{"id":26320,"date":"2022-07-10T10:41:08","date_gmt":"2022-07-10T13:41:08","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabife.com\/?p=26320"},"modified":"2022-07-23T11:34:39","modified_gmt":"2022-07-23T14:34:39","slug":"hoy-nicolas-jozami-presenta-su-nuevo-libro-un-cuento-inedito-para-revista-bife","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/2022\/07\/10\/hoy-nicolas-jozami-presenta-su-nuevo-libro-un-cuento-inedito-para-revista-bife\/","title":{"rendered":"Hoy Nicol\u00e1s Jozami presenta su nuevo libro: un cuento in\u00e9dito para Revista Bife"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-drop-cap has-medium-font-size\">Esta tarde, a partir de las 18 horas, el escritor santarrose\u00f1o radicado en C\u00f3rdoba,<strong> Nicol\u00e1s Jozami<\/strong>, presenta su nuevo libro de cuentos <strong><em>&#8220;Las leyes de la ausencia&#8221;<\/em><\/strong>, en la sede de la Asociaci\u00f3n Pampeana de Escritores, ubicada en la calle V\u00edctor Lordi 73. La presentaci\u00f3n estar\u00e1 a cargo de <strong>Sergio De Matteo<\/strong>, escritor y titular de APE. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Para <strong><em>Revista Bife<\/em><\/strong>, un cuento in\u00e9dito de su nuevo libro de relatos<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<p style=\"font-size:40px;text-align:center\"><strong><em>Historia de una p\u00e9rdida<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap has-medium-font-size\">Hay d\u00edas que uno quisiera eliminar de su vida. Cortarlos con una tijera -si hubiera- apta para el calendario existencial; quitarlos por hartazgo de conciencia, por sorpresas que se nos esfuman, por descubrimientos infinitos para uno pero tremendamente insignificantes para los dem\u00e1s. Por eso arrancarlos de cuajo. No soy ni ser\u00e9 sentimental; dejo afuera a Pap\u00e1 Noel, los cumplea\u00f1os o cualquier otra circunstancia armada desde afuera; voy a lo cut\u00e1neo, a aquello que nos hace sonre\u00edr de otra forma, y donde nadie logra darse cuenta.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Lo pienso. En m\u00ed el corte\ndebiera ser transversal, porque lo\nque habr\u00eda que eliminar son capas de\nrecuerdo que se diseminaron -imagino- en peque\u00f1os sectores\nde eso que sin \u00e9nfasis\nllamar\u00eda mi vida hasta el presente. No se puede\nhablar m\u00e1s que por rodeos. Es el intento de capturar un momento. Yo, con esto que cuento, quiero capturar y\ncomprender una &nbsp;p\u00e9rdida.<br><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Dicen que nada hay m\u00e1s personal que la muerte propia, intransferible, macer\u00e1ndose, que bate los dedos porque sabe que somos sus aprendices absolutos. Me hubiera gustado mucho de ni\u00f1o preguntarle a <em>Skeletor<\/em>, el villano predilecto de los dibujos animados de <em>Heman<\/em>, c\u00f3mo se siente tener la calavera clavada en un cuerpo rebosante de m\u00fasculos y energ\u00eda. C\u00f3mo es vivir la muerte. Igualmente ir\u00e9 por otro lado; no me gusta lo mortuorio o tr\u00e1gico. Lo que quiero entender es c\u00f3mo fue que dej\u00f3 de gustarme. No hablo de <em>HeMan <\/em>ni de <em>Skeletor<\/em>. Puedo recuperar el momento en que lo sent\u00ed nacer con la furia del oc\u00e9ano. Primero debo acercar esa experiencia, para luego, estar m\u00e1s cerca de la huida de su belleza.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">As\u00ed como las tinieblas fueron lo primero en las cosmogon\u00edas, ac\u00e1 dir\u00e9 que lo primero fue el frasco. Parec\u00eda una pincelada de Rembrandt. Cuando lo sac\u00f3 mi abuelo de la heladera <em>Siam <\/em>y lo puso en la mesada de la cocina, se convirti\u00f3 en un talism\u00e1n, una reliquia egipcia que transpiraba gotas verdosas. Lo abri\u00f3 con la parsimonia de un caracol y, con un tenedor de cabo de madera, pinch\u00f3 una a una las aceitunas que comi\u00f3 esa noche. Las sacaba, dejando que goteara un poco la salmuera y se las llevaba a la boca con el foco de luz arriba suyo que le daba el \u201cefecto emperador\u201d con una corona et\u00e9rea, emperador que degustaba el manjar, el trofeo de su conquista. Yo hab\u00eda probado las aceitunas y como a todo chico no me gustaban. Un sabor horrendo. \u201cPero estas son carnosas, ricas\u201d, aclar\u00f3 mi abuelo, alarg\u00e1ndome una con otro tenedor que sac\u00f3 del caj\u00f3n. Pese a que siguen sin gustarme, comenc\u00e9 a comer aceitunas por mi abuelo; casi como un ritual que desde ese d\u00eda no ha terminado. Con el tiempo, lo que supe es que m\u00e1s all\u00e1 del sabor extra\u00f1o lo que me gust\u00f3 de las aceitunas fue otra cosa.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Hay m\u00e1s. No s\u00e9 bien si a los meses, o a los dos o tres a\u00f1os del episodio del frasco, salimos una siesta con mi abuelo a comprar un villano de <em>He-Man <\/em>que yo quer\u00eda. M\u00e1s que salir yo lo llevaba. El viaje fue intenso, pero justamente por lo simple. \u00c9l hac\u00eda todo simple. Fuimos a la primera jugueter\u00eda. Ten\u00edan los de <em>He-Man<\/em>, pero no el que buscaba. Salimos, fuimos a las otras dos que hab\u00eda, pero al villano no lo ten\u00edan, no les quedaba en stock, palabra que yo entend\u00ed como \u201cshock\u201d, y que cuando la escuchaba asociaba a la ilusi\u00f3n que se iba apagando poco a poco. Mi abuelo era un felpudo al que arrastraba con la potencia de mi alegr\u00eda. \u201cQuedan dos kioscos grandes\u201d, afirm\u00e9 en esa siesta. Si bien estaban distantes uno del otro, lo tom\u00e9 de la mano para ir al primero. Kioscos grandes se les llamaban a esos que ten\u00edan, -aparte de golosinas, revistas y algo de farmacia-, juguetes y regaler\u00eda de alto calibre.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Al entrar al primero sent\u00ed el inconfundible olorcito a juguete mezclado con el de revista nueva. Ah\u00ed compraba, recuerdo, las <em>Anteojito<\/em>, y me dejaba para el final (como cuando se deja lo amarillo del huevo frito para sopar en la soledad del universo) la p\u00e1gina impar de pl\u00e1stico que tra\u00eda dos siluetas negras de un lado -una arriba y otra abajo- y que, al darla vuelta, ocultaban en la hoja de papel la verdadera figura, cuya realidad, al haber estado en sombras, parec\u00eda indicar que era algo totalmente distinto a lo que realmente promet\u00eda. El kiosquero baj\u00f3 los mu\u00f1ecos, pero no aparec\u00eda: <em>Best man<\/em>, <em>Trap Jaw<\/em>, <em>Man at Arms<\/em>, pero no estaba <em>Tri-clops<\/em>. Yo estaba como un fuelle al que le hubiesen sacado el aire. Casi no quer\u00eda ir al otro kiosco grande. Pero fuimos. Mi abuelo con su paso tranquilo me llev\u00f3. Cuando el \u00faltimo kiosquero me mostr\u00f3 que le hab\u00eda quedado uno, me acord\u00e9 que se pod\u00eda llorar de alegr\u00eda. No cab\u00eda en m\u00ed. Yo quer\u00eda a <em>Tri-clops<\/em>: ten\u00eda a <em>Tri-clops<\/em>. Fue la siesta m\u00e1s larga del mundo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Ahora puedo entender que me haya impactado la relaci\u00f3n de esos dos acontecimientos de infancia, en la belleza sostenida de los dos elementos, las aceitunas del frasco y el mu\u00f1eco. Fue mi favorito. Y lo perd\u00ed. Pero no hablo del mu\u00f1eco. Identificar el momento, si se puede hablar de momentos de identificaci\u00f3n, de la declinaci\u00f3n, es algo que escapa a mis fuerzas. C\u00f3mo eso desapareci\u00f3 de m\u00ed es lo que quiero comprender, como si alguien quisiera saber el ruidito exacto que hacen sus pulmones al respirar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Surge en mi memoria, como un g\u00e9iser colorido, un algod\u00f3n de az\u00facar que me devuelve a la felicidad absoluta. Lo com\u00eda intentando descifrar el motivo del coloramiento (de ese color) en el algod\u00f3n. En el parque de diversiones pas\u00f3. Hab\u00eda llegado a nuestra ciudad como una estrafalaria colonia extranjera. Era un parque que iba a recorrer la Argentina. Me siguen encantando los algodones de az\u00facar, y mucho m\u00e1s comerlos en lugares como parques de diversiones, nunca comerlos a solas, como el solitario que disfruta el chorip\u00e1n del puesto en una noche estrellada y tranquila. Subimos varias veces a la monta\u00f1a rusa, donde aguant\u00e9 el v\u00f3mito por la valent\u00eda que me daba estar con los chicos del barrio; el tren fantasma estuvo tanto en mi cabeza que, despu\u00e9s de conocerlo, lo comentaba a quien me encontrara, las postas y los monstruos que hab\u00eda, en orden, y hasta llegu\u00e9 a dibujarlo completo en hojas desplegables con el tr\u00e1nsito ondulante del trencito; tambi\u00e9n lo colore\u00e9 de verde, y cuando me cans\u00e9 de verlo se lo regal\u00e9 a mi hermano.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Dec\u00eda que me encantan las golosinas, sobre todo esa rara aleaci\u00f3n de az\u00facar a\u00e9rea y algodonosa, empalagosa. En cada puesto del parque junto con muchos otros dulces estaban esos panaderos gigantes, de color verde clarito como jam\u00e1s hab\u00eda visto, mucho m\u00e1s grandes que los de Mar del Plata y Necochea. Llegu\u00e9 a comer uno y medio; eran tan grandes que tuve que darle lo que me quedaba a otro de los chicos para que lo terminara mientras mir\u00e1bamos el tiro al blanco.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">En mi recuerdo sucedi\u00f3 una vez para luego reiterarse; reviv\u00eda aquel periplo del parque, aunque los algodones se me antojaron y aparecieron de color rosa; no pod\u00eda capturarlos como verdes en mi sinapsis. Algo que no es tan raro si uno se detiene en los m\u00e9dicos de las neuronas y hasta en Condillac o Ber- keley, para quienes lo que se percibe es lo verdadero, real, m\u00e1s all\u00e1 de su materialidad o facticidad posterior y maleable.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">En esta l\u00ednea y \u00e9poca, dos pel\u00edculas contribuyeron a mi retardada desilusi\u00f3n. Primero, <em>E.T<\/em>. La volv\u00ed a ver cada tanto, en la soledad que otorga la pantalla de la computadora; incre\u00edble lo oscura que es (en cuanto a texturas, color, etc.) en inversi\u00f3n a la luz que carga su mensaje; es el logro spilbergiano. Jam\u00e1s aparece ese color. Segunda pel\u00edcula: <em>La Historia sin fin<\/em>; ah\u00ed esperaba hasta el encuentro con la princesa, donde Sebastian debe darle un nombre al lugar que se desmorona ante la Nada. Una vez ocurrida la escena, (con ese memorable y schopenahueriano \u201cal principio siempre est\u00e1 oscuro\u201d), la luz del grano de arena o la corona de la princesa, ninguno tiene color verde. La fantas\u00eda -me pude decir despu\u00e9s- excluy\u00f3 el verde. En esa pel\u00edcula no aparece en ning\u00fan momento.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Salto a ciertas vacaciones. Una casa grande, olorosa, siempre con arena porque estaba cerca del mar. Hab\u00eda llegado con un librito de cuentos de Elsa Bornemann llamado <em>Socorro<\/em>, del que no pude olvidarme jam\u00e1s. Unos doce cuentos que te borraban la tranquilidad. Me parti\u00f3 ese miedo. En la tapa hab\u00eda una caricatura de Frankenstein, y adentro ilustraciones en blanco y negro por cada relato. Dos o tres me marcaron mucho. En el blanco de los dibujos, cada vez que terminaba un cuento, me pon\u00eda en la mesa, sacaba los l\u00e1pices y pintaba de verde lo que se me antojara de cada ilustraci\u00f3n. Veo hoy el volumen -que conservo- y no me despiertan nada esos garabatos de colores sobre los dibujos. No envejece el color, s\u00ed las hojas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Busco parar de nuevo las piernas articuladas del viejo mu\u00f1eco <em>Tri-clops <\/em>en la mesa, piernas que, si se mira bien, tienen vello disperso en los m\u00fasculos. Sobre sus ojos est\u00e1 esa ruedita c\u00f3ncava que gira, color verde y que, seg\u00fan c\u00f3mo uno la disponga, es el tipo de visi\u00f3n que tendr\u00e1 el villano. Tra\u00eda una espada larga. El personaje naci\u00f3 como un mercenario espadach\u00edn y tiene m\u00faltiples referencias en las sucesivas proyecciones de la serie animada de <em>He-Man<\/em>; se llam\u00f3 originalmente Trydor Esooniux Scope y su casco con triple visi\u00f3n fue mutando de propiedades. En la saga primaria este secuaz de <em>Skeletor <\/em>aparece \u00fanicamente diez veces en los ciento treinta cap\u00edtulos emitidos. Nunca dej\u00f3 de conservar el color verde en su atuendo como en su casco especial que le salv\u00f3 la vista, inutilizada ante el enfrentamiento con unos bandidos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">\u00bfD\u00f3nde estuvo el v\u00e9rtice,\nd\u00f3nde la confabulaci\u00f3n exacta para\nque, al mirar tiempo m\u00e1s adelante el mu\u00f1eco, los dibujos animados\n-con hijos o sobrinos-, notara\nque ya no pretend\u00eda ese color como la cifra de un tercio\nde mi vida?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Pego un salto a la adolescencia; descubro que a la chica que me gusta debo cercarla en el espacio en que mejor s\u00e9 moverme: los videojuegos. Nos citamos en uno de los locales c\u00e9ntricos m\u00e1s ruidosos que puede haber en la ciudad, donde cruzar unas palabras entre el <em>Pac-Man<\/em>, el <em>Street Fighter <\/em>y sobre todo el recientemente lanzado <em>Art of Fighting<\/em> es una haza\u00f1a. No es falsa modestia, pero s\u00e9 jugar, y es el reducto en el que me sent\u00eda seguro para, adem\u00e1s, hablar. Hablarle a ella, a Anal\u00eda. Recuerdo que era el mes de julio y estaba en el \u00faltimo grado de la primaria, o en el primer a\u00f1o de la secundaria.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Llegu\u00e9 bastante antes; compr\u00e9 varias fichas y esper\u00e9 a que terminaran de jugar en el <em>Art of Fighting<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Lo que yo quer\u00eda era que Anal\u00eda me encontrara jugando a mis anchas, al juego nuevo, colocado especialmente en una pared del fondo, cosa que quien entrara te pod\u00eda ver de espaldas, como due\u00f1o y se\u00f1or de la tarde en el videojuego. Qu\u00e9 tuve que hacer: como los dos que estaban antes ten\u00edan muchas fichas, pese a que perd\u00edan medianamente r\u00e1pido, ped\u00ed, con cara de orante, si podr\u00eda meterme a competirles. Lo pregunt\u00e9 unos veinte minutos antes del momento en que Anal\u00eda llegar\u00eda para buscarme.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Me fue f\u00e1cil vencer a los dos. Luego de que alternaran un par de fichas m\u00e1s cada uno (para perder), les ped\u00ed si me dejaban llegar a la final. Lo hicieron, y hoy, est\u00e9n donde est\u00e9n, se los agradezco por este medio. Se pusieron uno a cada lado y esperaron a que avanzara con cada enemigo. Cuando apareci\u00f3 Anal\u00eda, con ese perfume de ni\u00f1as que se echaba en la ropa, el pelo h\u00famedo todav\u00eda del ba\u00f1o, no sab\u00eda c\u00f3mo saltar y escapar del viejo pelado con unos nunchako de la semifinal, llamado Mr Big; se largaba horizontalmente, como si volara pero en c\u00e1mara lenta, lo que te daba tiempo a esquivarlo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Perd\u00ed. No me importaba. Y exager\u00e9 en esa operaci\u00f3n para que Anal\u00eda me viera perder adrede; lo importante era otra cosa. Dej\u00e9 a los chicos, enemigos m\u00edos completos hasta hac\u00eda unos momentos, en la soledad del videojuego, como si yo fuera el vencedor que por alg\u00fan motivo (no conoc\u00eda a\u00fan la historia-leyenda de nuestro general Urquiza) decide retirarse teniendo las cosas servidas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Mov\u00eda nerviosamente la capucha del buzo, recuerdo marca <em>Club Ken<\/em>. Y cae como un domin\u00f3: el buzo era verde, con la capucha de un verde m\u00e1s claro. Nos sentamos en el sector de la cascada (la m\u00e1quina que te permit\u00eda sacar fichas con fichas), en asientos que ten\u00edan una cuerina tipo goma de cami\u00f3n, negra, pegajosa. No puedo recordar c\u00f3mo o de qu\u00e9 hablamos. Lo que sab\u00eda era que hab\u00eda autoboicoteado mis planes de hablar y declar\u00e1rmele a Anal\u00eda mientras jugara al <em>Art of Fighting<\/em>. Hasta ella hab\u00eda estado prendida mir\u00e1ndome perder. Ya estaba. Al mirarla, antes de acercar mi cara a la suya, vi que un ojo verde se le mov\u00eda levemente hacia un costado; como si al mantener fija la mirada el circulito se apartase solo. Nos besamos con la dulzura de lo nuevo, con la profundidad que extingue cualquier futuro. Ella dijo que le gustaba mi buzo cuando salimos de los videos y nos tomamos de la mano rumbo a alg\u00fan lugar menos ruidoso.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Cada enamorado es due\u00f1o del mundo, al menos del propio, aunque con el tiempo se da cuenta que \u00fanicamente del propio, ni siquiera del de su objeto de amor. Llegu\u00e9 a casa y no quise sacarme el buzo por el resto del d\u00eda, aun con la calefacci\u00f3n. S\u00f3lo a la noche, cuando era hora de dormir, teniendo ese secreto que me supuraba y que mis padres conocer\u00edan con la inminencia del pr\u00f3ximo d\u00eda. Puse el buzo estirado sobre la cama, dejando que me iluminara el color como una kryptonita in\u00e9dita que me daba fuerza en vez que quit\u00e1rmela.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Ped\u00ed que me llevaran hasta la esquina de la casa de Anal\u00eda. Un domingo. Fui con el mismo buzo. Ella sali\u00f3, vino a mi encuentro caminando, mirando hacia abajo, con esos jardineros que nos quedaban tan bien de chicos. Ten\u00eda un pelo rubio que prend\u00eda fuego esos ojos verdes. Cuando el auto de mam\u00e1 pas\u00f3 y se fue nos abrazamos y nos dimos un beso t\u00edmido. Nos tomamos de las manos y nos sentamos. Esa tarde bast\u00f3 para desenamorarme; se romp\u00eda el mundo como una c\u00e1scara de huevo, pero quer\u00eda ver qu\u00e9 sal\u00eda de adentro. Recuerdo que al caer el sol, cuando nos despedimos, me fui caminando al centro otra vez; como no hab\u00eda usado la plata para tomar una gaseosa con ella, la destinar\u00eda a las fichas. Esper\u00e9 poco y jugu\u00e9 al <em>Art of Fighting<\/em>. Me saqu\u00e9 el buzo y lo at\u00e9 a la cintura. Al volver a casa, derrotado por el amor pero vencedor en el juego, sent\u00eda que hasta el color me hab\u00eda abandonado. La decepci\u00f3n no estaba en no querer volver a ver a Anal\u00eda; quer\u00eda, me mov\u00eda cosas que jam\u00e1s hab\u00eda descubierto en m\u00ed; la cuesti\u00f3n es que sus ojos hab\u00edan perdido la tela colorida que me cobijaba.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Es precisamente ahora, en la fiesta del jard\u00edn de mi hijo, donde vuelvo a verlo con detenimiento. Decenas de cartulinas recortadas con la silueta de copas de \u00e1rboles. Estaban dispuestas como decorado atr\u00e1s del escenario donde las se\u00f1os hablaban, los ni\u00f1os cantaban, las mam\u00e1s lloraban. \u00bfPor qu\u00e9 me dirig\u00eda a esas cartulinas verdes con hojas pegadas? Quer\u00edan decirme algo m\u00e1s, pero que yo no captaba, como quien coloca el o\u00eddo frente al mendigo que habla el mismo idioma pero cuya ausencia de dientes le impide vocalizar las palabras que busca afanosamente compartir. Javier y los amiguitos que fueron despu\u00e9s a casa llevaron las cartulinas, impregnadas con brillantina, plasticola, hojas oto\u00f1ales. Abr\u00ed las gaseosas y los s\u00e1nguches y los puse en la mesa. Luego tom\u00e9 algunas cartulinas, que ten\u00edan el nombre de cada compa\u00f1erito de Javier abajo, y las extend\u00ed en la mesa apartada del living. Esper\u00e9 unos minutos: no sab\u00eda qu\u00e9 era lo que deb\u00eda atraerme de esa textura colorida. No sab\u00eda lo que me hab\u00eda atra\u00eddo tanto de ese color en otro tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">\u00bfNo tiene la voluntad invisible la primac\u00eda electiva de cualquier cosa que nos agrade? Si como dicen algunos hay que hacer de la vida una obra de arte, o que la vida es la verdadera pintura, lo que relato es un apocalipsis personal. Alg\u00fan sabio que estudi\u00f3 los colores y los factores que en teor\u00eda corroboran su existencia, nada dec\u00eda sobre la subjetiva aprehensi\u00f3n que se puede tener luego de haber sentido que un color te hizo feliz.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Imagino que nadie quiere morirse sabiendo que ninguna de sus certezas quedar\u00e1 en suelo firme una vez que abandone este mundo. Con certezas me refiero a pensamientos, visiones de la vida, estructuras elementales que lo han sostenido o acunado en los momentos de angustia. Esta es la historia de una derrota pueril, discreta, pero para nada inservible. Lo que tuve y perd\u00ed: c\u00f3mo dej\u00f3 de gustarme el color verde.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">No he hablado de cremaci\u00f3n, caj\u00f3n ni seguro de vida de ning\u00fan tipo con mi mujer, hermanos ni amigos todav\u00eda. Quiero creer que, de elegir lo primero, alg\u00fan gramo de hueso quemado de mis cenizas me jugar\u00e1 la \u00faltima mala pasada con el sol, cuando mis deudos las tiren al campo -donde quiero que reposen- y en un instante, el cono de luz (como aquel de mi abuelo con sus aceitunas) les d\u00e9 un mortecino e instant\u00e1neo toque verdoso, antes de sepultarse por completo en el inicio del fin de mi tiempo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Esta tarde, a partir de las 18 horas, el escritor santarrose\u00f1o radicado en C\u00f3rdoba, Nicol\u00e1s<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":26317,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"om_disable_all_campaigns":false,"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"_uf_show_specific_survey":0,"_uf_disable_surveys":false,"footnotes":""},"categories":[20],"tags":[2153,1960,80,2154,1970],"class_list":["post-26320","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-literatura-pampeana","tag-libro","tag-literatura-pampeana","tag-nicolas-jozami","tag-presentacion","tag-sergio-de-matteo"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/26320"}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=26320"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/26320\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":26321,"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/26320\/revisions\/26321"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/26317"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=26320"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=26320"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=26320"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}