¿Qué piensan y sienten los agentes sanitarios de la “primera línea de batalla”?

Este es el testimonio de uno de los trabajadores de la salud que BIFE entrevistó, quien prefirió mantenerse en el anonimato. Miedos, angustias y adrenalina se entremezclan con una vocación de servicio altruista.

El momento del brote fue una locura total. Igualmente, el trabajo de todos fue increíble, se reaccionó muy bien. De repente, empezó a concurrir mucha gente que quería hisoparse, algunos más nerviosos que otros. Ahí nuestro papel es el de estar bien lúcidos, que nada se nos escape, ni dar ningún paso en falso. El protocolo debe ser perfecto. Siempre está la posibilidad de errarle, de confundirse, de pasar por alto algo en el protocolo, y contagiarse, y contagiar a todos. Por eso, adentro del hospital se viven permanentemente momentos de mucha tensión. Todo el tiempo. Es bravo, la verdad; porque para prevenir son muchos pasos que hay que hacer de manera constante, y cada uno tiene su protocolo Y uno debe tener tacto con la gente, porque ha ocurrido que han venido personas nerviosas o fuera de sus cabales. Otro detalle es que antes del brote la gente concurría por cualquier cosa, desde un dolor de panza hasta una uña encarnada. Después del brote, prácticamente no concurrió nadie más. Tuvieron que pasar 10 días para que vuelvan las consultas comunes“.

¿Qué piensan y qué sienten quienes integran la guardia pretoriana contra el Covid-19? ¿Cómo es vivir en permanente estado de alerta? ¿Cómo manejan el estrés y la paranoia para que no les explote el sistema nervioso, en un contexto de psicosis social?

Hay mucha psicosis social, sobre todo ahora, después del brote. Es complejo porque se estigmatizó tanto al contagiado de Covid que hoy el paciente te oculta información. Hay que tener más cuidado que nunca, quizá desconfiar más, o ser más observador. Es un riesgo muy grande“.

Atrás quedó la euforia de vecinos que salían a la vereda o desde sus balcones a aplaudir a las 21 horas a los profesionales de la salud, con el fin de reconocerles el trabajo de combatir el virus en plena pandemia. Aquella euforia se desgastó con el simple paso del tiempo pero no así la labor de los agentes sanitarios que permanecen, hasta que el virus no tenga cura, en “la primera línea de batalla”.

Al estigmatizar al enfermo que oculta información, se desconfía de todo el mundo, de modo que se toma todo entre pinzas. Entonces se trata a todo el mundo de igual manera, con lo cual se genera un psicosis tremenda“.

Por ejemplo, llega una persona que dice que respeta el aislamiento y no se ha juntado con nadie, pero que tiene algún síntoma. Después uno se pone a indagar y resulta que esa persona ha estado en cenas con mucha gente. Hay que ser cuidadoso para indagar al paciente. No se nos puede escapar ningún nexo que haya tenido“.

Desde que interrogás al paciente, hasta el hisopado, el estrés es muy grande, y el miedo también. No es que se termina todo con el hisopado, porque uno tiene una vida, y después hay que volver a la casa donde a uno lo espera la familia, ¿me entendés?

Los médicos y enfermeros fueron entrenados para salvar vidas pero no para arriesgar la suya (como los bomberos, por ejemplo), ¿cómo le agregan a su vocación ese componente altruista para –desde el anonimato- exponerse y exponer, en muchos casos, a su familia ante el virus?

No hay tiempo para prepararse psicológicamente, porque este es el momento y tenés que estar preparado, aunque sea una situación de estrés y adrenalina. Esto te enseña cosas que naturalmente la facultad no te enseña. Te enseña a estar dispuestos, a entender algo de la sociedad, y a ser empáticos con el resto. Es una mezcla de muchas emociones. Es desgastante, el hecho de no tener certeza por ahora de nada, el hecho de repetir el protocolo todo el tiempo, ante cada cosa, porque es lo mismo para quien viene con un golpe porque se cayó de una moto, o para el que le duele la panza. Es mucha adrenalina, temores y angustias juntas, pero somos conscientes que es un camino largo, y nadie de los que estamos acá queremos abandonarlo. Además, se actuó muy bien desde el gobierno para volver a la fase 1, porque se pudo controlar todo, y gracias a eso ahora retomamos la fase 5″.

En paralelo, desde Twitter se agitan movilizaciones, y en las calles se desarrollan manifestaciones anti-cuarentena.

Las manifestaciones anti-cuarentena… Genera impotencia, porque uno se enfrenta a la realidad en el hospital. El virus se trasmite tan fácilmente, que volver a la normalidad sin una vacuna es casi imposible. Con los recaudos se podrá volver, pero a su debido tiempo. La prioridad sigue siendo la salud, y la forma de ayudarnos es haciendo lo que nos piden; y teniendo un poco de empatía, por lo menos, por nuestros familiares de riesgo“.

Los profesionales de la salud tienen un porcentaje de riesgo incluso con todos los elementos de protección colocados correctamente. Uno de los momentos de mayor riesgo se da cuando el médico está a menos de dos metros de distancia del paciente y por más de 15 minutos (es el tiempo que se calcula que el virus permanece en el aire). Cuando se realizan los hisopados, se tienen que utilizar la indumentaria de protección nueva, y lo que se llama barbijo n95, que es de mayor protección.

El mayor riesgo de contagiarse como médico es cuando uno se saca todos los elementos de protección personal luego de hacer una intervención que genere aerosol, como un hisopado. Los pasos a grandes rasgos son los siguientes: antes que esté el paciente, se hace el lavado de manos, y toda la indumentaria de protección con los guantes nuevos. En el interrogatorio que se llama “anamnesis”, se hace con distanciamiento de 2 metros. Se determina si es sospechoso o no. Si el paciente se tiene que hacer un hisopado, lo mandás a otro consultorio y se vuelve a repetir los pasos, te volvés a poner otra vestimenta. Eso se repite todo el tiempo“.

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