{"id":6997,"date":"2020-08-10T18:56:23","date_gmt":"2020-08-10T21:56:23","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabife.com\/?p=6997"},"modified":"2020-08-11T17:03:24","modified_gmt":"2020-08-11T20:03:24","slug":"cronica-de-un-verano-raro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/2020\/08\/10\/cronica-de-un-verano-raro\/","title":{"rendered":"Cr\u00f3nica de un verano raro"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-medium-font-size\"><em>(Desde Italia)<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap has-medium-font-size\">Confirmando que pase lo que pase hay cosas que no cambian, en Italia despu\u00e9s del invierno lleg\u00f3 la primavera. Florec\u00eda descarada mientras como un chiquil\u00edn la mir\u00e1bamos de adentro, para decirlo a la manera de Edmundo Rivero, que al cafet\u00edn de Buenos Aires lo miraba de afuera, y estaba triste igual.&nbsp;<br>Para la llegada del verano, el 21 de junio, ya est\u00e1bamos sueltos. Los estudiantes hab\u00edan terminado la escuela virtualmente, sin abrazos ni l\u00e1grimas en la puerta, sin ex\u00e1menes cuerpo a cuerpo ni festejos ni bailes de fin de a\u00f1o, sin el beso que en todo \u00e9ste tiempo te quise dar. Un final higi\u00e9nico.<br>Nos soltaron con la boca tapada y un sin fin de recomendaciones, como las primeras veces que de adolescente tu pap\u00e1 te dejaba salir, pero sin darnos unos pesos por las dudas.&nbsp;<br>Salimos buscando aire despu\u00e9s del encierro, a recuperar lo perdido, a abrazar lo extra\u00f1ado, a sentir conversaciones al pasar y cruzar miradas sin nariz ni boca y a buscar, como ni\u00f1os con la palita en la mano, el abrazo mar.&nbsp;<br>En Italia el mar es un sue\u00f1o dulce y posible. De alguna manera, y para las distancias argentinas, todos viven m\u00e1s o menos cerca de alg\u00fan mar. Tambi\u00e9n nosotros y alla fuimos. Llegamos a la playa el primer d\u00eda y comprob\u00e9, con un dolor feliz, que as\u00ed como hay cosas que no cambian, hay otras que cambian siempre, sin posibilidad de apelo.<br>As\u00ed llega el d\u00eda en que los hijos crecen, se hacen de un grupo de amigos en la playa y una se queda mirando el \u00faltimo pececito que juega en la orilla, haciendo pozos y buscando cangrejos, mientras los otros se van a descubrir la maravilla de los amigos, la dulzura de los primeros enamoramientos. De vez en cuando vienen a saludar, a buscar comida, a darte un beso y contarte algo entre risas luminosas.&nbsp;<br>Mir\u00e1ndolos siempre jugar a algo o tirados a la sombra como cachorros, uno se pregunta: \u00bfc\u00f3mo hacen para hablar mal de los j\u00f3venes? \u00bfsolo porque no manejan sus instrumentos? \u00bfo acaso piensan que ellos se&nbsp;&nbsp;llevaron que ustedes perdieron?&nbsp;Juventud divino tesoro, dec\u00eda Ruben Dar\u00edo, y ahora es toda de ellos, que no se rindieron al desencanto de tantos de nosotros y son capaces de alegr\u00eda, que de un d\u00eda para el otro florecen descarados y no hacen m\u00e1s pozos en la orilla. Hu\u00e9spedes que viven unos a\u00f1os en tu casa, que crecen entre tus brazos y despu\u00e9s se bajan, caminan, leen escriben restan y suman. Viven. Y se acomodan a nuestras faltas,&nbsp;&nbsp;perdonan nuestras ofensas, y si tenemos suerte nos llevar\u00e1n a un mundo que no conoceremos, escondidos en una semejanza, en una forma, un tono de voz o escondidos en alg\u00fan gesto.&nbsp;&nbsp;En unos d\u00edas las playas se ir\u00e1n vaciando. Terminar\u00e1 \u00e9sta pausa de verano raro, entre el miedo del invierno pasado y las amenazas de un oto\u00f1o que supuestamente nos espera severo, de brazos cruzados. Volveremos a las ciudades, a las reglas para domesticar la incertidumbre frente al destino. Y nuestros hijos volver\u00e1n finalmente a la escuela y no tendr\u00e1n la distancia que los ministerios, que parece no supieran nada de amor ni juventud, proponen. Y jugar\u00e1n como la mariposa que veo ahora mientras escribo, chiquita y blanca que coquetea por el aire con el agua de una manguera de riego. Podr\u00eda mojar sus alas y morir, pero sabe que hay cosas que no cambian, otras que cambian siempre, y sobre todas las cosas un destino, que algunos intuyen pero nadie conoce, que aveces castiga y otras nos besa en la boca, y frente a \u00e9l podemos solo abrir las alas y jugar hasta el final, asumiendo los riesgos, defendiendo la alegr\u00eda, buscando el sentido, sin perder el ritmo como ense\u00f1a el mar que sin sentarse y sin parar, manteniendo el ritmo, espera que vuelvas. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&#8220;Para la llegada del verano, el 21 de junio, ya est\u00e1bamos sueltos. Los estudiantes hab\u00edan terminado la escuela virtualmente, sin abrazos ni l\u00e1grimas en la puerta, sin ex\u00e1menes cuerpo a cuerpo ni festejos ni bailes de fin de a\u00f1o, sin el beso que en todo \u00e9ste tiempo te quise dar. 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