{"id":1865,"date":"2020-01-24T17:33:41","date_gmt":"2020-01-24T20:33:41","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabife.com\/?p=1865"},"modified":"2020-01-24T19:39:41","modified_gmt":"2020-01-24T22:39:41","slug":"neologismo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/2020\/01\/24\/neologismo\/","title":{"rendered":"Neologismo"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-drop-cap has-medium-font-size\">Octavio Peralta no podr\u00eda saberlo, ni haberlo inventado, pero cuando lo descubri\u00f3, no le cost\u00f3 tanto armar la cosa. Fue una iluminaci\u00f3n; m\u00e1s bien, un impacto que lo zarande\u00f3 espiritualmente y no le borr\u00f3 la sonrisa interna hasta que consigui\u00f3 su objetivo. Y hablamos de un asesinato, pero uno de ejecuci\u00f3n particular, con sus elementos primordiales: paciencia y atenci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Las reuniones de juego en el almac\u00e9n La Ponderosa hicieron que el grupo de paisanos ocupara el centro de atracci\u00f3n de los viajantes y curiosos. El asunto hab\u00eda empezado como se empiezan tantos otros: alrededor de una mesa, cinco tipos con ganas de despuntar el vicio, que tomaban ca\u00f1a y aguardiente, vino cuando el bolsillo flaqueaba, que se pon\u00edan a jugar a las cartas espa\u00f1olas. Ismael Alarc\u00f3n dec\u00eda que la canasta o el chinch\u00f3n era para los desinflados, por eso siempre se jugaba al truco; cuatro enfervorizados paisanos salidos del mundo y otro que miraba y esperaba ver hacia d\u00f3nde corr\u00eda la rueda del azar, o la destreza de cada pareja.<br>Los cinco hicieron costumbre lo que empez\u00f3 como una distracci\u00f3n de sus enseres. Reuni\u00f3n a las seis de la tarde, mazos nuevos cada tantas partidas, donde el que romp\u00eda el celof\u00e1n se deten\u00eda en el olorcito a nuevo de las cartas, anchos de basto o espada, y la mentira como mayor escalaf\u00f3n de la consagraci\u00f3n. \u00danicamente en veranos t\u00f3rridos, una cantidad incontable de mosquitos alrededor del farol, rond\u00e1ndolos, o alguna descompensaci\u00f3n pronunciada, hac\u00eda terminar antes de tiempo las largas e intensas partidas en las que los perdedores deb\u00edan pagar el queso y dulce, comprar los mazos, y masticar el deshonor frente a los ojos de quienes se quedaban mirando estaqueados al lado del juego, emulando a los caballos atados al palenque, afuera, traspasando la cortina de flecos pl\u00e1sticos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Pero as\u00ed como el tiempo pudre la comida intacta, tambi\u00e9n hace conocer a la gente con la que se hace rutina. El juego del truco, de sitio supremo, fue adquiriendo de a poco un lugar lateral, ya que los paisanos se juntaban y demoraban en charlas, en pareceres sobre clima, paisanas, donde afloraba el car\u00e1cter de cada uno que llegaba a la mesa, para que los dem\u00e1s supieran qui\u00e9n y c\u00f3mo era. Se levantaba la voz para darse la raz\u00f3n, y la hombr\u00eda lleg\u00f3 al punto de mostrar el pu\u00f1al en las verijas. El juego de cartas se fue haciendo el postre de la charla, aunque las reuniones eran tan precisas como comprometedoras para los cinco.<br>Aparecieron los fiados, las pagas indefinidas y disolutas, donde no se terminaba sabiendo qui\u00e9n hab\u00eda puesto de m\u00e1s o de menos, haciendo rezongar el due\u00f1o de La Ponderosa mientras pasaba el trapo a la mesa. Octavio manten\u00eda en el grupo el lugar de merodeador; era sigiloso, callado, corto, pero defensor de lo suyo; en la cumbre del palabrer\u00edo y de los dict\u00e1menes finales estaba Ismael, que era -logr\u00f3 pensar Octavio cuando se deslumbr\u00f3 con la idea- quien hab\u00eda reunido y empezado con el grupo y el juego, y quien ten\u00eda afici\u00f3n por el desacato frente a los otros, junto a la imagen del coraje que le lustraban los paisanos que hab\u00eda hecho escapar de la zona. \u201cSoy tranquilo, pero no me busqu\u00e9\u201d, dec\u00eda, sembrando silencio en los que escuchaban.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Pero junto a eso, ten\u00eda algo que no s\u00f3lo Octavio, sino tambi\u00e9n los dem\u00e1s, hallaron: Alarc\u00f3n era al mismo tiempo mal discutidor, mal perdedor. M\u00e1s mal discutidor que perdedor, tal vez intuyendo que en el truco el azar jugaba un papel preponderante. Le ofuscaba m\u00e1s sentirse derrotado en alguna charla con argumentos siempre chabacanos, sacados de una enciclopedia vern\u00e1cula, que ninguno, ni \u00e9l ni nadie, pod\u00edan comprobar. El silbido de un churrinche, la edad que pod\u00eda vivir un quirquincho, o el tiempo de estaci\u00f3n que necesita la morcilla blanca, sacaban chispas de los ojos a Ismael, cuando alguien rebat\u00eda sus afirmaciones. Y era Peralta quien, en un silencio creativo, descubr\u00eda para s\u00ed mismo que era quien rebat\u00eda en silencio la mayor\u00eda de sus opiniones.<br>Resta agregar que a Octavio le lleg\u00f3 a molestar hasta la sola presencia de Ismael. Cada reuni\u00f3n ten\u00eda un momento -fuera en el juego, fuera cuando hubiesen terminado- de tensi\u00f3n y disputa. Los otros tres paisanos le festejaban y los dejaban hacer a los dos, y eso tambi\u00e9n sinti\u00f3 Octavio, que prefiri\u00f3 mantenerse al margen y soportar la voz ronca e imponente de su oponente. Hubo momentos para ronda de chistes, e Ismael notaba que el festejo que Octavio hac\u00eda de los de los dem\u00e1s era un poco m\u00e1s ampuloso que el que hac\u00eda a los de \u00e9l. De ese modo, la c\u00e1rcel estaba dictada: segu\u00edan reuni\u00e9ndose dos veces a la semana en La Ponderosa; nadie pod\u00eda faltar, porque eso era una humillaci\u00f3n desmedida (el motivo aceptado para la ausencia era la muerte de un ser querido o la propia), de all\u00ed que el juego de truco iba quedando desplazado por las charlas de los cinco, donde importaba ver c\u00f3mo se iba armando la torta y qui\u00e9n sal\u00eda airoso en las discusiones. Sin equivocarnos, podemos decir que eso tambi\u00e9n los hac\u00eda vivir.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Entonces primero fue la atenci\u00f3n. Eso permiti\u00f3 a Octavio detenerse en el otro juego -le dijeron que de un origen antiguo- que logr\u00f3 ver cuando baj\u00f3 a la ciudad. All\u00e1 hab\u00eda bares m\u00e1s amplios con fuerte olor a lavandina, y pisos de baldosas lustrosas, en los que se jugaba. Se jugaba al Scrabble. Lo primero que empez\u00f3 a hacer el paisano, (reiterar que de luces intermedias no est\u00e1 de m\u00e1s para la historia), fue salir disparado despu\u00e9s de haber jugado al truco y de haber re\u00f1ido con los otros cuatro en el almac\u00e9n, para sumarse a ver c\u00f3mo se jugaba y de qu\u00e9 trataba ese juego de letras, donde se armaban palabras y sumaban puntos. Desde su personal\u00edsimo proceso neuronal, con algunas preguntas a los jugadores una vez que terminaban y se ped\u00edan una soda o tostados, d\u00e1ndose la mano con restos de mayonesa, Octavio logr\u00f3 entender que en ese juego se ubicaban letras y armaban palabras, pero le llam\u00f3 la atenci\u00f3n que muchas de las que se pon\u00edan \u00e9l no las sab\u00eda. Not\u00f3, que as\u00ed como en el truco se pod\u00eda mentir, ac\u00e1 se pod\u00eda inventar palabras. Hacer aparecer alguna que no existiera antes, hasta que se pronunciara o pusiera sobre el peque\u00f1o tablero para ir formando las de cada jugador.<br>Escuch\u00f3 varias veces la palabra, salida de boca de los jugadores, algunos con gruesos diccionarios que dejaban debajo de las mesas o apoyados a un costado como un salvavidas alfab\u00e9tico. Neologismo. La busc\u00f3, la consult\u00f3, y lo que le qued\u00f3 fue esto: \u201cpalabra nueva que satisface una demanda ling\u00fc\u00edstica, una necesidad de expresi\u00f3n\u201d. Octavio se sinti\u00f3 tan fresco al comprenderlo, que no le interes\u00f3 discutir fuertemente con Ismael o con alguno de los otros en las siguientes reuniones de truco y discusi\u00f3n. Se hab\u00eda sentido inteligente, art\u00edfice de la idea que quer\u00eda concretar.<br>Estudi\u00f3 con paciencia (el segundo requerimiento), como podr\u00eda hacerlo Peralta, las zonas flacas de Alarc\u00f3n; los puntos d\u00e9biles, en los que le parec\u00eda que se sulfuraba como nadie, y descartaba sus animosidades disimuladas, o sus actuaciones demasiado impostadas. La paciencia al advertir eso tambi\u00e9n lo fue llenando de algo que \u00e9l mismo reconoci\u00f3 como odio. No soportaba a Ismael, y no le molest\u00f3 que la cosa no fuera mutua. M\u00e1s bien se centr\u00f3 en eso que hab\u00eda descubierto: ante una necesidad nueva, hay que crear algo que la satisfaga; se llamaba neologismo. Octavio lo aplicar\u00eda a su situaci\u00f3n, tal vez r\u00fasticamente. Para expresar algo que las palabras que existen no pueden expresar, hay que inventar nuevas palabras. El jugador que sab\u00eda eso, ten\u00eda ventaja en aqu\u00e9l juego, llamado Scrabble.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Al final de la jornada de discusiones sobre el tema que fuese, y luego de las partidas de truco que hubiesen salido, Octavio se acostumbr\u00f3 a levantar la vista para ver qui\u00e9n podr\u00eda ser. Hasta que lo consigui\u00f3. Primero fue insistir en la partida de seis, en las bondades y alternativas que tendr\u00eda; despu\u00e9s sumar a uno que pudiera meter bocado sobre el tema de discusi\u00f3n. Se sabe que en esos grupos, en esas cofrad\u00edas de almac\u00e9n, la impermeabilidad al ingreso de un nuevo integrante es una cuesti\u00f3n de Estado, m\u00e1s bien no est\u00e1 en el horizonte de posibilidades del grupo. Los parroquianos dir\u00edan que es m\u00e1s factible que un astronauta ingrese a La Ponderosa a pedir una ca\u00f1a, que la sola idea de que un nuevo miembro pase a formar parte del grupo de una semana a la otra. Pero Octavio lo logr\u00f3.<br>Seis personas estuvieron en un momento sentadas a la mesa. \u00bfC\u00f3mo lo hizo Peralta? \u00bfC\u00f3mo sorte\u00f3 la valla? Para eso se sirvi\u00f3 (en su mundo, en sus motivaciones, que ser\u00edan lo mismo) del neologismo y el Scrabble. Una necesidad encadenada fue su idea. Primero apunt\u00f3 y dio en hablar en la reuni\u00f3n sobre ciertos arbustos; m\u00e1s tarde recay\u00f3 sobre las reglas del truco, seg\u00fan c\u00f3mo se jugaba en las distintas zonas, y lugares del pa\u00eds. Se llev\u00f3 algunas puteadas y levantadas de voz, pero se las aguant\u00f3. Ante tales altercados, logr\u00f3 hacer ingresar (primero fue el contestar desde otra mesa) a un paisano que dec\u00eda conocer bastante sobre reglamentos de juegos de mesa. Peralta hasta se permiti\u00f3 pedirle que hablase un poco de ese juego de letras y palabras que hab\u00eda en lugares de la ciudad. Cuando los integrantes del grupo se quisieron acordar, el sexto paisano estaba sentado en la mesa, al horario previsto, con los dem\u00e1s, charlando. Y se prend\u00eda especialmente con la discusi\u00f3n sobre los reglamentos del truco en las partidas demoradas que los dejaban al filo de la noche: Flor mostrando las cartas, el envido mal dicho que no val\u00eda, el no mostrarlo cuando no se pide, entre otras cuestiones.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Una parte estaba hecha. Peralta fue encontrando los puntos de disputa entre Ismael y el flamante jugador charlat\u00e1n, que por nuevo no pod\u00eda levantar la voz de ese modo ni hablarles as\u00ed a los otros, por m\u00e1s que conociera sobre aquello que estaba discutiendo: \u201cLa helada no te seca esa planta, te digo\u201d; \u201cno siempre hay que cantar lo m\u00e1s alto en el envido para no descubrirte las cartas\u201d, eran algunas de sus afirmaciones. Enf\u00e1tico, se acopl\u00f3 r\u00e1pido, y las peleas verbales eran fogoneadas por Peralta junto a uno de los otros viejos integrantes, que ya ten\u00eda el h\u00edgado bastante gelatinoso y por ello pod\u00eda quedarse tomando y aplaudir alternadamente hasta que se terminara la farra.<br>Ismael Alarc\u00f3n esperaba a que estuvieran los seis para frotarse las manos por debajo de la mesa y empezar la discusi\u00f3n. El nuevo, buscaba sent\u00e1rsele enfrente, algo que era bien preparado por Octavio; llegaba temprano a La Ponderosa y dejaba la lata con dulce de batata en un asiento, el chambergo en otra, se mov\u00eda de lugar hasta que lograba que quedaran frente a frente, para hacer punta y hacha, o para discutir. As\u00ed funcionaba el razonamiento de Peralta: ante una nueva necesidad -el odio a Alarc\u00f3n-, hab\u00eda que crear algo nuevo, -eliminar a Alarc\u00f3n-; para ello hab\u00eda que inventar una nueva palabra, un nuevo modo de relaci\u00f3n que moviera lo dado; eso se conseguir\u00eda trayendo y manteniendo a un nuevo integrante en el grupo. Y eso se producir\u00eda hasta que ese neologismo, esa novedad en el grupo de paisanos, volviera a poner en orden las cosas; hasta que el lenguaje absorbiera para volver a fijar sus normas, y sumara al caudal ling\u00fc\u00edstico esa palabra reciente, as\u00ed como el nuevo integrante deja de ser nuevo cuando se asienta en el grupo. Claro que esto \u00faltimo no lo habr\u00eda podido pensar as\u00ed Octavio. Pero en lo esencial s\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Lo dem\u00e1s puede suponerse. Los enfados y las toreadas de Ismael Alarc\u00f3n al \u00faltimo integrante, respondidas en un tono que no cejaba, lo alteraron al punto de sentir ganas de eliminarlo. Primero fueron dos enfrentamientos verbales, en los que, nobleza obliga, Octavio casi no tuvo injerencia alguna, ni tampoco los otros tres paisanos; en la tercera, Alarc\u00f3n no tuvo m\u00e1s que se\u00f1alarle afuera al contrincante (extendiendo la mano) porque el due\u00f1o del almac\u00e9n, rejilla en el hombro, pidi\u00f3 que no hicieron l\u00edo adentro. Octavio es calmo, y solamente sali\u00f3 cuando oy\u00f3 los gritos de los dem\u00e1s, el siseo ag\u00f3nico y las corridas de cada uno para que no los llamasen o buscasen por haber estado mirando. Una necesidad, que fue satisfecha, sin mancharse las manos: eliminar a Ismael del grupo, pero dej\u00e1ndolo vivo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Al otro d\u00eda, cuando los cuatro miembros estaban por abrir ritualmente el mazo de cartas en La Ponderosa, porque la vida contin\u00faa, apareci\u00f3 Alarc\u00f3n y se sent\u00f3. Jug\u00f3 intranquilo unas manos, moviendo los labios de un lado al otro, masticando el escarbadientes; era el honor. El comisario entr\u00f3 acompa\u00f1ado por un polic\u00eda que pidi\u00f3 un vaso de vino y que apur\u00f3 enseguida. A una se\u00f1al del comisario, Ismael Alarc\u00f3n mir\u00f3 a los cuatro compa\u00f1eros y se levant\u00f3, para salir, sin animarse ah\u00ed adentro, hasta que no pisara la tierra, a juntar las manos detr\u00e1s de su espalda para que lo esposaran. Era el honor.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Octavio Peralta logr\u00f3 esa misma semana ir hasta el bar que frecuentaba en la ciudad y jugar (por primera vez) un momento al Scrabble. Sin querer, no sabemos si a prop\u00f3sito o no, form\u00f3 la palabra existinguirse. Se la tomaron por buena, por la uni\u00f3n de existir y extinguirse. \u201cUn neologismo, vale\u201d, dijo un joven jugador que aguardaba su turno, de cara blanca como la leche, camisa prendida hasta el cuello y anteojos con vidrios grues\u00edsimos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Octavio Peralta no podr\u00eda saberlo, ni haberlo inventado, pero cuando lo descubri\u00f3, no le cost\u00f3<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":1866,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"om_disable_all_campaigns":false,"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"_uf_show_specific_survey":0,"_uf_disable_surveys":false,"footnotes":""},"categories":[20],"tags":[462,80],"class_list":["post-1865","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-literatura-pampeana","tag-neologismo","tag-nicolas-jozami"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1865"}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1865"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1865\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1868,"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1865\/revisions\/1868"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/1866"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1865"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1865"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1865"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}