{"id":11149,"date":"2021-01-31T12:27:37","date_gmt":"2021-01-31T15:27:37","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabife.com\/?p=11149"},"modified":"2021-01-31T12:28:32","modified_gmt":"2021-01-31T15:28:32","slug":"domingo-senuelo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabife.com\/index.php\/2021\/01\/31\/domingo-senuelo\/","title":{"rendered":"Domingo Se\u00f1uelo"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-drop-cap has-medium-font-size\">Lo mandaron a cambiarse porque saldr\u00edan apenas terminaran de lavar los platos. Ir\u00e1 con su hermano, su mam\u00e1 y un amigo a la laguna Don Tom\u00e1s, en Santa Rosa, a sacar mojarritas, como cada vez, pero para Franco se materializa una aventura alternativa: pasar por el kiosco y comprar el c\u00f3mic que disfrutar\u00eda en el auto cuando se cansara de estar en la orilla, con el viento persistente que corre ese domingo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Franco siempre ayuda a desanudar y a pasar la tanza o el hilo para elaborar los repetidos se\u00f1uelos, garantes del \u00e9xito. Son botellas de pl\u00e1stico agujereadas en la base, cada una con la parte de arriba cortada y metida en embudo hacia adentro.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Su hermano se pone la campera nueva, pero la madre le dice que se la cambie, que la puede ensuciar. Suena el timbre, y ya est\u00e1 el amigo listo, peinado, con una mueca de futura complacencia. Huele a colonia Pibe\u2019s, aunque el buzo marr\u00f3n que lleva tiene algunas manchas de lavandina. Ese timbrazo del vecino, a esa hora cada domingo, es el inicio del ritual, recuerda Franco. El domin\u00f3 que comienza en la presi\u00f3n del bot\u00f3n, y que culminar\u00e1 en la taza de chocolatada caliente a la tardecita, en su casa o en la del amigo, con las botellas llenas de mojarritas expuestas en la mesada de la cocina adonde se decidiera la merienda. Esos trofeos que cada lunes, ma\u00f1ana mismo, se ensanchar\u00edan hasta desaparecer, como la miga de pan que sirve de carnada para los peque\u00f1os peces.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">&nbsp; Lo que no cambia, recuerda Franco, lo que no cambi\u00f3 nunca, es el sonido del timbre de su casa. Que suena ahora cuando llega alguien a la siesta, alg\u00fan menonita a ofrecer quesos, las revistas&nbsp;<em>Despertad<\/em>&nbsp;o&nbsp;<em>La<\/em>&nbsp;<em>Atalaya<\/em>&nbsp;de los Testigos de Jehov\u00e1, los Mormones, o alguien que Franco no conoce. El sonido es el se\u00f1uelo; una trampa que lo arrastra a\u00f1os atr\u00e1s a esos d\u00edas en la laguna Don Tom\u00e1s, con su hermano, su mam\u00e1 y su amigo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Cuando ese domingo ya hab\u00eda algunas botellas inundadas de mojarritas, Franco se volv\u00eda al auto y abr\u00eda el c\u00f3mic. Dejaba la puerta abierta para que entrara un chicotazo de aire, y se internaba en las vi\u00f1etas de&nbsp;<em>Spider-man<\/em>. El superh\u00e9roe sub\u00eda por los edificios, mientras su hermano se met\u00eda descalzo en la laguna; Franco o\u00eda los retos que le daba su madre, por esa temeridad inocente que lo caracterizaba y que perder\u00eda con el tiempo. En ese cap\u00edtulo, el ar\u00e1cnido se enfrentaba al Lagarto, un cient\u00edfico admirador y estudioso de la gen\u00e9tica regenerativa de ciertos reptiles. Notaba que el delantal nunca se le romp\u00eda completo en cada transformaci\u00f3n, como si el personaje no pudiera entregarse a una total irracionalidad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Su vecino y su hermano cargan las botellas. \u201cEn el ba\u00fal\u201d, dice su madre. Los tres largan ese olor a actividad acu\u00e1tica con que bautiza la laguna. Franco observa que su hermano y su amigo est\u00e1n abstra\u00eddos con la experiencia de la pesca; no hablan de otra cosa, mientras su madre escucha. En un momento, en un sem\u00e1foro, gira la cabeza hacia \u00e9l: \u201c\u00bfY, qu\u00e9 tal la revista esta vez?\u201d. Franco le comenta que no la ha terminado de ver, pero que parece buena. Van a ser las 6 de la tarde.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">El vecino invita a tomar la chocolatada. \u201cPrimero se cambian, y despu\u00e9s podr\u00e1n ir\u201d, responde la madre. Franco ha ayudado a armar las botellas, ha estado en la laguna mirando, lanzando y trayendo algunas, y por eso se incluye en la aventura dominical. Sabe tambi\u00e9n, que las mojarritas en las trampas y su c\u00f3mic tendr\u00e1n otro color ma\u00f1ana, indiferenciado, al comenzar la semana. Sabe hoy que la laguna Don Tom\u00e1s se los ha llevado a todos.<\/p>\n\n\n\n<p><em><strong>Extra\u00eddo del libro&nbsp;Cuentos y poemas. Lo mejor de Rumbos. Rumbos Libros. Clar\u00edn. 2016<\/strong><\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Lo mandaron a cambiarse porque saldr\u00edan apenas terminaran de lavar los platos. 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