{"id":1265,"date":"2023-03-13T16:05:34","date_gmt":"2023-03-13T19:05:34","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabife.com\/?p=1265"},"modified":"2023-03-13T17:38:34","modified_gmt":"2023-03-13T20:38:34","slug":"los-desgraciados-del-rancho-de-barro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/2023\/03\/13\/los-desgraciados-del-rancho-de-barro\/","title":{"rendered":"Los desgraciados del rancho de barro"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-drop-cap has-medium-font-size\">En la \u00faltima\nmanzana del pueblo, cerca de la feria y al frente de la que fue nuestra casa,\nhab\u00eda un rancho de barro, bajo, venido a menos. A nosotros no nos permit\u00edan ir\na jugar al rancho porque corr\u00edamos riesgo de que se nos cayera un adoqu\u00edn en la\ncabeza, as\u00ed nos dec\u00edan. O nos pod\u00edamos caer en el pozo del molino viejo,\ntambi\u00e9n nos dec\u00edan. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">&nbsp; Cuando con mis primos y amigos hab\u00edamos\ndecidido no escuchar a nuestras madres y conocer una vez por todas el rancho y\njugar debajo del arelo, un matrimonio de cincuenta o sesenta a\u00f1os cada uno,\ncorr\u00edan el lavarropa roto que trababa la puerta de chapa y se adentraron.\nHab\u00edamos quedado petrificados al conocer los due\u00f1os del rancho, aunque por lo\nque pudimos escuchar de los adultos ese rancho no era de nadie, y el terreno\npertenec\u00eda al municipio, aguardando a que volviera un intendente peronista para\nhacer casitas de barrio. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">&nbsp; El matrimonio lleg\u00f3 una tarde de vientos\nfuerte, cuando algunos dorm\u00edan la siesta y otros de sobremesa com\u00edan\nmandarinas. Vivieron en el rancho menos de un mes, hasta que la se\u00f1ora muri\u00f3 y\n\u00e9l se fue no s\u00e9 a d\u00f3nde. Nosotros nos sub\u00edamos al techo de mi casa para verlos\nhacer. El hombre hac\u00eda chucher\u00edas con madera que despu\u00e9s sal\u00eda a ofertar casa\npor casa. La se\u00f1ora vest\u00eda muy mal y se la ve\u00eda sucia; tenia los brazos con\nvendas. A veces ayudaba al marido sosteniendo una tabla o a medir y marcar\ndonde cortar, pero en seguida se ten\u00eda que sentar, dolorida, con gemidos\nsuaves. El marido la miraba de reojo, hasta que ella dejaba de expresar su\ndolor y se met\u00eda toda encorvada dentro del rancho, seguramente para recostarse\nen la cama. El hombre despu\u00e9s de esas escenas, que se repet\u00edan d\u00eda por medio,\ncomenzaba a martillar fuert\u00edsimo, para que nadie lo escuchase llorar. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">&nbsp;  En casa se dec\u00eda que ella estaba enferma de algo grave, tuberculosis o alg\u00fan c\u00e1ncer de esos bravos.  Nos enteramos que muri\u00f3 cuando el hombre cruz\u00f3 la calle empedrada y nos golpe\u00f3 la puerta de la cocina. \u201cBuenas tardes\u201d dijo pap\u00e1 \u201cqu\u00e9 busca\u201d \u201chilo y una aguja para coser\u201d \u201cqu\u00e9\u201d \u201ces que muri\u00f3 mi se\u00f1ora y no la puedo velar en estas condiciones, quisiera acomodarme los pantalones y la camisa. Juro que devolver\u00e9 en cuanto termine.\u201d <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">&nbsp; Se dice que \u00e9l mismo arm\u00f3 el ata\u00fad y la vel\u00f3\nen el rancho, con tres velas en la cabecera del caj\u00f3n. Nosotros, disimuladamente,\npispi\u00e1bamos desde nuestra ventana aquel solitario velorio. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">&nbsp;&nbsp; Durante la cena no hubo conversaciones, solo exclamaciones como \u201cpobre tipo\u201d \u201cpobrecita ella\u201d \u201cqu\u00e9 vida, diosito querido\u201d. M\u00e1s que lamentaciones era la verg\u00fcenza de tener al lado del que no tiene. De la verg\u00fcenza se pas\u00f3 a la culpa de poder haber ayudado y no haberlo hecho. Algo as\u00ed habr\u00e1n sentido mam\u00e1 y t\u00eda Amelia cuando dijeron \u201cvamos a preparar un buen ramo de flores para darle el p\u00e9same ma\u00f1ana\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Al d\u00eda\nsiguiente, cuando comenzaba a aclarar, nos despert\u00f3 los martillazos del hombre\nque golpeaba m\u00e1s fuerte que de costumbre. Supusimos que estar\u00eda clavando la\ntapa del caj\u00f3n. A las ocho menos algo pas\u00f3 el cami\u00f3n de la municipalidad para\nllevarse la mujer muerta.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">&nbsp;Esa ma\u00f1ana est\u00e1bamos todos bien vestidos,\ndesayunados y ansiosos por ver qu\u00e9 pasaba. Mam\u00e1 ya ten\u00eda el ramo de flores\nprolijamente preparado. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">&nbsp; Antes del mediod\u00eda vimos que el hombre sali\u00f3\ndel rancho, puso de nuevo el lavarropa delante de la puerta para trabarla y\ncruz\u00f3 hacia nuestra casa, con los poco pelos mojados y raya al medio, con una\nmochila infantil, rosa, con unos dibujitos de barbies o Hello Kitty, colgada en\nel hombro izquierdo. Lo atendi\u00f3 pap\u00e1.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">&nbsp; \u201cAc\u00e1 le devuelvo el hilo y la aguja\u201d \u201cno era\nnecesario\u201d dijo pap\u00e1, con una tonada t\u00edmida, gangosa. Mam\u00e1 y t\u00eda Amelia se\narrimaron hasta la espalda de pap\u00e1 y le dieron el p\u00e9same y las flores.\n\u201cGracias\u201d fue lo \u00fanico que dijo el hombre, con una cara dif\u00edcil de describir,\nuna mezcla de indiferencia, resignaci\u00f3n y venganza. Ni siquiera atin\u00f3 a mirar\nhacia dentro de nuestra casa para ver qu\u00e9 \u00edbamos a comer. Dio media vuelta, sin\nsaludar, y camin\u00f3 hacia la ruta para nunca m\u00e1s volver al pueblo. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">&nbsp; Mam\u00e1 y t\u00eda Amelia parec\u00edan haber quedado\nsatisfechas de su acci\u00f3n, en seguida retomaron sus vidas risue\u00f1as y fing\u00edan (o\nno) haber olvidado al viudo pobre. El resto quedamos de caras largas,\nincomodos, mirando los rincones de la casa, simulando una sonrisa. Y en lo\nparticular comenc\u00e9 con mis primeras reflexiones sobre el suicidio. &nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">&nbsp; Actualmente en el terreno ya no est\u00e1 el\nrancho ni se corre peligro por un pozo de molino, sino que est\u00e1 decorado con\ncoloridas casitas de barrio. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un matrimonio marcado por la tragedia y la miseria llega a un sucio rancho en Arata. Uno de ellos muere y el otro es tan pobre que no tiene ni aguja ni hilo para coser su ropa y velar en soledad a su pareja. La vida sigue risue\u00f1a en pueblo, pero el ni\u00f1o que observ\u00f3 aquel suceso comienza a tener sus primeras reflexiones acerca de la vida y la muerte.<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":1268,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"om_disable_all_campaigns":false,"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"_uf_show_specific_survey":0,"_uf_disable_surveys":false,"footnotes":""},"categories":[1129,275,15],"tags":[46,276,277,278],"class_list":["post-1265","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-en-foco","category-relatos-del-norte-pampeano","category-sociedad","tag-arata","tag-arnaudo","tag-norte-pammeano","tag-relatos"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1265"}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1265"}],"version-history":[{"count":4,"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1265\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":30072,"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1265\/revisions\/30072"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/1268"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1265"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1265"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1265"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}