{"id":1445,"date":"2019-12-28T09:54:56","date_gmt":"2019-12-28T12:54:56","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabife.com\/?p=1445"},"modified":"2019-12-28T09:54:58","modified_gmt":"2019-12-28T12:54:58","slug":"entre-los-montes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/2019\/12\/28\/entre-los-montes\/","title":{"rendered":"Entre los montes"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-drop-cap has-medium-font-size\">&nbsp;&nbsp; El sol rasgu\u00f1aba por quedarse cuando el hombre decidi\u00f3 que se hac\u00eda tarde. Agarr\u00f3 una lata de veinte litros, la llen\u00f3 de ma\u00edz y camin\u00f3 hacia los corrales, mientras el nene, temblando, jugaba arriba del rastrojero: giraba a cada rato la llave, poni\u00e9ndolo en contacto, sin llegar a arrancarlo. Escuch\u00f3 el grito del hombre y las cachetadas que le daba a la lata para llamar a los chanchos, que entraban como demonios al corral. De pronto, nuevamente, le subi\u00f3 esa sustancia liquida, aguachenta, mas amarilla que blanca, que despidi\u00f3 por la ventanilla. Ten\u00eda los ojos achinados, la cara arrugada de hacer fuerza, le dol\u00eda todo, el hambre y el frio, tambi\u00e9n el miedo y la impotencia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">&nbsp;&nbsp; El hombre tir\u00f3 la lata dentro de un silo vac\u00edo, bastante podrido y sin uso y camin\u00f3 hacia el rastrojero, pisando, sin darse cuenta, el v\u00f3mito del nene.<\/p>\n\n\n\n<ul class=\"wp-block-list\"><li>Corr\u00e9te para all\u00e1, haber; sent\u00e1te ah\u00ed, haber. Ya salimos para el pueblo.<\/li><li>Me duele la cola \u2013 dijo el nene, con un hilito de voz.<\/li><li>Tu madre ni un puto pul\u00f3ver te mand\u00f3. Tendr\u00e1s que aguantar \u2013 dijo el hombre, rudo, pero no enojado, evadiendo el comentario del nene.<\/li><li>Me duele.<\/li><\/ul>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">&nbsp;&nbsp; El hombre gir\u00f3 tres veces la llave sin conseguir respuesta del motor. Sab\u00eda que no ten\u00eda m\u00e1s bater\u00eda, sin embargo baj\u00f3, puteando como un descosido y abri\u00f3 el capot. Golpe\u00f3 los bornes de la bater\u00eda con una tenaza y prob\u00f3 darle arranque de nuevo. Nada. Prob\u00f3 arrancarlo directamente del burro. Nada.<\/p>\n\n\n\n<ul class=\"wp-block-list\"><li>Me quiero morir \u2013 grit\u00f3 mirando al cielo, o la poca claridad de cielo que quedaba en el oeste.<\/li><li>Vos, nene, baj\u00e1te \u2013 el nene estaba apoyado contra la puerta del asiento acompa\u00f1ante, con las manos en la entrepierna. Lo miro como diciendo que ya no ten\u00eda fuerza ni para llorar.<\/li><li>Baj\u00e1te te digo. \u00a1A empujar!<\/li><\/ul>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">&nbsp;&nbsp; El nene baj\u00f3 y casi vomita de nuevo. Camin\u00f3 hacia detr\u00e1s del rastrojero. Parec\u00eda un trapo colgado en un hilo de alambre.<\/p>\n\n\n\n<ul class=\"wp-block-list\"><li>Ah\u00ed est\u00e1, bien nene, cuando te diga empujamos \u2013 as\u00ed hicieron, pero el rastrojero apenas se movi\u00f3. El hombre se sent\u00f3, golpeando el volante, puteando a la virgen Mar\u00eda, cuando escuch\u00f3 un golpe seco que vino de donde estaba el nene. Camin\u00f3 hacia atr\u00e1s y lo encontr\u00f3 en el suelo con un tajo en la frente<\/li><li>Qu\u00e9 te pas\u00f3 nene, cabeceaste el enganche \u2013 el hombre lo levant\u00f3 de las axilas y observ\u00f3 como le costaba sostenerse sobre sus gastadas piernas y la gota de sangre que le bajaba por el contorno del ojo izquierdo.<\/li><li>Tom\u00e1, limpi\u00e1te con esto \u2013 le alcanz\u00f3 un trapo engrasado, mientras lo segu\u00eda observando, gozoso, con los brazos en jarra.<\/li><li>Vamos a tener que caminar \u2013 dijo al rato. Solo se ve\u00eda las siluetas de las cosas \u2013. Por la calle hasta ma\u00f1ana no llegamos; vamos a cruzar el monte para acortar camino.<\/li><\/ul>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">El nene miraba la silueta del campo y lo \u00fanico que quer\u00eda era tirarse donde sea y dormir; ya no pensaba en comer, el hambre se le hab\u00eda transformado en algo ilusorio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">&nbsp; Atravesaron un cuadro de alfalfa y otro de avena espigada en donde los novillos se les acercaban como sorprendidos. Bichos curiosos, pens\u00f3 el hombre.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">&nbsp;&nbsp; La noche que crec\u00eda con furia venia sin luna, y apenas con una brisita que ol\u00eda a tierra mojada. All\u00e1, bien abajo, se pod\u00eda ver refusilar.<\/p>\n\n\n\n<ul class=\"wp-block-list\"><li>No creo que llueva \u2013 dijo el hombre, supersticioso.<\/li><\/ul>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Faltaban veinte metros para penetrar en el monte, en la oscuridad del monte, con sus afiladas espinas. El nene ten\u00eda la sensaci\u00f3n que caer\u00eda en cualquier momento; su mente se neutralizaba y, solo con esfuerzo, pod\u00eda evocar im\u00e1genes de su madre, de su casa, de su abuelo, de la escuela, que eran una mezcla de recuerdos y proyecciones que las ve\u00eda lejanas, como presintiendo que no saldr\u00eda nunca m\u00e1s de donde estaba y todo lo que deseaba era insignificante, sin valor. Claro que todo esto no lo pensaba, pues el desgaste se lo imped\u00eda. La sensaci\u00f3n le ven\u00eda de lo m\u00e1s hondo de su esp\u00edritu, como solo los agonizantes pueden sentir. Estaba resignado, pero no pensaba en ello. De pronto dio un suspiro y las piernas se les aflojaron.<\/p>\n\n\n\n<ul class=\"wp-block-list\"><li>Levant\u00e1te, cag\u00f3n \u2013 dijo el hombre \u2013 que quedan cuatro leguas de monte.<\/li><\/ul>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">&nbsp;&nbsp; Comprendi\u00f3 que el nene no caminar\u00eda diez metros m\u00e1s que volver\u00eda a caerse. Sinti\u00f3 rabia por compadecerse del nene. Carajo, se dijo, es un ser humano pero a su vez no. La madre es la culpable.&nbsp;<em>Puta<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<ul class=\"wp-block-list\"><li>Sub\u00edte ah\u00ed \u2013 le indico una ra\u00edz de eucalipto \u2013 mov\u00e9te! Te voy a llevar un trecho a caballito. As\u00ed, pone las piernas ac\u00e1 en los hombros.<\/li><\/ul>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">&nbsp;&nbsp; Se sobresalt\u00f3 cuando sinti\u00f3 la humedad de los pantalones del nene sobre su nuca. Se debe haber meado cuando cay\u00f3, pens\u00f3. El nene se resist\u00eda a dormirse.<\/p>\n\n\n\n<ul class=\"wp-block-list\"><li>Me g\u00fcele\u2026 ucho \u2013 La voz ya no sal\u00eda, todo su interior se paralizaba.<\/li><\/ul>\n\n\n\n<p>&nbsp; El hombre pens\u00f3 en evadir nuevamente el comentario. Sin embargo dijo:<\/p>\n\n\n\n<ul class=\"wp-block-list\"><li>\u00a1Bah! No es para tanto \u2013 imagin\u00f3 a la madre del nene llorando, corriendo de ac\u00e1 para all\u00e1, subiendo y bajando escaleras, gritando; abrazada con el demonio de la abuela, con las rodillas rojas de rezar, los ojos como compota. Quiz\u00e1 el padre del nene tambi\u00e9n, arrepentido de lo que hizo, se hubiese puesto a buscar al nene, pero sin esfuerzo, solo lo mover\u00eda una sensaci\u00f3n de verg\u00fcenza, dir\u00eda que ese era su deber a pesar de la paliza que le dio a la mujer por haberle dicho siete a\u00f1os despu\u00e9s que era el padre de su hijo. Se lo mereci\u00f3, pens\u00f3 el hombre, lamento haber llegado tarde y golpearla yo tambi\u00e9n.<\/li><\/ul>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">&nbsp;&nbsp; As\u00ed caminaba, pensando en la infausta venganza, en el castigo a la mujer (el nene no ten\u00eda nada que ver, tan solo ser\u00eda un mero instrumento, el l\u00e1tigo del castigo) para no pensar en la humedad que no cesaba de los pantalones del nene, sabiendo que era algo m\u00e1s que orina.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">&nbsp;&nbsp; La silueta del hombre, \u2013 crecida ahora unos treinta cent\u00edmetros \u2013 se adentraba entre los caldenes, despu\u00e9s de haber puteado por el rasgu\u00f1o de los cha\u00f1ares que estaban en las afueras del monte. El nene a cada paso se volv\u00eda mas pesado. El hombre ten\u00eda las pantorrillas irritadas y necesitaba fregarse. Si bajo al nene ac\u00e1 no lo podr\u00e9 volver a subir, pens\u00f3. Tengo que aguantar.<\/p>\n\n\n\n<ul class=\"wp-block-list\"><li>El monte es un infierno en la oscuridad \u2013 dijo, esperando una respuesta del nene que \u00e9ste no dio; ya estaba s\u00fabitamente dormido, la cabeza inclinada ligeramente sobre su hombre izquierdo, como Jesucristo. En cualquier momento rodamos los dos, pens\u00f3 el hombre que cada paso que hac\u00eda era con cautela, nervioso, indeciso; ten\u00eda la sensaci\u00f3n de que tropezar\u00eda con alg\u00fan tronco o meter\u00eda el pie en una cueva de peludos.<\/li><\/ul>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/pamparevista.files.wordpress.com\/2019\/01\/20.jpg?w=720\" alt=\"$_20\" class=\"wp-image-3420\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">&nbsp; La noche cobraba su m\u00e1s siniestra personalidad, oscura, inundada de estrellas, indiferente, mon\u00f3tona. El suave olor a tierra mojada desapareci\u00f3 en el monte. Todo se resecaba, hasta el ruido de los palitos al quebrarse, ese murmullo de los pastos punas. El hombre pasaba del frio al calor y del calor al sue\u00f1o, sab\u00eda que estaba por enfermarse y le produc\u00eda placer la idea de estar en una cama con 39 grados de fiebre, como cuando la madre del nene le pon\u00eda pa\u00f1os fr\u00edos en la frente y le acariciaba la cara, el pecho; ah qu\u00e9 mujer, qu\u00e9 mujer, pens\u00f3 el hombre, si me hubiese escuchado lo que dec\u00eda\u2026 va aprender; se tiene que curtir para aprender. Qu\u00e9 mujer, qu\u00e9 mujer. Sinti\u00f3 un escalofr\u00edo cuando le asalt\u00f3 la idea de que el otro hombre no ten\u00eda derecho de pegarle a la mujer, que esa era su tarea y no lo hizo. Sinti\u00f3 verg\u00fcenza, deseos de no existir o dejar de existir, desaparecer; puso los ojos firmes y se dijo en voz alta \u201cno m\u00e1s salga de ac\u00e1 ver\u00e1 lo que es un hombre\u201d. Fuertes deseos de matar al otro hombre le sub\u00edan de las entra\u00f1as, estaba convencido que as\u00ed lo har\u00eda si sal\u00eda del monte antes del amanecer.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">&nbsp;&nbsp; El nene se sobresalt\u00f3 cuando una rama le ros\u00f3 la frente. Nada se ve\u00eda, pero se pod\u00eda suponer sus ojos desorbitados, austeros, cargados de nada, como piedras en un arroyo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">&nbsp;&nbsp; El camino se repite o todas las plantas es la misma, pensaba el hombre cuando sinti\u00f3 que el nene comenz\u00f3 a sollozar.<\/p>\n\n\n\n<ul class=\"wp-block-list\"><li>Silencio \u2013 dijo el hombre -. No puedo pensar y no podemos caminar toda la noche -. Le repiti\u00f3&nbsp;<em>silencio<\/em>, pero el nene, parec\u00eda hablar dormido, diciendo nada inteligible. Se sobresaltaba de a ratos, como si tuviese chuchos de frio (quiz\u00e1 los ten\u00eda), buscaba levantar la cabeza, decir algo. El hombre comenz\u00f3 a incomodarse y a sentir miedo, un miedo similar que se siente al estar en un cementerio de noche, con esa pizca de incomodidad, de incorrecto, de absurdo.<\/li><li>Pap\u00e1\u2026<\/li><li>Yo no soy tu pap\u00e1, mierda. Call\u00e1te y d\u00e9jame pensar.<\/li><\/ul>\n\n\n\n<p>&nbsp; El nene parec\u00eda despertarse, su voz era grave, severa, t\u00edmida, pero a su vez segura, indiferente a quien escuchara.<\/p>\n\n\n\n<ul class=\"wp-block-list\"><li><em>Los conejos se mueren, pap\u00e1\u2026<\/em><\/li><li>\u00bfQu\u00e9 dec\u00eds? Call\u00e1te quer\u00e9s.<\/li><li><em>Los conejos viven presos pero si son libres tambi\u00e9n mueren. Un perro los mata. Un chancho los mata. \u00bfuna vaca los mata, pap\u00e1?<\/em><\/li><\/ul>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp; El hombre callaba, no le importaba que el nene hablara, todo lo contrario, lo distra\u00eda, le daba valor para seguir caminando, se olvidaba de la sed y del sue\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<ul class=\"wp-block-list\"><li><em>Mam\u00e1 es un conejo chiquitito \u00bfPor qu\u00e9 los conejos viven en una jaula? Porque afuera los matan. Adentro tambi\u00e9n los matan. Mam\u00e1 es un conejo. Pap\u00e1.<\/em><\/li><li>No me digas pap\u00e1.<\/li><li><em>El piso est\u00e1 lleno de pelos blancos. Pap\u00e1. En la tierra. En la gramilla. El viento los mueve \u00bfel conejo? Todo es pelo. \u00bfC\u00f3mo se mata a un conejo? Todo es pelo, pelo, pelo.<\/em><\/li><li>La puta que te pari\u00f3 \u2013 comenz\u00f3 a murmurar el hombre -. La puta que te pari\u00f3. \u00bfqu\u00e9 es lo que dec\u00eds? \u00bfqu\u00e9 mierda dec\u00eds? \u00bfte est\u00e1s volviendo loco, eh? -. El hombre ten\u00eda los ojos llenos de l\u00e1grimas, no se soportaba m\u00e1s, y ahora el nene que habla solo. Dios, Dios, pens\u00f3 el hombre, \u00bfpor qu\u00e9 no me llevas? Llev\u00e1me, mir\u00e1 como estoy, ya hice todo, llev\u00e1me, \u00bfno me ves arruinado, in\u00fatil, re-in\u00fatil? No sirvo m\u00e1s para nada. La puta que te pari\u00f3, Dios, me cago en vos y en la Virgen.<\/li><\/ul>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp; El nene comenz\u00f3 a cantar, con un ritmo agotado, parsimonioso, similar a una canci\u00f3n religiosa. El hombre crey\u00f3 que le explotar\u00eda la cabeza. Qu\u00e9 voz tan, tan, tan deprimente, ay, ay \u00a1call\u00e1te!<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<em>Hay que morir como mueren los conejos<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Desapareciendo y dejando sus pelos<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ah, ah, sus blancos pelos<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u00bfAd\u00f3nde van a parar los conejos?<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Despu\u00e9s de muertos. Despu\u00e9s de muertos.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp; As\u00ed cantaba el nene.<\/p>\n\n\n\n<ul class=\"wp-block-list\"><li>Call\u00e1te \u2013 grit\u00f3 el hombre e hizo un movimiento con la espalda y los hombros para que el nene cayera, de espalda, contra el pastizal del monte. Se escuch\u00f3 un golpe seco, una vibraci\u00f3n en la tierra, el silencio del canto del nene. Segu\u00ed cantando ahora, balbuce\u00f3 el hombre, haber, vamos. Lo miraba, estaqueado al suelo, una brisa le secaba el sudor, esperaba sin pesta\u00f1ar a que el nene moviera una pierna. \u00bfY? dijo el hombre, \u00bfte vas a levantar? Se agach\u00f3 en busca de algo de vida, la oscuridad parec\u00eda haber dejado de ser un obst\u00e1culo. Se par\u00f3 de golpe, tenso, alerta, y le dio una patada en las costillas. Qu\u00e9 asco, pens\u00f3. Le puso una mano en el pecho y not\u00f3 que no respiraba. Tan solo un desmayo, murmur\u00f3. Dio tres, cuatro vueltas alrededor del nene, estudi\u00e1ndolo, comenzando a experimentar cierto placer al imaginarlo muerto. Vos no ten\u00e9s la culpa, pens\u00f3 el hombre, sos un nene y nada m\u00e1s, pero esa mujer de tu madre tiene que aprender a respetarme. Llor\u00f3 en silencio, se ahogaba en su propio llanto, sintiendo una repugnante levedad en todo su cuerpo. Sac\u00f3 una piola de uno de los bolsillos y le mane\u00f3 las piernas, dejando que sobrara un metro y algo. Sin esperar, sin dejar de llorar si quiera, comenz\u00f3 a tirar eso que de a poco se iba convirtiendo en un cad\u00e1ver<\/li><\/ul>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/pamparevista.files.wordpress.com\/2019\/01\/received_223606391897126.jpeg?w=720\" alt=\"received_223606391897126\" class=\"wp-image-3421\"\/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">&nbsp;&nbsp; Despu\u00e9s de \u00bf8, 9, 10 horas? El hombre sigui\u00f3 caminando, sin un rumbo fijo, arrastrando los pies, m\u00e1s dormido que despierto, neg\u00e1ndose advertir la quemaz\u00f3n de la soga en su hombro derecho. Ignoraba que el cielo comenzaba a palidecer y el pastizal tomaba su color. Un jilguero le cantaba al alba. Se iba despertando a medida que el suelo aumentaba su brillo y la brisa de la ma\u00f1ana, fresca, se met\u00eda entre sus harapos. Cada vez que abr\u00eda los ojos olvidaba donde estaba, solo parec\u00eda seguro en sus pesadillas. Oy\u00f3 el ruido de un tractor, lejano, y esto lo termin\u00f3 de despabilar. Escupi\u00f3 unas cuantas veces la saliva amarga de su boca. Comenz\u00f3 a reconocer el lugar, los caldenes se separaban, aparec\u00edan, ahora, algunos olmos, firmes y altos, danzando al comp\u00e1s del viento. Este es el monte del viejo \u00c1lvarez, pens\u00f3 el hombre, tratando de levantar la cabeza y darle una ojeada al lugar, olvidado de que tra\u00eda a la rastra al nene, que iba con la remerita levantada, los brazos hacia arriba de su cabeza, sus ojos desorbitadamente abiertos. El hombre vio una aguada vac\u00eda; m\u00e1s all\u00e1 los corrales rotos, con los postes flojos y podridos y sin un alambre firme. Qu\u00e9 viejo abandonado este \u00c1lvarez, pens\u00f3 el hombre, con una mueca de sonrisa. En la loma estaba el molino y el tanque, tambi\u00e9n vac\u00edo, rajado en varias partes. El hombre camin\u00f3 hacia la loma y ah\u00ed, por primera vez en toda la noche, tom\u00f3 un descanso, sin soltar la soga del nene, sin sentarse, acodado al tanque, soportando el frio y el hambre, las ganas de llorar y el fracaso. Perniabierto, orin\u00f3 contra el cemento del tanque, mientras se daba cuenta que su cuerpo se enfriaba y comenzaban a aparecer los dolores del camino: las tres espinas, el tajo del alambre p\u00faa en su rodilla derecha, la espalda y el ci\u00e1tico. Apoyado al tanque, medio acalambrado, con las piernas en cuatro, se fue sacando las espinas (sin soltar la soga que ya le comenzaba a picar). Sin esperar enfriarse a\u00fan m\u00e1s, se arrastr\u00f3 unos cinco metros, hasta el molino que giraba con furia pero sin sacar nada de agua. El hombre, una vez sentado al borde del pozo, sinti\u00f3 que su cuerpo volv\u00eda a calentarse y sus dolores disminu\u00edan. Analiz\u00f3 el molino. Se le debe haber cortado las varillas, dedujo, y el freno tambi\u00e9n est\u00e1 roto\u2026 aunque el molino sigue bueno. Qu\u00e9 viejo abandonado este \u00c1lvarez. Bruscamente se puso de pie y corri\u00f3 uno de los durmientes que tapaba el pozo. Es pesado el quebracho, mierda, dijo con una voz que a \u00e9l mismo le pareci\u00f3 extra\u00f1a y enferma. Tom\u00f3 al nene de los brazos, le limpi\u00f3 la nuca y la espalda roja y con un largo esfuerzo logr\u00f3 meterlo dentro del pozo sin largarlo, sujet\u00e1ndolo de la soga, con los brazos tensos y temblantes. Vos no ten\u00e9s la culpa, pens\u00f3, aunque \u00e9l cre\u00eda que hablaba. Sos un nene, mi nene, si fueses un hombre entender\u00edas&nbsp;<em>vos me dec\u00eds pap\u00e1 y no soy tu pap\u00e1 yo te dec\u00eda hijo y no sos mi hijo. Carajo. Yo no hice nada de esto, fue tu madre, hijo mi hijo. \u00bfyo lastimarte? C\u00f3mo, c\u00f3mo, c\u00f3mo.&nbsp;<\/em>(la soga, lenta, comenzaba a resbalarse de las manos del hombre)&nbsp;<em>\u00bfsab\u00e9s que sos un angelito de Dios?&nbsp; Los nenes van al cielo y son angelitos. Claro que s\u00ed. Un angelito chiquitito. Dios te cuida y nos cuida. Habremos sufrido ac\u00e1 en la tierra. Habremos llorado. Hijo mi hijo. En cielo estaremos de nuevo juntos.&nbsp;<\/em>Felices. Antes de pronunciar&nbsp;<em>felices&nbsp;<\/em>la soga se dispar\u00f3, con fuerza, hasta el fondo del pozo. El hombre, acostado bocabajo, sobre el borde, rompi\u00f3 a llorar con el gluc que reson\u00f3 de lo hondo, como un grito.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">&nbsp; El hombre, balance\u00e1ndose en el borde, entre la tierra y el vac\u00edo, como jugando con la muerte, durmi\u00f3 hasta bien entrada la tarde. Se despert\u00f3 cuando la sombra de los olmos se corri\u00f3 y el sol le golpe\u00f3 de lleno en la cara. Consciente, de pie, temblando, pens\u00f3 en el suicidio, pero la idea se le fug\u00f3 al instante. Dolorido, con la cara roja, parsimonioso, tap\u00f3 el pozo y busc\u00f3 de nuevo la sombra. Apoyado de espalda contra un olmo, esquiva todo pensamiento, recuerdos o imaginaciones del nene, de la mujer, del otro hombre, hasta que intent\u00f3 orinar y se vio la bragueta manchada de una sangre color remolacha, y supo que jam\u00e1s podr\u00eda salir de entre los montes.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp;&nbsp; El sol rasgu\u00f1aba por quedarse cuando el hombre decidi\u00f3 que se hac\u00eda tarde. 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