{"id":17650,"date":"2021-05-30T08:00:15","date_gmt":"2021-05-30T11:00:15","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabife.com\/?p=17650"},"modified":"2021-05-29T16:20:35","modified_gmt":"2021-05-29T19:20:35","slug":"primera-impresion-de-bogota","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/2021\/05\/30\/primera-impresion-de-bogota\/","title":{"rendered":"Primera impresi\u00f3n de Bogot\u00e1"},"content":{"rendered":"\n<p style=\"font-size:30px\"><strong><em>Primer cuadro<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap has-medium-font-size\">En la <strong>zona norte de Bogot\u00e1 (<\/strong><em><strong>zona mejor posicionada econ\u00f3micamente<\/strong><\/em>) se ven homosexuales que caminan de la mano bajo un cielo eternamente nublado (ac\u00e1 siempre hay nubes a punto de reventar), heterosexuales que se abrazan y se besan antes de cruzar la calle -ella sostiene un paragua y en el cuello tiene un pa\u00f1uelo verde pro aborto-, los autos se detienen y es momento de los peatones: tipos apurados miran el asfalto, est\u00e1n quienes hablan con un auricular y quienes hablan solos: a nadie o a todos; debajo del mendigo en la esquina atolondrada, <strong>una joven muchacha con la teta al aire amamanta a su peque\u00f1o en el suelo, y lo estudia dulcemente cuando pasa una universitaria de anteojos,<\/strong> con libros en sus manos, un piercing, una pollera colorada; le deja una moneda. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Expresiones constipadas, apretadas, como toda la ciudad &#8211;<strong>m\u00e1s de 9 millones de personas en 1,775 km cuadrados<\/strong>&#8211; se estampan en rostros quemados, abetunados, pero la mayor\u00eda, en esta zona,<strong> son blancos, necesitados de sol, rigurosamente p\u00e1lidos en comparaci\u00f3n<\/strong>. Gente de traje y corbata, gente con barbijo (<strong>en Bogot\u00e1, que est\u00e1 a 2.600 metros de altura sobre el mar, transcurren las cuatro estaciones en un d\u00eda, de modo que el resfr\u00edo es constante ac\u00e1<\/strong>), generalmente bien vestida, de malet\u00edn, familias tipo que pasean a su perro, turistas (<strong>12 millones durante todo el a\u00f1o pasado<\/strong>), para ellos se observa puestos de literatura de Pablo Escobar <strong>-el personaje m\u00e1s popular<\/strong>-, alg\u00fan desarrapado, con gafas, gorras reggetoneras, est\u00e1n los vendedores, los solos, los que se hacen los solos, los serios, se ven celulares en manos (<strong><em><a href=\"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/category\/cangrejo-en-retirada\/\">no como en Venezuela<\/a><\/em><\/strong>), un marginado, est\u00e1 el exagerado, el bohemio, el fum\u00f3n, pero sobre todo gente trabajadora, pituca, oficinistas, que van y vienen, gente que llega tarde, que corren, otros que no se apresuran.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Todo normal,<strong> como en cualquier gran metr\u00f3poli occidental<\/strong>. Con la diferencia, eso s\u00ed, que en Bogot\u00e1 se trabaja, y mucho. Ac\u00e1 uno es esclavo de s\u00ed mismo: \u201c<strong><em>Unas 11 o 12 horitas, est\u00e1 bien<\/em><\/strong>\u201d, curiosamente se jacta un pibe, y el cronista se hast\u00eda s\u00f3lo de escuchar, y anota mientras sube a la parada del <strong>TrasMilenio, que es como el Metrobus en Buenos Aires,<\/strong> con un sistema de carriles exclusivos, pero tres veces m\u00e1s extenso.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"720\" height=\"405\" src=\"https:\/\/revistabife.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/tras.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-17659\" srcset=\"https:\/\/revistabife.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/tras.jpg 720w, https:\/\/revistabife.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/tras-300x169.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 720px) 100vw, 720px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p style=\"font-size:30px\"><em><strong>Segundo cuadro<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap has-medium-font-size\">Un pu\u00f1o cerrado de cabezas impacientes se ubican en la parada del <strong>TrasMilenio<\/strong>. Bogot\u00e1 no tiene subterr\u00e1neo, es una promesa que se viene haciendo desde 1940, de modo que <strong>el embotellamiento es una constante en la ciudad.<\/strong> El TrasMilenio, entonces, es el transporte principal. Dicen que el alcalde de Bogot\u00e1, Enrique Pe\u00f1alosa, quien ha impulsado el sistema de estos buses y dec\u00eda &#8220;hace lo mismo que un metro (subterr\u00e1neo) y cuesta mucho menos\u201d, tiene un conflicto de intereses, porque ser\u00eda uno de los due\u00f1os. Cosas que se dicen. Este transporte no s\u00f3lo ha sido bondadoso con Pe\u00f1alosa, sino tambi\u00e9n con <strong>Luisa Uma\u00f1a, una pasajera recurrente.<\/strong> Se dedica a delatar descuidistas mientras viaja en el TrasMilenio a trav\u00e9s del siguiente procedimiento: ingresa con \u201c<strong><em>dos ojos adelante, dos atr\u00e1s y dos a los costados\u201d,<\/em><\/strong> cuando ve que alguien estira una mano, lo \u201ccoge de la chaqueta\u201d y lo acusa, grab\u00e1ndolo con su celular. Luego, ya con el ladronzuelo en el piso, sostenido gracias a las pesadas botas del resto de los tripulantes<strong><em>, lo cachetea con un discurso moralizador, raz\u00f3n por la cual se gan\u00f3 el apodo de \u201cla hero\u00edna del TrasMilenio\u201d<\/em><\/strong>, que <strong><em><a href=\"https:\/\/www.pulzo.com\/nacion\/joven-que-delato-ladrones-transmilenio-sera-candidata-concejo-bogota-PP739533\">la catapult\u00f3 a la candidatura para el Concejo de Bogot\u00e1, decepcionando, de esta manera, a su club de fans \u201capol\u00edticos\u201d <\/a><\/em><\/strong>. Lleg\u00f3 el TrasMilenio.<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:30px\"><strong><em>Tercer cuadro<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap has-medium-font-size\">Ingresamos. Detr\u00e1s de dos se\u00f1oras coquetas casi ancianas que miran insistentemente c\u00f3mo dos j\u00f3venes sentados fingen una regia dormida, <strong>un venezolano con su hijo en brazo se prepara para hablar.<\/strong> A su costado, abrazada a un fierro, una muchacha de unos 20 a\u00f1os, con la pera arrugada como papel crepe, <strong>hace puchero mientras habla con su celular<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">El venezolano dice: &#8220;<strong><em>Sabr\u00e1n disculparme, queridos pasajeros, pero me encuentro en una situaci\u00f3n muy complicada con mi hijo&#8230;&#8221;<\/em><\/strong> (en Colombia, seg\u00fan el diario El Tiempo, desde hace 2 a\u00f1os llegaron alrededor de 1 mill\u00f3n 270 mil venezolanos). En simult\u00e1neo, a 50 cent\u00edmetros del venezolano, la muchacha, a quien llamar\u00e9 <strong>Alejandra, empieza a llorar, con hist\u00e9ricos espasmos.&nbsp;<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\"><strong><em>&#8220;&#8230;Ocurre que hemos escapado de nuestro pa\u00eds<\/em><\/strong> -sigue el venezolano- <strong><em>mi esposa muri\u00f3 por una infecci\u00f3n que le agarr\u00f3 en la frontera, en C\u00facuta, hace pocas semanas, cuando migramos, y con mi hijo estamos durmiendo en la calle\u2026&#8221;<\/em><\/strong>. Alejandra chilla y el venezolano calla. De anteojos y trompita respingada, Alejandra, sin mediar el volumen de la voz, gime:<strong><em> &#8220;Yo no te dije eso, yo no te dije eso, noo&#8221;.<\/em><\/strong> Una l\u00e1grima corre por su mejilla.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Alejandra deja de hablar, escucha a su celular y nosotros la observamos; el venezolano, entonces, retoma: &#8220;<strong><em>Hace dos d\u00edas que no comemos. Yo no soy el problema, pero mi hijo tiene 5 a\u00f1os y tiene mucho hambre, tengo miedo que se enferme <\/em><\/strong>(el ni\u00f1o a upa, esconde la cabecita en el pecho de su padre), <strong><em>queremos pedirles una ayuda o, aunque sea, alguna sobra del almuer\u2026<\/em><\/strong>&#8220;, &#8220;\u00a1No me dejes, Ignacio, no me dejes!&#8221;, estalla Alejandra, &#8220;\u00a1Eres muy injusto! \u00a1No me cortes!&#8221;, y todos cogoteamos para regocijarnos con el espect\u00e1culo, atentos e intrigados.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Despu\u00e9s de un momento, el venezolano sigue: <em><strong>&#8220;Espero no haberlos molestado mucho, sepan entender nuestra tr\u00e1gica situaci\u00f3n, pero estamos desesperados&#8221;<\/strong><\/em>. Sin embargo todos miramos a Alejandra, a quien le cortan el tel\u00e9fono y lo guarda en su cartera mientras se agarra la cara: un hilo se desprende de su nariz y un joven le ofrece el asiento. <strong><em>&#8220;Espero que tengan un buen d\u00eda, que Dios bendiga a todos, gracias por escucharnos&#8221;<\/em><\/strong>, dice el venezolano y agarra fuerte a su hijo, pero nadie le lleva el apunte. <strong>Una ni\u00f1a le alcanza a Alejandra el pa\u00f1uelo de su madre, le estira la mano y la mira gravemente.<\/strong> El TrasMilenio toma una curva y el venezolano se tropieza con su hijo pero llega a sostenerse de un fierro.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">El cronista se ubica en un lugar estrat\u00e9gico. Alejandra, sentada, con la trompa tiritando, mira perdida por la ventana y sufre. Saca su celular, velozmente responde: <strong><em>&#8220;No puedes ser tan cruel conmigo, yo a ti te di todo. No puedes dejarme de nuevo por cualquier cosa. Eres un injusto&#8221;. <\/em><\/strong>Ignacio le hab\u00eda escrito: &#8220;No voy a aguantarme esa gritadera de nuevo. Eres una malcriada y no tengo por qu\u00e9 perdonarte despu\u00e9s de lo que me hiciste el mes pasado&#8221;. El bus frena y el venezolano se va. Llegamos al centro de la ciudad. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Al llegar a Bogot\u00e1 el cronista hace una primera pincelada: descubre coincidencias como en cualquier otra gran metr\u00f3poli, pero encuentra particularidades: bogotanos que trabajan 12 horas por d\u00eda y un nuevo fen\u00f3meno: una ciudad rebalsada de venezolanos que generan tensi\u00f3n en distintos puntos urbanos. <\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":17889,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"om_disable_all_campaigns":false,"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"_uf_show_specific_survey":0,"_uf_disable_surveys":false,"footnotes":""},"categories":[1999,1129,15],"tags":[675,221,2000],"class_list":["post-17650","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-colombia","category-en-foco","category-sociedad","tag-bogota","tag-cangrejo-en-retirada","tag-colombia"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17650"}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17650"}],"version-history":[{"count":4,"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17650\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":18022,"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17650\/revisions\/18022"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/17889"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17650"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17650"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17650"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}