mohoso que se estanca en las piedras; por eso la tomo y hago ir caminando, despacio. La tranquilidad se hab\u00eda ido tambi\u00e9n en el agua. Empez\u00f3 a correr m\u00e1s fuerte en una direcci\u00f3n que nos alejaba de donde hab\u00edamos dejado nuestras cosas. Ella no era de mojarse el pelo, y menos ac\u00e1, pero se tir\u00f3 para adelante y me cost\u00f3 alcanzarla; \u201ccuidado, que parece crecido\u201d, le dije, movi\u00e9ndome con fuerza y mirando alternativamente c\u00f3mo nos alej\u00e1bamos. \u201cLa gente est\u00e1 saliendo\u201d, le aclar\u00e9, pero ella me tom\u00f3 otra vez del brazo y me pidi\u00f3 que sigui\u00e9ramos juntos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Los dos aprendimos a nadar bastante bien, en los a\u00f1os de nataci\u00f3n, o sea que miedo por eso Mariana no ten\u00eda. Pero s\u00ed a otra cosa, y se le notaba. No hab\u00eda que hacer muchas brazadas ni esfuerzo porque \u00edbamos en la direcci\u00f3n del agua. Le ped\u00ed que me dijera qu\u00e9 hab\u00eda pasado con los chicos, pero ella se alejaba a medida que ten\u00eda que contestarme. El r\u00edo se hab\u00eda vuelto m\u00e1s profundo, y en algunos lugares no hac\u00edamos pie. Roz\u00e1bamos piedras y la velocidad aumentaba. Le iba a pedir que sali\u00e9ramos, que habl\u00e1ramos afuera, que nos alej\u00e1bamos mucho de nuestras cosas, que se iba a poner m\u00e1s peligroso, pero sin se\u00f1alarme atr\u00e1s, vi a la ni\u00f1a. Mariana pas\u00f3 ahora al lado m\u00edo, pero cuando quise volverme atr\u00e1s para buscarla, me apret\u00f3 el hombro y me indic\u00f3 que sigui\u00e9ramos dej\u00e1ndonos llevar por la corriente, hacia adelante. \u201cMir\u00e1 c\u00f3mo va, con la cabeza bien afuera\u201d, dijo sin se\u00f1alarla, que en pose de perrito, se dejaba arrastrar atr\u00e1s nuestro a unos cuantos metros. Pens\u00e9 en gritar, en pedir que se calmara, pero Mariana parec\u00eda otra vez tener raz\u00f3n. La nena no se hab\u00eda ca\u00eddo, ni metido -con ropa- sin saber c\u00f3mo estaba el r\u00edo en esa parte. Nos segu\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Mariana tosi\u00f3 el agua que trag\u00f3 sin querer, sin parar o intentar frenar la carrera a la que nos somet\u00eda el r\u00edo. Yo m\u00e1s que temor por ahogarme sent\u00eda asfixia. Mis brazos y piernas estaban cansados, en los intentos que hac\u00edamos por bordear la orilla. La nena se mov\u00eda derecho, disfrutando un objetivo. Ahora reconoc\u00eda que era una de las nenas que hab\u00edan rodeado a Mariana. Ella me volvi\u00f3 a tomar del hombro y me dijo al o\u00eddo que ten\u00edamos que seguir, sin frenar. Escapar. La velocidad crec\u00eda, y \u00e9ramos dos ramitas de carne movidas por la furia natural del agua. Mariana no quer\u00eda saber a qu\u00e9 distancia se encontraba la nena, por eso me consultaba a m\u00ed; no quer\u00eda ni mirar atr\u00e1s, en una contorsi\u00f3n del cuello que a m\u00ed me cost\u00f3 el golpe.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Seco, en la parte dura de la cabeza, pero me dej\u00f3 medio atontado. Los gritos de Mariana se mezclaban con el sonido l\u00edquido que hac\u00eda al mover mi cuerpo, pidi\u00e9ndome que despertara. No hubo sangre, y al abrirle los ojos y darlos vuelta hizo el esfuerzo sobrehumano de virar a la orilla; se agarr\u00f3 de una piedra con unas bolsas y un tronco amputado y peg\u00f3 un salto. Antes meti\u00f3 varias veces mi cabeza al agua y me cachete\u00f3. Me reincorpor\u00e9 e hice pie. Mariana se dio cuenta que el r\u00edo nos devolv\u00eda hacia la zona de la hoster\u00eda. \u201cApur\u00e1te, d\u00e1le\u201d, me dijo ni bien tuve conciencia. Salimos del agua. La nena estaba a menos de 30 metros, ten\u00eda la cara colorada por el sol de frente y pecas como semillas de kiwi, iguales a las que hab\u00eda visto en su espaldita. El vestido mojado que llevaba era blanco.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Respiramos hondo, y pod\u00eda sentirle a Mariana el aliento profundo. Me pidi\u00f3 que corri\u00e9ramos, que por ah\u00ed se llegaba a la hoster\u00eda. No se le hab\u00eda ido el miedo, que me transmit\u00eda como las neuronas se transmiten electricidad y generan pensamiento. Me imagin\u00e9 -porque habr\u00eda sido imposible sentirlo-&nbsp; el ruidito de la goma de los zapatitos mojados, con agua, corriendo atr\u00e1s nuestro. \u201cFij\u00e1te si la nena viene\u201d, me dijo. Me qued\u00e9 con el ruidito. Me toqu\u00e9 el chich\u00f3n que se me estaba formando en la frente.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Abrimos la puerta -cuyo llamador de \u00e1ngeles yo no hab\u00eda advertido al llegar- y la cara de la se\u00f1ora, la due\u00f1a, al vernos, mostr\u00f3 sorpresa. \u201cEst\u00e1 lindo por ac\u00e1 para caminar y hacer ejercicio\u201d, dijo. Aunque agreg\u00f3, al ver nuestras respiraciones, que en la radio estaban diciendo que hab\u00eda que tener cuidado porque se ven\u00eda una crecida grande. No est\u00e1bamos secos, por eso cuando baj\u00e9 la cabeza al piso, que mir\u00f3 antes la due\u00f1a, me apur\u00e9 a pedirle unas toallas. Sali\u00f3 de atr\u00e1s del mostrador y enfil\u00f3 al dep\u00f3sito, donde ten\u00eda los elementos de limpieza e higiene. Mir\u00e9 a Mariana. Estaba agotada. La due\u00f1a de la hoster\u00eda volvi\u00f3 con dos toallones amarillos cuando sentimos el llamador de \u00e1ngeles otra vez.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">\u201cYa traigo otra toallita para vos, mi amor\u201d, dijo, y quiso acerc\u00e1rsele para acariciarla. Yo o\u00eda chorrear las gotas, que caer\u00edan del vestido, de su pelo, de su nariz a un metro del suelo. \u201cVoy a volver\u201d, dijo la nena. La se\u00f1ora vuelve y le acerca la toalla, pero su brazo queda con la prenda en el aire. La vemos: la nena se da vueltas y sale, sin secarse, mientras la se\u00f1ora de la hoster\u00eda se r\u00ede y pide que nos ubiquemos en un costadito para no impedir el paso a los otros inquilinos, que seguramente vendr\u00e1n enseguida.<\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>Cuento extra\u00eddo del libro&nbsp;<\/em>La joroba del Ed\u00e9n<em>. Editorial Cartograf\u00edas. 2018<\/em><\/strong>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Una pareja de vacaciones. Unos chiquillos atrevidos. Un r\u00edo crecido. Y una ni\u00f1a extra\u00f1a que en el r\u00edo los persigue sin una raz\u00f3n aparente. Estos son algunos de los elementos que combina Jozami para generar un terror que proviene de lo desconocido, que se transmite \u201ccomo las neuronas transmiten electricidad y generan pensamiento\u201d. <\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":7928,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"om_disable_all_campaigns":false,"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"_uf_show_specific_survey":0,"_uf_disable_surveys":false,"footnotes":""},"categories":[1129,20],"tags":[229],"class_list":["post-7927","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-en-foco","category-literatura-pampeana","tag-ficciones"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7927"}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=7927"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7927\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":11148,"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7927\/revisions\/11148"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/7928"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=7927"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=7927"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=7927"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}