{"id":1912,"date":"2020-01-29T18:22:59","date_gmt":"2020-01-29T21:22:59","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabife.com\/?p=1912"},"modified":"2020-01-29T18:24:36","modified_gmt":"2020-01-29T21:24:36","slug":"las-fotografias","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/2020\/01\/29\/las-fotografias\/","title":{"rendered":"Las Fotograf\u00edas"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-medium-font-size\"><em>&nbsp; a la memoria de Silvina Ocampo<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap has-medium-font-size\">He escuchado decir a muchos que el amor no tiene edad, color, \u00e9poca ni raz\u00f3n, pero la opini\u00f3n de Laura ten\u00eda un fundamento sui generis. Dec\u00eda que el amor pod\u00eda no concretarse, ni desarrollarse, que no se necesitaba a la otra persona para amar. Eran obviamente locuras y opiniones juveniles de mi amiga, que sospech\u00e9 se le calmar\u00edan apenas tuviese en manos alg\u00fan muchacho que supiera entenderla. De hecho, eso ocurri\u00f3 cuando conoci\u00f3 a Eduardo, que frecuent\u00f3 el bar estudiantil y logr\u00f3 aprobar algunos ex\u00e1menes antes de abandonar sus estudios. La absorci\u00f3n enfermiza de Laura y la inconstancia de Eduardo hicieron que terminase por dejar a su novia. Laura se recibi\u00f3 de m\u00e9dica, y sinti\u00e9ndose culpable del destino de Eduardo, decidi\u00f3 buscarlo nuevamente. Fue en vano. En agosto de ese a\u00f1o Eduardo hab\u00eda muerto y Laura no hab\u00eda podido aceptar esa realidad. Eso record\u00e9 fugazmente al verla bajando las escaleras del cine, donde ambas coincidimos casualmente luego de un tiempo sin vernos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Cuando me acerqu\u00e9, me abraz\u00f3 espasm\u00f3dicamente varias veces. Logr\u00f3 persuadirme para que fuera con ella, por lo que nos dirigimos hacia su casa, en esa tarde lluviosa. Volvimos a ser las ni\u00f1as de antes; nos paramos en los cordones mojados, balance\u00e1ndonos y equilibr\u00e1ndonos con los brazos. Laura me record\u00f3 (como era previsible) los \u00faltimos episodios familiares antes de irse a vivir sola a un departamento h\u00famedo (eso lo comprob\u00e9 despu\u00e9s) en la cima de un edificio, como ella hab\u00eda so\u00f1ado con Eduardo. Le ment\u00ed algunas verdades y felicidades m\u00edas, sobre todo al negarle mi bienestar sentimental. Cuando se torn\u00f3 inevitable le pregunt\u00e9 por su estado afectivo. Sin detenerse, instintivamente, me confes\u00f3 que a\u00fan amaba a Eduardo. La circunstancia de su ausencia no le imped\u00eda sentirse regocijada cada vez que pensaba en \u00e9l. Su mirada se tornaba entre furiosa y desesperada cuando lo nombraba.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Uno de los motivos por los que me dirig\u00eda a su casa era la insistencia acerca de ciertas fotos. Me las imagin\u00e9 como siempre, guardadas entre las transparentes p\u00e1ginas de la Biblia (a veces las trasladaba a las del Dorian Gray de Wilde). La interpel\u00e9 con sequedad para que recordara el d\u00eda o la \u00e9poca en que las hab\u00eda sacado; c\u00ednicamente dijo que ella no las hab\u00eda sacado, sino que las hab\u00eda encontrado. Dud\u00e9 un poco de esa aseveraci\u00f3n, pero no volv\u00ed a indagar. Cuando quise retomar la conversaci\u00f3n, Laura se adelant\u00f3 y volvi\u00f3 a hablar de su tema excluyente: -A Eduardo lo recuerdo todos los d\u00edas y m\u00e1s cuando miro las fotos. \u00c9l sigue vigente-. En su forma de evocarlo notaba cierto recelo hacia ese hombre e infer\u00ed que su vida se circunscrib\u00eda a ese pensamiento id\u00edlico. Se llamaba a s\u00ed misma \u201cpresa del recuerdo de Eduardo\u201d. -\u00c9l siempre fue conmigo un hombre de palabra. Sus comportamientos se mezclaban con sus desajustes mentales pero ten\u00eda intacta su capacidad de entrega y amor-. Laura hablaba de Eduardo como si fuese a encontrarse con \u00e9l; desatend\u00eda lo que le rodeaba cuando lo imaginaba.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/pamparevista.files.wordpress.com\/2017\/02\/lluvia-de-tormenta.jpg?w=720\" alt=\"lluvia-de-tormenta\" class=\"wp-image-1132\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Llegamos a su departamento. Ella me tom\u00f3 de la mano y volvi\u00f3 a decirme que uno de sus sue\u00f1os habr\u00eda sido ir a vivir ah\u00ed con Eduardo. Me solt\u00f3, busc\u00f3 la llave en su cartera, que ten\u00eda envuelta en un pa\u00f1uelo floreado y la meti\u00f3 en la cerradura. Entr\u00f3, mir\u00f3 a su alrededor verificando que todo estuviera en orden y me invit\u00f3 a pasar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Hab\u00eda un olor extra\u00f1o, a objetos antiguos. Un gran mantel de terciopelo verde se extend\u00eda en una mesa de roble oscuro, a la que apenas se le ve\u00edan las patas. Laura abri\u00f3 una puerta peque\u00f1a de vidrio del mueble que estaba en l\u00ednea recta con la puerta de entrada y sac\u00f3 dos vasos. No tuve tiempo de sentarme porque me condujo por un pasillo a su habitaci\u00f3n, espaciosa y desordenada. Laura no hab\u00eda cambiado mucho, era indecisa y despreocupada; sus prendas \u00edntimas estaban sobre la cama junto a polleras y medias. La pared que daba al respaldo de la cama ten\u00eda otro color y estaba muy deteriorada. -Es un problema con un ca\u00f1o del agua- acot\u00f3. -Se ha descascarado y la han pintado por cuarta vez-. Un cuadro con relieve pend\u00eda de la pared frontal y mostraba una mujer en posici\u00f3n fetal con una aureola sobre su cabeza. En el costado inferior izquierdo se asomaba la cabeza y el torso de una pantera, que mostraba sus dientes, como queriendo atemorizar a la muchacha.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Busqu\u00e9 sin \u00e9xito algunas fotos sobre la mesa de luz. Laura me ofreci\u00f3 enseguida una toalla para secar mi pelo y mis brazos, de los que ca\u00edan todav\u00eda algunas gotas. Me sequ\u00e9 y le pas\u00e9 la prenda h\u00fameda, que tom\u00f3 y se la enroll\u00f3 sobre su cabeza, formando un turbante amarillo. Nos volvimos a re\u00edr como dos tontas adolescentes hasta que el silencio se adue\u00f1\u00f3 de la habitaci\u00f3n, con un eco simult\u00e1neo casi c\u00f3mplice. Me ofreci\u00f3 un caf\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Ya en el comedor, mientras mi amiga volcaba az\u00facar en los pocillos, me detuve en la ventana, corr\u00ed las cortinas y observ\u00e9 la fina lluvia que ca\u00eda y que parec\u00eda querer decirme algo. Eran gotas gris\u00e1ceas, como de plomo. V\u00ed en el vidrio el reflejo de mi amiga, que sosten\u00eda un pocillo caliente con ambas manos, esperando a que lo tomase. All\u00ed me volvi\u00f3 a hablar de las fotos. \u2013Vas a ser la \u00fanica persona a la que le voy a mostrar las \u00faltimas fotos de Eduardo- dijo con vehemencia. En ese momento record\u00e9 la calidez con que ese hombre la hab\u00eda tratado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Nos sentamos y le pregunt\u00e9 por qu\u00e9 no se compraba una mascota. \u2013Son indescifrables los animales. Uno parece que tratara con tinieblas porque nunca llega a obtener nada de ellos- respondi\u00f3. Rascaba nerviosamente sus p\u00f3mulos, por lo que estaban enrojecidos y marcados.<strong>&nbsp;\u2013<\/strong>&nbsp;No te voy a preguntar acerca de tu vida sentimental porque ya la conozco- me dijo. Hace una semana estuve con Paola y me cont\u00f3 de tu relaci\u00f3n con un tal Javier\u2013. Yo no ten\u00eda nada que agregar a tan rotunda realidad. Laura me pregunt\u00f3 si Javier era en algo parecido a Eduardo. Dije lo primero que me vino a la mente, en forma instant\u00e1nea: \u2013Los dos son altos y tienen una cicatriz en la cara-.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/pamparevista.files.wordpress.com\/2017\/02\/mujer.jpg?w=720\" alt=\"mujer\" class=\"wp-image-1130\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Me sent\u00eda inc\u00f3moda. Me par\u00e9, y sin pedir permiso, tom\u00e9 de la biblioteca el Elogio de la Locura, de Erasmo de R\u00f3tterdam. -Lo he rele\u00eddo por partes varias veces- se anticip\u00f3 mi amiga. -Deb\u00ed devolverlo a la biblioteca. A Edu no le gustaba leer y me reprochaba que leyera porque dec\u00eda que era agregar problemas a la realidad de uno-. Escuch\u00e9 lo que me repiti\u00f3 tres o cuatro veces y le dije que deb\u00eda irme porque era tarde. La lluvia no hab\u00eda parado. Laura corri\u00f3 las cortinas y trunc\u00f3 mi visi\u00f3n del lluvioso paisaje. Logr\u00e9 ver un hombre manejando su bicicleta dentro de una larga capa de nylon amarillo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">-Quiero mostrarte algo que nadie conoce. S\u00e9 que vos siempre quisiste entender mi amor hacia Eduardo, as\u00ed que debo hacerte part\u00edcipe del \u00faltimo recuerdo que tengo de \u00e9l- expres\u00f3 con esos sinuosos labios que permanec\u00edan brillosos cada vez que los mov\u00eda. Yo recordaba \u00e9pocas en que nuestro profesor de secundaria nos obligaba a dar extensas lecciones, y a Laura se le formaba como una espuma en la boca que no la dejaba hablar. No eran nervios, sino que ante cualquier emoci\u00f3n reaccionaba de esa manera. Su momento m\u00e1s placentero, seg\u00fan me dec\u00eda en aquella \u00e9poca, era en las noches tibias cuando recostada sobre su sill\u00f3n de franela le\u00eda en voz alta relatos de H. P. Lovecraft. Lleg\u00f3 a decir que le parec\u00eda atractivo el hura\u00f1o autor norteamericano, con esas orejas que m\u00e1s bien semejaban antenas desplegadas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Laura se levant\u00f3 de la silla, mir\u00f3 el reloj colgado en la pared y se dirigi\u00f3 a la cocina. En ese momento, alc\u00e9 la vista y constat\u00e9 que en una de las repisas hab\u00eda un portarretratos con una foto de Eduardo, sonriente, y en cuyo fondo se divisaba una alta monta\u00f1a y un r\u00edo que ca\u00eda de ella. Era un d\u00eda nublado y en el borde inferior ten\u00eda la fecha en que hab\u00eda sido tomada. Record\u00e9 que el ex novio de Laura hab\u00eda viajado de mochilero a Brasil. En ese momento mi amiga trajo dos vasos llenos de limonada, los apoy\u00f3 en la mesa y se acerc\u00f3 nuevamente a la biblioteca. Extrajo en esta ocasi\u00f3n un libro rectangular; era una segunda edici\u00f3n de un Atlas de anatom\u00eda humana. \u2013Dentro de este libro est\u00e1n las \u00faltimas fotos de Edu. Son lo que me quedaron de \u00e9l. Las encontr\u00e9 hace poco- dijo con gran entusiasmo tras apoy\u00e1rmelo sobre la falda. Laura se volvi\u00f3 nuevamente y dirigi\u00f3 a la cocina. \u2013Te voy a hacer probar una torta que hice anoche y que le ray\u00e9 como un kilo de limones-.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/pamparevista.files.wordpress.com\/2017\/02\/17035251_1581964115151800_254060541_n.jpg?w=720\" alt=\"17035251_1581964115151800_254060541_n\" class=\"wp-image-1094\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Sin esperarla, abr\u00ed el Atlas. Me detuve en las primeras p\u00e1ginas que eran las m\u00e1s gruesas, aunque mi sensaci\u00f3n fue al principio creer que el espesor que hab\u00eda entre las hojas alertaba la presencia de las fotos. Nada. S\u00f3lo me acompa\u00f1aba el ruido de las hojas que corr\u00eda inquietamente de derecha a izquierda. Impaciente, tom\u00e9 el volumen de sus tapas y lo volte\u00e9 hacia abajo para que, si hab\u00eda algo dentro, cayera. V\u00ed \u00fanicamente unas aplastadas flores marchitas (orqu\u00eddeas) que se desgranaron en el piso del comedor.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Reiter\u00e9 la maniobra una y otra vez, pero las fotos no cayeron. Cerr\u00e9 el Atlas y lo apoy\u00e9 en la cama. Apur\u00e9 mi limonada justo cuando Laura retorn\u00f3 con varias porciones de torta. \u2013\u00bfY, las viste?- dijo frot\u00e1ndose la cabeza. -No est\u00e1n ac\u00e1 adentro- respond\u00ed impaciente. Laura tom\u00f3 el volumen y me dijo con \u00edgnea mirada: -No, estoy segura que no me entendiste: las fotos est\u00e1n ac\u00e1, son de ac\u00e1- dijo se\u00f1alando una p\u00e1gina.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Una leve intuici\u00f3n de lo que vendr\u00eda me aterr\u00f3 y sec\u00f3 la garganta. Laura se sent\u00f3 a mi lado y abri\u00f3 el Atlas en la secci\u00f3n Cabeza y Cuello. Pas\u00f3 una p\u00e1gina, dos, y, en la tercera, el estupor ahog\u00f3 mi alma. Una fotograf\u00eda de unos 20 cent\u00edmetros tomada desde el lateral izquierdo mostraba parte de la cabeza y el cuello hasta los hombros de un cad\u00e1ver revestido de tejido y carne. En un color tenuemente amarronado, sobre un fondo negro, parec\u00eda que la marca del cad\u00e1ver sobresal\u00eda. En el centro de la foto, sobre el cachete izquierdo, esa cicatriz inconfundible revolvi\u00f3 los fantasmas de mi recuerdo, volvi\u00e9ndolos un epitafio macabro de la casualidad.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; a la memoria de Silvina Ocampo He escuchado decir a muchos que el amor<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":1913,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"om_disable_all_campaigns":false,"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"_uf_show_specific_survey":0,"_uf_disable_surveys":false,"footnotes":""},"categories":[20],"tags":[470,471,473,80,472],"class_list":["post-1912","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-literatura-pampeana","tag-fotografias","tag-horror","tag-ficcion","tag-nicolas-jozami","tag-silvina-ocampo"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1912"}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1912"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1912\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1914,"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1912\/revisions\/1914"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/1913"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1912"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1912"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1912"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}