{"id":15146,"date":"2021-04-02T18:11:07","date_gmt":"2021-04-02T21:11:07","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabife.com\/?p=15146"},"modified":"2021-04-26T16:08:50","modified_gmt":"2021-04-26T19:08:50","slug":"mordiscos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/2021\/04\/02\/mordiscos\/","title":{"rendered":"Mordiscos"},"content":{"rendered":"\n<p style=\"text-align:left\"><em>Gracias a Polo, por el ovillo<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>\u201cLa verdad es la primera v\u00edctima de la\nguerra\u201d<\/em><\/p>\n\n\n\n<p style=\"text-align:right\">frase atribuida a Esquilo<\/p>\n\n\n\n<p><em>Ilustraci\u00f3n realizada exclusivamente para el cuento por la artista pl\u00e1stica pampeana <\/em><strong><em>Mercedes Desch.<\/em><\/strong><em> <\/em><\/p>\n\n\n\n<p style=\"text-align:center\">&#8212;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap has-medium-font-size\">La\npunta de las olas, blanca, su ca\u00edda torpe pero elegante antes de hacerlo, con\nmovimientos azules, son mordiscos que el mar le mete a la costa, sin com\u00e9rsela\nnunca, como queriendo decirle algo. Eso es Mar del Plata. Nunca dej\u00f3 de ser\neso. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Sentado,\nlas distintas telas que us\u00e9 a lo largo del tiempo, no me sirvieron. No hubo una\nque no se me pegara al culo. Horas ac\u00e1, con el silbato colgado, los pelos del\npecho que son canas ahora, revueltos, doblados, abrasados por el sol, como\nescondidos por tanto calor e imponencia l\u00edquida.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">La\nvida del ba\u00f1ero es de una alerta tranquila. Te miran cuando llegan, se olvidan cuando\nse acomodan, y desapareces cuando se van. En ese orden. Estricto, rutinario. He\ncambiado el larga vistas unas tres veces en los a\u00f1os de mi oficio. Van saliendo\nmodelos mejorados, que te permiten divisar mejor a la gente, en la escollera,\ncon m\u00e1s precisi\u00f3n. Los gorros tambi\u00e9n los fui cambiando. Puedo dividir mi trabajo\nen base al relevo de mis gorros, sombreros, gorras. Lo tengo seccionado de ese\nmodo. Con obsesi\u00f3n. Porque playas, estuve siempre en esta de Mar del Plata.\nDesde que muri\u00f3 mi viejo -y yo ya sab\u00eda que seguir\u00eda su camino-, me hice cargo.\nLos ba\u00f1eros no somos un grupo sindicalizado ni mucho menos; cada uno en su\nsilla, mirando el horizonte movedizo del disfrute ajeno en cada temporada. Los\nsoldados tampoco lo fuimos ni somos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Lo\notro sucede cuando alguien se est\u00e1 ahogando y tenes la responsabilidad\ncompleta. Pero eso sigue siendo raro. Te metes, porque lo ves, y hay gente y\ngente. Lo trabas, porque muchos se hacen los ariscos, y aclaro que es mentira\neso de que los ba\u00f1eros les pegamos a los imprudentes, a los boludos imprudentes.\nLa cosa es que cuando vas llegando a la orilla, se te desprenden como si fueras\nun tibur\u00f3n, no quieren que los dem\u00e1s vean que los est\u00e1s sacando. La ecuaci\u00f3n es\nsimple: sal\u00eds solo, la gente ve que no hab\u00eda pasado nada, y tu trabajo se\nreduce a pantomima, mientras el casi ahogado se escurre por otro lado para no\nser visto. Y te la tenes que tragar. Pero las veces que alguien deja que llegues\nhasta la orilla, los aplausos te dejan sordo. Los tengo grabados en mi cabeza.\nComo los ruidos de los ca\u00f1ones.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Con\ntantos a\u00f1os de servicio a la comunidad pasaron muchas cosas. Pero nunca lo de\nla dentadura. Miro al costado y las repaso; la fila larga, ordenada y limpia,\nsin una marquita de arena. Fila como las que arm\u00e1bamos all\u00e1, en Malvinas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Hay\ntardes que son como deben haber sido los d\u00edas en los que Dios se puso a armar y\nordenar lo que tenemos. Esas tardecitas donde el sol parece no querer irse,\npara dejarle lugar a una noche que se pone roja ante la inmensidad de la playa.\nEn el punto exacto, ya que con el tiempo supe medirlo, justo cuando todav\u00eda se\npuede ver y antes de que se apaguen los rayos sobre el agua, cuando la gente se\nha ido, me meto al mar como si fuera una pileta universal. Nado o me dejo\nnadar; el agua tiene una temperatura constante, donde espero un cambio que no\nse produce. No necesito hacer brazadas, soy un corcho que no busca reposo.\nDicen que el agua relaja. Es as\u00ed, pero yo busco esos momentos de soledad,\ncuando los astros se alinean, cuando logro meterme en ese v\u00e9rtice entre la\ntarde y la noche, para esperar, para perturbarme y para buscar algo que se\ncorresponda con mi suerte.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Si\ntengo que enumerar alguna de las cosas que rompen esa calma acu\u00e1tica, pongo\nprimero los papeles de cualquier tipo, tama\u00f1o, de golosina, servilletas de\npapel, alguna vez plata. La gente no se da cuenta; despu\u00e9s, con olas escondidas\nque rompen en la espalda, alg\u00fan cangrejo, cerca del espig\u00f3n, o algas resbalosas.\nEncontr\u00e9 pa\u00f1uelos, restos de choclos, comida, los caracoles de siempre, pero la\nvez que eso me llam\u00f3 la atenci\u00f3n, no le err\u00e9. Nad\u00e9 hasta alcanzarlo, porque\nparec\u00eda brillar, aunque peque\u00f1o. Era una dentadura, bastante nueva, con\nalambres y un paladar de color carne como jam\u00e1s hab\u00eda visto. La hund\u00ed varias\nveces e intent\u00e9 reducir el asco; me ganaron la solidaridad y la l\u00e1stima. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">La\nllev\u00e9. Parec\u00eda un t\u00f3tem en la mesita de madera, apoyada como con ganas de\nvolver a su due\u00f1o. Parec\u00eda ser de una persona no muy mayor. Jugu\u00e9 acerc\u00e1ndomela\na la boca para ver si me entrar\u00eda, pero me quedaba grande. Era de una boca\namplia. Le pas\u00e9 un pedazo de toalla y la dej\u00e9 al lado del barquito pirata que\nme regalaron mis hijos, hechos con sus propias manos en la escuela y que me\nrecuerda siempre al otro, al que nos destruyeron.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Me\nacostumbr\u00e9 a pasarle un trapo. Digo eso porque al d\u00eda siguiente del\ndescubrimiento, la gente comenz\u00f3 a llegar habitualmente, pero la sent\u00ed como un\nhormigueo que me encerraba en mi casilla de vig\u00eda. Miraba a los ancianos, para\nsaber si los hijos los retar\u00edan por la p\u00e9rdida, algo inusual, alg\u00fan repentino\ncambio de ruta hacia el lugar donde clavar la sombrilla, para venir hasta donde\nyo estaba, y consultar. Ten\u00eda el meg\u00e1fono listo, pero, pese a mis a\u00f1os, me dio\nverg\u00fcenza hacerlo p\u00fablico. Ten\u00eda m\u00e1s de veinte como ba\u00f1ero y jam\u00e1s hab\u00eda\nencontrado una dentadura en el agua. Quien la hubiera perdido, al menos sabr\u00eda\nque fue en esta playa, la m\u00eda. De la que he sido due\u00f1o y se\u00f1or. En la que se\nahog\u00f3 solamente un joven pero por el golpe que se dio contra la roca; no lo\nsaqu\u00e9 desvanecido, sino muerto. Mi viejo me dijo que no olvidara la frase: <em>los mata y salva el mar, no vos<\/em>. Sabio\nmi viejo. Esa frase tambi\u00e9n me ayuda con lo otro. El respeto por encima de cada\ncosa. Algo que aprend\u00ed bien en la colimba, en Malvinas, y que llevar\u00e9 hasta que\nme muera. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Una\nsemana, la dentadura segu\u00eda intacta sobre la mesa. Lo coment\u00e9 en casa, pero no\ncaus\u00f3 el efecto que esperaba. Las jornadas en la playa segu\u00edan tranquilas.\nCharlaban conmigo algunas mujeres grandes, y sab\u00eda que las chicas j\u00f3venes que\nantes relojeaban al ba\u00f1ero hab\u00edan quedado en el pasado. El \u00fanico contacto m\u00e1s o\nmenos directo, lineal con ellas, era Rodolfo, el heladero. Un viejo afeitado\ncomo jam\u00e1s vi a nadie, siempre al ras, donde con el paso del tiempo se le\npod\u00edan ir viendo las l\u00edneas que le agrietaban la cara. De blanco, flaco, con\nnariz aguile\u00f1a y con pelitos revueltos en las orejas, era el que no perd\u00eda esa\nforma de hablar as\u00ed de las mujeres que pasaban caminando cerca nuestro cuando\nconvers\u00e1bamos un rato y \u00e9l contaba la plata que hab\u00eda hecho. Rodolfo se ri\u00f3\ncuando le cont\u00e9 lo de la dentadura. Me dijo que si ya no hab\u00eda aparecido nadie,\nla tirara al mar de nuevo. Que en eso de encontrar o perder, nadie sabr\u00eda m\u00e1s\nque yo. Le dije que mejor ser\u00eda preguntar a alguno que se acercara si era\ndentista y d\u00e1rsela, que por ah\u00ed le serv\u00eda. O llevarla a un consultorio. Pero,\nla verdad, decid\u00ed qued\u00e1rmela, envuelta en un pedazo de toalla, a la espera de\nque la buscaran, para no olvidarme.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">La\nsegunda fue mucho m\u00e1s peque\u00f1a. De un pibe joven, o para la boca de un enano\n\u00bfCu\u00e1ntos enanos habr\u00edan pasado por mi playa en tanto tiempo? No m\u00e1s de veinte.\nVendr\u00eda seguro a buscarla. La encontr\u00e9 cerca de la orilla, danzando como un\ntornado artificial en miniatura. Estaba bastante m\u00e1s sucia, mucho m\u00e1s usada. S\u00e9\nigualmente que podr\u00edan haber venido de las playas de al lado, porque un objeto\ntan chico no se frena con nada. Esa dentadura no s\u00f3lo me entraba, sino que\npodr\u00eda masticarla hasta deshacerla si quer\u00eda, de lo peque\u00f1a y vulnerable. La\npuse al lado de la otra.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">A\nesta le tom\u00e9 la man\u00eda de limpiarla cada vez que llegaba al puesto. Siempre la\nve\u00eda sucia, y hasta a veces cuando me met\u00eda al agua, para refrescarme, lo hac\u00eda\ncon ella en la mano, para sacarle el salitre entre las enc\u00edas falsas y los\ncolmillos. Tom\u00e9 la costumbre de preguntarles a quienes se acercaran -sin\ndecirlo directamente- si hab\u00edan perdido algo en el agua, o si conoc\u00edan a gente\nque hubiera perdido algo. Lo m\u00e1s com\u00fan, como dije, eran los aros, anillos,\nbilleteras. Pero no pasaba nada con las dentaduras. Al meg\u00e1fono lo tom\u00e9 para\nanunciar las tardes con el mar ventoso y bastante traicionero, cuando los\nadolescentes borrachos sacaban y acostaban la bandera roja como si fuera la\ngran broma. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Mar\ndel Plata no descansa. Tampoco en oto\u00f1o. Viene gente (del sur, donde hace mucho\nfr\u00edo) y les parece el Amazonas. No se meten al mar pero disfrutan el mate cerca\nde la orilla, el viento, el sonido del agua. Nunca me gust\u00f3, y siempre me caus\u00f3\nimpresi\u00f3n la lana en medio de la playa. De chico me pas\u00f3 eso. Son incompatibles\npara m\u00ed. Pero esta gente tra\u00eda sus pul\u00f3veres largos y pesados y se echaba en\nlas reposeras a leer o a charlar. A m\u00ed me picaba mucho, y cuando fui a Malvinas\ny tuve que usarlos, antes de esperar instrucciones y dividirnos, fue la\nsensaci\u00f3n de estar entre apresado y con miles de abejas camin\u00e1ndote por el\ncuerpo. Los visitantes m\u00e1s valientes se mojaban un poco, aunque sal\u00edan cagados\nde fr\u00edo, as\u00ed que deb\u00eda estar atento. Pero esa chica que medio se bande\u00f3 para un\ncostado peg\u00f3 un grito que rompi\u00f3 mi tranquilidad. Sal\u00ed volando; cuando llegu\u00e9, le\nlat\u00eda el coraz\u00f3n como un tambor; morada y muy asustada estaba. La tranquilic\u00e9 y\nfui sacando del agua sin problemas. Menos mal que no pas\u00f3 nada. Porque estas\nreputaciones, o las fatalidades repetidas, te condenan. Menos mal que ella no\nse dio cuenta; pas\u00f3 cerquita y la agarr\u00e9 con la mano libre: una dentadura oto\u00f1al.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Esta\nten\u00eda los dientes separados. Ya habr\u00eda terminado la indagaci\u00f3n. Tan poca gente\nse hab\u00eda metido en el agua en esta \u00e9poca que seguramente vendr\u00eda de otro lado,\nde otra playa. Consegu\u00ed un balde met\u00e1lico, no tan grande, y met\u00ed las tres\nadentro. La cuesti\u00f3n era esperar. Las dentaduras se mov\u00edan en el balde (cuando\nle daba pataditas) de la forma en que lo hab\u00eda hecho el barco. Era una imagen\nnost\u00e1lgica, no siniestra. no s\u00e9 si yo sent\u00eda dolor. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Cuando\nencall\u00f3 el lobo marino tuve que acercarme porque la gente no entend\u00eda; un poco\nm\u00e1s y le met\u00edan el celular adentro de la boca. Lo tocaban y acariciaban con\nfuerza, y a esos bichos esas cosas los ponen muy nerviosos, hay que dejarlos\ntranquilos. Tengo a\u00f1os y por eso s\u00e9 c\u00f3mo tratar al turista que cree sab\u00e9rselas completas.\nSe la hago cortita, y ante mis respuestas no pueden decirme nada. Una sola vez\nun viejo me tir\u00f3 unos manotazos cuando le ped\u00eda que no molestara a unas chicas\nen el agua pero no pas\u00f3 a mayores. Pero hay gente y gente. La da\u00f1ina y de la\notra. La que se acuerda y la que no. Anduvo todo bien. Cuando volv\u00ed a mi silla,\nlas dentaduras no estaban.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Habr\u00eda\nuna cuarta, una quinta. Cu\u00e1ntas m\u00e1s habr\u00e1, en el agua caliente, por los pedazos\nbrillantes del barco. Alg\u00fan est\u00fapido que quiera hacer un chiste se las llev\u00f3.\nQuiero aflojarme la dentadura entera para ponerla en el balde. \u00bfLas habr\u00e1n\nenterrado en la arena? Cuando busqu\u00e9 perderme otra vez entre la poca gente que\nestaba junto al lobo marino, s\u00f3lo vi al animal agotado; quer\u00eda y no quer\u00eda\nvolver al agua. Estos bichos -me supo decir un especialista hace tiempo,\nvisitante de estas playas- son lo m\u00e1s indecisos que existe en la fauna marina.\nAlgo as\u00ed me hab\u00eda explicado. Quedan encallados y no saben, pero no saben en\nserio lo que quieren, si volver al agua o quedarse en la arena. Yo no formo\nparte de ese gremio, le supe contestar al estudioso; yo, en Malvinas, supe qu\u00e9\nhacer, pero eso tampoco es garant\u00eda de nada. Cuando se tiraron algunos, yo los\nimpuls\u00e9 a que lo hicieran, que no se sacaran las botas, que as\u00ed nom\u00e1s. Yo ya\nsab\u00eda nadar bien. Y pens\u00e9 que los otros tambi\u00e9n. Encima el humo, el fuego, el\nfr\u00edo. El lobo marino me los trae. No qued\u00f3 ni siquiera un chico con celular\npara filmarlo o sacarle fotos. Lo acarici\u00e9. Le abr\u00ed grande la boca, bien\ngrande. Algunos colmillos blancos; otros, dientes negros como la noche de la\nplaya sin estrellas. El aliento del animal me retuvo e hizo olvidar las\ndentaduras. Grit\u00f3. Me entendi\u00f3. Le cerr\u00e9 la boca y le pegu\u00e9 un cachetazo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Al\notro d\u00eda no dije nada. Esper\u00e9 tres d\u00edas m\u00e1s. Una semana. No era temporada. Iba\npoca gente a comparaci\u00f3n del verano. Buscaba en la arena, en las miradas de las\nviejas y viejos. Nada. Una semana y media. Pese al fr\u00edo (el ba\u00f1ero tiene la\npiel tan salinizada, que tard\u00e9 mucho m\u00e1s en tenerlo y sentirlo) me met\u00ed al agua\nen la soledad del crep\u00fasculo. Abr\u00ed los ojos, aunque pens\u00e9 que por c\u00e1bala era\nmejor cerrarlos. Manoteaba papeles, envoltorios de galletitas. Llegu\u00e9 mar\nadentro ante alg\u00fan breve destello, pero no eran dentaduras. Ser\u00eda mi edad,\nestaba grande, y me molestaba saber que no podr\u00eda ir a entregarlas a un\nconsultorio, no pod\u00eda hacer lo que correspond\u00eda, lo que se ense\u00f1a, lo que me\ndijeron en la colimba. De mi viejo tambi\u00e9n aprend\u00ed eso: el respeto por el mar,\nque es el que mata y salva, y el respeto del hombre y el soldado por el otro,\npor el civil, y que debe hacer lo que corresponde cuando corresponde. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Las\npilas del meg\u00e1fono no andaban; hac\u00eda la pantomima de pon\u00e9rmelo y levantar la\nvoz yo mismo; otra ense\u00f1anza de mi viejo. No gastar p\u00f3lvora en chimangos, ya\nque lo que dec\u00eds, no le interesa a la gente. A la mayor\u00eda, al menos, no. Pero\nlevant\u00e9 la voz y lo dije sin verg\u00fcenza (mis hijos me pidieron que no lo\nhiciera): que si alguien encontraba alguna dentadura me la acercara, que la\nestaba buscando su due\u00f1o y que yo no dec\u00eda el nombre por respeto, por resguardo\nde la persona. Esperaba encontrar las tres. Esper\u00e9. Casi un mes. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Una\nnena, adolescente, de unos catorce a\u00f1os m\u00e1s o menos, medio renga, me alcanz\u00f3 la\nprimera. Le cost\u00f3 llegar, y me sent\u00ed desobediente de mis valores cuando le ped\u00ed\nque subiera por la escalerita hasta arriba. Lo hizo; cuando la tom\u00e9, no pude\nreconocer cu\u00e1l de las tres era. Le agradec\u00ed y se fue enseguida para ser\nalcanzada por su madre, que estaba con los brazos en jarra, esperando su\nregreso, y que me levant\u00f3 la mano una vez que yo lo hice. No pude preguntarle\nen d\u00f3nde la hab\u00eda encontrado. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Esta\ncasillita arriba de la escalera me la gan\u00e9 con muchos a\u00f1os de esfuerzo. De\ncumplir, con la Patria y con el mar, que es la Patria de los veraneantes.\nSentado ah\u00ed arriba, la panza roja y los pelos blancos de la panza cada vez m\u00e1s\nquemados, doblados y mojados, fui testigo de lo que pas\u00f3. Lleg\u00f3 una anciana con\npoqu\u00edsimos dientes, y me acerc\u00f3 otra. La hab\u00eda encontrado cerca del espig\u00f3n,\nentre tanzas y caracoles. Hablamos de c\u00f3mo el mar te da hambre, y ella dijo que\nno pod\u00eda masticar bien los churros calientes, porque se quemaba, y que ah\u00ed, en\nesa playa, subiendo las escaleras, estaba el puestito de los churros m\u00e1s ricos.\nMir\u00e9 la dentadura y ten\u00eda los caninos largos, las paletas de adelante enormes.\nPara una boca grand\u00edsima. La dej\u00e9 en el balde con la anterior; le regal\u00e9 un pin\nde Malvinas que ten\u00eda pegado en la pared de madera hac\u00eda a\u00f1os. \u201cNo se come,\npero algo es algo\u201d, le dije. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Una\nfamilia con perros incluidos -son una debilidad los labradores- me acerc\u00f3 la\ndentadura chiquita, esa s\u00ed era la que me hab\u00edan robado; estaba un poco sucia,\ncon arena, medio verdosa. Rodolfo se qued\u00f3 m\u00e1s tiempo al lado m\u00edo; se quedaba sin\nque se lo pidiera, esperando que viniera m\u00e1s gente a acercarme dentaduras. A \u00e9l\nle interesaban las chicas, lo sab\u00eda porque lo conoc\u00eda, y el muy zorro se iba\nperfumado, con la bici y la gran estructura de telgopor con los helados, sucia,\npercudida. Algunas personas son de otra clase, es cierto, como esas chicas con\nbronceados que parecen de J\u00fapiter, por el color entre zanahoria y negruzco que\nles deja la piel como de sirenas africanas; un par de esas, con anteojos de\nmoscas, esos tatuajes que se usan ahora en la espalda, en las piernas, que son\nhorribles, y nunca suplantar\u00e1n una condecoraci\u00f3n de guerra, me trajeron en una\nbolsita de nylon una de abajo, con dientes flojos, pero era una dentadura.\nRodolfo se qued\u00f3 mir\u00e1ndoles el culo y, cuando se dieron cuenta, empezaron a\ncaminar para el otro lado. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">\u201cAhora\nvas a poder llevarlas a los consultorios\u201d, dijo adivin\u00e1ndome el pensamiento.\nPero ya no quer\u00eda tanto eso. Era un deber civil, o hacer lo que correspond\u00eda,\npero no quer\u00eda hacerlo ahora, al menos en lo inmediato. El balde met\u00e1lico estaba\nlleno de dentaduras. En mi casa mis hijos ya ten\u00edan algunas en los cuartos,\narriba del televisor, se usaban como jaboneras en el ba\u00f1o, como portarretratos\n(se pon\u00eda una foto en medio de la peque\u00f1a cesura de alg\u00fan diente, por la cual\nse sosten\u00eda). Pero as\u00ed como en la\n\u00e9tica&nbsp; (de la que hablaba mi viejo) el\nmal es una consecuencia del bien (me di cuenta yo), as\u00ed, en realidad, de la\nalegr\u00eda nace la pena. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Lleg\u00f3 otra temporada de verano. Despu\u00e9s otra.\nOtras m\u00e1s le siguieron. Pasar un d\u00eda de verano, a la tarde noche, concentrado\nen una sombra chiquita y extra\u00f1a que flota sobre el mar, es tambi\u00e9n una\nocupaci\u00f3n. Sentir la pena, el mordisc\u00f3n de los cuerpos de los camaradas que\nflotaron hasta donde pudieron cuando los ingleses de mierda hundieron el barco.\nNo lo pensamos. No lo tuvimos en cuenta. Las tres o cuatro veces que vinieron\nlos intendentes de Mar del Plata, fue para traerme alg\u00fan cart\u00f3n vidriado como\nex combatiente de Malvinas, (uno de esos me dijo que iba a interceder para que\nfuera a lo de Mirtha Legrand, en el verano, cuando hac\u00eda el programa ac\u00e1, pero\ndespu\u00e9s, como no me llamaron, me sali\u00f3 con que el 2 de abril en este hemisferio\njam\u00e1s coincid\u00eda con el verano, ni con la emisi\u00f3n del programa), acompa\u00f1ado de\naplausos, algunas sirenas y un plan para comprar salvavidas y botes para el\nequipo de guardavidas de la costa argentina.&nbsp;&nbsp;&nbsp;\n<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Las veo; las dentaduras son como beb\u00e9s. No pueden\nhablar. Pero guardan, o deben guardar lo que sus due\u00f1os se olvidaron de decir.\nYo les dije a algunos soldados que se tiraran del crucero Belgrano, que\nintentaran nadar, los grados de temperatura no son algo mental, sino que se te\nmeten en el cuerpo, eso tambi\u00e9n dec\u00eda mi viejo. Dec\u00eda que con el fr\u00edo, tenes\nque cuidar m\u00e1s el coraz\u00f3n y las palpitaciones que los m\u00fasculos. Algunos me\ndicen el coleccionista. Tantos dientes y tan poco para decir. Mi vida de ba\u00f1ero\nha sido y es m\u00e1s silenciosa que el mar sereno, ac\u00e1 en Mar del Plata: la gente\nes la que hace el bochinche, los bolonquis. El agua no se queja. Los camaradas\nque est\u00e1n muertos tampoco. No s\u00e9 si las voy a llevar a alg\u00fan consultorio.\nSeguir\u00e9 haciendo mi trabajo lo mejor posible. As\u00ed como no me gustan los\ntatuajes, tampoco voy a decir que me gusta hacerme la cabeza con problemas. Y\nmiren que tiempo he tenido y tengo. La espuma de las olas siempre sigue dando\nesos mordiscos que yo veo, y que pinchan, molestan, quieren decir algo. Aunque\nno les interese ninguna respuesta.&nbsp;&nbsp; <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\"><em>cuento perteneciente al libro <\/em>Hueso al cielo<em>. Alci\u00f3n. 2018<\/em><em><\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Gracias a Polo, por el ovillo \u201cLa verdad es la primera v\u00edctima de la guerra\u201d<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":15147,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"om_disable_all_campaigns":false,"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"_uf_show_specific_survey":0,"_uf_disable_surveys":false,"footnotes":""},"categories":[1129,20],"tags":[],"class_list":["post-15146","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-en-foco","category-literatura-pampeana"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15146"}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=15146"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15146\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":15150,"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15146\/revisions\/15150"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/15147"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=15146"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=15146"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=15146"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}