{"id":6470,"date":"2020-07-29T20:00:58","date_gmt":"2020-07-29T23:00:58","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabife.com\/?p=6470"},"modified":"2020-07-30T00:57:55","modified_gmt":"2020-07-30T03:57:55","slug":"la-evolucion-de-la-madera","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/2020\/07\/29\/la-evolucion-de-la-madera\/","title":{"rendered":"La evoluci\u00f3n de la madera"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-medium-font-size\"><em>A H\u00e9ctor D\u00edaz<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap has-medium-font-size\">Se lo pod\u00eda ver durante horas desarmando banquitos con una paciencia ancestral. Encorvado sobre su tarea, en el fondo del patio, o a veces en el taller, desprend\u00eda gotas de sudor que se calcinaban en el suelo pedregoso. Apilaba los restos en un rinc\u00f3n, para luego imaginar otros muebles. Era dif\u00edcil creer que esa mole de carne, piel asolada y mirada profunda, pudiera armar esos objetos que compraban los vecinos con la confianza que daban los atractivos resultados.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\"> Oscar hab\u00eda llegado tiempo atr\u00e1s, con uno de los Mora; se hab\u00eda quedado como un hijo m\u00e1s, o como un t\u00edo lejano que ha sufrido alguna desgracia que no quiere hacer p\u00fablica. Se dec\u00edan muchas cosas, pero lo cierto era que hab\u00eda sido de gran ayuda para Maximiliano en el trabajo con las colmenas. Lo hab\u00eda conocido -y encontrado- en una visita al campo de Ben\u00edtez. Seg\u00fan le coment\u00f3 a Maximiliano, Oscar apareci\u00f3 una noche de tormenta en la casilla donde hab\u00eda tenido que quedarse moment\u00e1neamente porque no pod\u00eda salir. Le dijo que una bestia repentina y mojada hab\u00eda tapado la entrada dejando libres unos bordes apenas, que mostraban los rel\u00e1mpagos repetidos furiosamente esa noche. Ben\u00edtez le dijo que \u00e9l se hab\u00eda asustado como un ni\u00f1o. -Respiraba fuerte y se inflaba y desinflaba como un globo. Los hombros le llegaban hasta las orejas. Parec\u00eda un animal, y solamente dijo su nombre. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\"> Maximiliano, tras escucharlo, y luego verlo, pens\u00f3 consecutivamente en su familia, en las colmenas, y finalmente en Oscar. Decidi\u00f3 llev\u00e1rselo al campo, sobre todo para el trabajo de fuerza, ya que evidentemente era una bestia. Pero tambi\u00e9n ten\u00eda, y Maximiliano se dir\u00eda su descubridor, algo que Ben\u00edtez no tuvo tiempo de comprobar: una precisi\u00f3n y una delicadeza que contrastaban con ese cuerpo aparentemente tan dif\u00edcil de manejar: dedos como churros o salchichas criollas, la cabeza peque\u00f1a all\u00e1 arriba, con los hombros casi pegados a las orejas, unas piernas peludas y macetonas, que hac\u00edan pensar en troncos de robles ancianos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Una ma\u00f1ana, en el desayuno, Oscar apareci\u00f3 con unas sandalias que llamaron la atenci\u00f3n de la familia; ten\u00edan unas fibras cruzadas y una base de madera recubierta con lona. Dijo que las hab\u00eda hecho con lo que hab\u00eda encontrado en el tallercito de atr\u00e1s, pasando el patio, a la madrugada, ya que estaba desvelado. Esa misma semana, al volver del campo, Oscar ped\u00eda permiso para ir al fondo y quedarse sin que los dem\u00e1s supieran exactamente a qu\u00e9 iba. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\"> -Tienen muchas cosas all\u00e1 atr\u00e1s- les supo decir. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Com\u00eda cantidades gigantes de pan, miel, huevos, y muy poca carne. Era servicial, pero ped\u00eda por favor que no lo despertaran cuando durmiera. Eso -dec\u00eda- le provocaba tales pesadillas, que le imped\u00edan conciliar el sue\u00f1o en las noches siguientes. Alguna vez la madre de la familia le pregunt\u00f3, como toda persona cansada de un extra\u00f1o y un secreto en su propia casa, por sus familiares. All\u00ed lo vieron llorar; se levant\u00f3 tan r\u00e1pido de la mesa, que corri\u00f3 el mantel y casi la dio vuelta. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\"> Como hab\u00eda ocurrido con las sandalias, decidi\u00f3 otro d\u00eda encerrarse en el taller, pidiendo siempre permiso; ahora la familia Mora escuchaba desde el comedor ruidos presagiosos, maderas quebr\u00e1ndose, espasm\u00f3dicos chicotazos. Luego del barullo interminable, Oscar sal\u00eda, atravesando el patio sudado de pies a cabeza, y con una sonrisa les dijo a los Mora que quer\u00eda reparar muebles, tomar cacharros e inventar cosas nuevas, que en el tallercito del fondo hab\u00eda mucha cosa vieja; lo expres\u00f3 con \u00e9nfasis, pero con la lentitud de un serm\u00f3n. Les dijo que quer\u00eda probar, que ten\u00eda ganas de trabajar en eso. Y al final tambi\u00e9n expres\u00f3 su disgusto y cansancio en el trabajo con las colmenas. -Yo ya no quiero seguir con eso- dijo habl\u00e1ndoles a todos pero mirando a Maximiliano. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\"> La familia Mora no discuti\u00f3 ni deliber\u00f3 sobre el pedido. Pero con el tiempo, al ver los resultados de lo que ir\u00eda sacando Oscar de ese tallercito, los integrantes se disputar\u00edan el aval dado al nuevo visitante para que realizara aquello, aquella actividad en la que nadie, al principio, colocaba esperanza ni finalidad alguna. -Los porotos ac\u00e1 los traemos todos- hab\u00eda dicho una vez Maximiliano, con un gozoso asentimiento materno.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">La mole trabajaba de sol a sol, parando s\u00f3lo para refrescarse, para comer algo. As\u00ed aparec\u00edan en el patio relumbrantes sillones, estramb\u00f3ticos percheros, adornos para pared y mesada, algunos juguetes de singular figura, -animales, en especial osos- y Maximiliano fue el primero que trajo a los vecinos. -As\u00ed como lo ven, miren las cosas que puede hacer- les dec\u00eda, y no ahorraba adjetivos seg\u00fan cambiaban las personas que llegaban hasta el patio. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\"> Al trabajo con las colmenas lo hab\u00eda retomado el hermano de Maximiliano y el padre, con un chico al que contrataban por horas. Pero iban menos tiempo, ya que lo dedicaban a buscar en la zona todo tipo de maderas desusadas, trastos viejos, junto a las alzas ap\u00edcolas que iban a parar sin escalas al tallercito, para que no faltara material. Los objetos que Oscar hac\u00eda se vend\u00edan como la galleta de los domingos. Una semana entera trabajaba, y a la siguiente ven\u00eda la gente, observaba y eleg\u00eda; ah\u00ed \u00e9l descansaba, durmiendo eternas horas en esa cama improvisada con tres colchones, cuyo borde le llegaba a las rodillas. Los precios de los objetos no eran puestos seg\u00fan la demora o el trabajo que le hab\u00eda costado al creador, sino en funci\u00f3n de lo que a la familia faltaba o cre\u00eda que necesitaba.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Entre la gente que ven\u00eda a ver los objetos y a comprarlos, hab\u00eda algunos que ya ven\u00edan a verlo a \u00e9l. Periodistas del diario local y de la ciudad lo entrevistaron, pese a sacar apenas algo m\u00e1s que monos\u00edlabos o frases breves, por lo que las notas eran casi todas hechas con las impresiones de quienes escrib\u00edan. Aparec\u00edan as\u00ed algunas cr\u00f3nicas que hablaban del animal humano, de la exquisita monta\u00f1a, entre otros ep\u00edtetos. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\"> En una arrebatada aparici\u00f3n luego del intenso trabajo del d\u00eda, Oscar dijo, en alg\u00fan momento de reuni\u00f3n familiar, que no quer\u00eda m\u00e1s que se vendieran sus cosas. Que buscaran a otro para hacer los objetos si quer\u00edan seguir poni\u00e9ndolos a la venta. Que volver\u00eda al campo con las abejas, ya que bien claro hab\u00eda quedado aquel concepto de los porotos en la casa y del trabajo com\u00fan. Obviamente que nadie lo expres\u00f3, pero lo que Oscar deseaba era que se regalaran las cosas que hac\u00eda. No que, por no venderlas, se amontonaran y se pudrieran en el fondo, como le hab\u00eda dicho uno de los vecinos a Maximiliano: -\u00bfy qu\u00e9 quiere? \u00bfQue se pudra todo y quede ah\u00ed en el fondo de tu casa? <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\"> Las discrepancias se hicieron frecuentes pero jam\u00e1s superaron los l\u00edmites que la propia familia se impuso. Oscar, a pesar de su postura, segu\u00eda trabajando con la furia de un toro. Sentado en ese banquito le costaba mover la inmensa cantidad de piel y carne, pero era tal la precisi\u00f3n con que tomaba las maderas y las herramientas para tallar, hacer terminaciones, adosarlas, que daba gusto verlo trabajar. El padre de los Mora pens\u00f3 y no ocult\u00f3 entonces la posibilidad de cobrar a los que desearan verlo en su labor. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\"> Hasta que la familia se enter\u00f3, en medio ya de los \u00e1nimos caldeados, como un signo claro de que las cosas ah\u00ed las decid\u00edan ellos. La idea se consensu\u00f3 entre todos, pero quien habl\u00f3 fue Maximiliano. Al principio cost\u00f3 convencer a los due\u00f1os del circo, de gira por el lugar, pero, como toda cosa chica, \u00e1vidos de sorpresas que alentaran sus rutinarias presentaciones, accedieron. Cuando volvi\u00f3 a su casa, Maximiliano relat\u00f3 los pormenores de la charla, y decidieron sacar del taller a Oscar para comentarle el ofrecimiento, una decisi\u00f3n familiar. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\"> Oscar no pudo defenderse, o no quiso. Tampoco se le not\u00f3 miedo. Y fue solo al otro d\u00eda para ver al oso. -As\u00ed se familiarizan- le hab\u00eda dicho el d\u00eda anterior a Maximiliano la mujer m\u00e1s vieja del circo, que ten\u00eda un cuerpo atl\u00e9tico aunque avejentado, con la piel arrugada sobre el m\u00fasculo firme.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Qued\u00f3 al fin todo arreglado, luego de que vieran el tama\u00f1o del contrincante y sintieran la acompasada respiraci\u00f3n del animal cuando se acerc\u00f3 a la jaula y le estir\u00f3 la mano. Ser\u00eda una funci\u00f3n \u00fanica y especial, para todo p\u00fablico. Y ver\u00edan qu\u00e9 pasar\u00eda la primera vez, para luego pensar en hacer m\u00e1s n\u00fameros y, en arreglo con los Mora, llevarse al \u201coso humano\u201d de gira. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\"> El diario y la radio locales se hicieron eco de la novedad, de la sorpresiva funci\u00f3n; lo \u00fanico que pidi\u00f3 Oscar a la familia, antes del encuentro, fue que lo dejaran terminar un trabajo en el taller, que le dieran unos d\u00edas. Esta vez no usaba madera, sino unos fierros, acostados a lo largo del suelo del dep\u00f3sito. Con ellos, desde que el alba lograba ponerlo de pie, tras dejar en medio de los colchones un cr\u00e1ter inmenso, que ocultaban las p\u00e1ginas arrugadas del diario que lo mencionaban, Oscar trabajaba levemente concentrado. Parec\u00eda extenuado pero segu\u00eda, y sorprend\u00eda a la familia Mora que hubiera reducido sus horas de sue\u00f1o. La soldadora se las hab\u00eda prestado un vecino, que \u00e9l hac\u00eda girar en su dedo me\u00f1ique cada vez que terminaba una uni\u00f3n de esa especie de peque\u00f1a fortaleza que iba armando en el patio, emplazada en el rinc\u00f3n menos vistoso. -Es una especie de tinglado-, seg\u00fan afirmaba el hermano de Maximiliano. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\"> Y el d\u00eda lleg\u00f3. Panfletos, los altoparlantes y el boca a boca hicieron que esa noche el circo se llenara. La familia Mora no pidi\u00f3 lugares preferenciales, lo que hac\u00eda pensar y decir a la gente que los dividendos hab\u00edan estado claros para todos. Aparecieron trapecistas enojados, payasos apurados en hacer lo suyo, algunos animales aplaudiendo con gestos que pretend\u00edan risas y que enfervorizaban al p\u00fablico infantil. Tras el n\u00famero del mago, el siguiente demoraba, hasta que las luces se encendieron, y apareci\u00f3 la jaula con un oso. Del otro costado sali\u00f3 caminando Oscar, con una musculosa tan ajustada que parec\u00eda parte de su propia piel. Mir\u00f3 al p\u00fablico, sin detener sus ojos, que se bamboleaban hacia todos lados, y levant\u00f3 sus brazos para protegerse por unos segundos de la luz instalada en medio de la carpa. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\"> -Es un animal- dec\u00eda entre dientes la gente, que no lograba re\u00edrse del pantal\u00f3n corto que ten\u00eda puesto, porque su inexplicable inmensidad se agigantaba con la peque\u00f1ez de su atuendo. La jaula fue abierta por el anunciador de la pelea, y le dej\u00f3 paso al hombre que pelear\u00eda por primera vez en la historia con un oso, algo que algunos dijeron quedar\u00eda en las memorias del lugar. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\"> El oso se puso de pie, se toc\u00f3 el collar que le aprisionaba el cuello, y abri\u00f3 la boca, lanzando un gemido ancestral. La gente se par\u00f3 al ver a las dos moles tomarse de los brazos; se apretaban casi acarici\u00e1ndose, y se levantaban del suelo uno a otro, tras manoteos intensos, que m\u00e1s que agresividad parec\u00edan destilar otra cosa. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">\n\nPrimero sali\u00f3 Oscar, despu\u00e9s el animal, cuando ya bastante gente gritaba y se mov\u00eda para irse. El oso estaba desconcertado, y Oscar en cuatro patas fuera de la jaula; ten\u00eda el lomo, con la musculosa tan apretada, a la misma altura que la bestia. Los Mora quer\u00edan irse pero se miraban sin entender, entre est\u00e1ticos y decepcionados. Algunos vieron a Oscar seguir al oso hacia la salida m\u00e1s cercana de la carpa. El anunciador, inquieto, mir\u00f3 a la gente que ya se dispersaba y cerr\u00f3 la jaula, que Maximiliano Mora mir\u00f3 detenidamente desde su asiento, y se le ocurri\u00f3 parecida a aquello que Oscar hab\u00eda terminado de armar en el patio de su casa, un d\u00eda antes de la excepcional funci\u00f3n.\n\n<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A H\u00e9ctor D\u00edaz Se lo pod\u00eda ver durante horas desarmando banquitos con una paciencia ancestral.<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":6652,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"om_disable_all_campaigns":false,"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"_uf_show_specific_survey":0,"_uf_disable_surveys":false,"footnotes":""},"categories":[1129,20],"tags":[229,230,1507],"class_list":["post-6470","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-en-foco","category-literatura-pampeana","tag-ficciones","tag-jozami","tag-madera"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6470"}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=6470"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6470\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":6471,"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6470\/revisions\/6471"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/6652"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=6470"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=6470"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=6470"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}