Crónica del operativo y del día después del brote de coronavirus en el Atuel

El cronista, habitante del Atuel, vivió minuto a minuto el operativo del viernes, cuando se confirmó que el barrio era el centro del brote de Covid en Santa Rosa. Acá narra los detalles de ese momento y el día después: ¿Cómo es vivir en un sitio con la certeza de que el virus está cerca?

Todavía era un rumor que se trasmitía como un virus de pasarela a pasarela entre vecinos cuando a las seis de la tarde del viernes irrumpió en el barrio Atuel un operativo de médicos y policías. De celeste los primeros y de blanco los segundos, se desplegaron enmascarados por los distintos recovecos de la vecindad, acompañados por periodistas semi-extasiados e insistentes fotógrafos que le daban a la escena un toque excepcionalmente dramático. Desde lo alto, el escenario era seguido por la mirada nerviosa de atuelenses, que poco a poco asomaban la cabeza como hongos por una ventana o desde el borde de la pasarela, y confirmaban así que, efectivamente, empezaban a ser los protagonistas del centro del brote de coronavirus en Santa Rosa.

Al principio no lo creí, porque uno lee cada cosa en las redes, pero después entendés que está sucediendo. Cuesta caer, sobre todo el viernes cuando veíamos a toda esa gente del gobierno disfrazada como astronauta, fotógrafos de acá para allá, ambulancias, camillas, tubos de oxigeno. Imagínate. Uno está con la familia, no sabés qué va a pasar, entonces no queda otra: esperás…”, cuenta a Revista BIFE Horacio, cocinero de 50 años, que vive en un tercer piso del Atuel, dos días después de aquel operativo.

Todavía era un rumor que se trasmitía como un virus de pasarela a pasarela entre vecinos cuando a las seis de la tarde del viernes irrumpió en el barrio Atuel un operativo de médicos y policías”

De Pellegrini a Catriló y de Catriló hacia el resto de la provincia, el estatus sanitario se disolvió en un abrir y cerrar de ojos. 11 fueron los casos que se detectaron el día viernes en el populoso y mítico barrio Río Atuel de Santa Rosa. El foco de contagios en el lugar puso en alerta a las autoridades del municipio y de la provincia, lo que llevó a desplegar los programas de “Busqueda Activa” y “Prevención Focalizada” en el resto de los barrios con características habitacionales similares a las del Atuel.

Entre perros, grafitis y sobre pisos rotos por históricos arreglos cloacales, oficiales y médicos se repartían las casas para interrogar a posibles contactos estrechos, concientizar, informar y, según el caso de que alguien presente síntomas, aislarlo y trasladarlo. Mientras, vecinos ligeramente estresados bajaban por las escaleras y preguntaban a los policías qué iba a pasar. 

-¿Van a cerrar el barrio? ¿Es cierto que nos van a encapsular? 

Algunos decían que sí, estaban los que decían que no y otros respondían que al barrio lo iban a “cerrar un poco”. Los vecinos regresaban a sus respectivos hogares y largaban estos mensajes al viento, por pasarelas que conectaban con todo el barrio. Así, el rumor se expandía y, naturalmente, la paranoia. 

Cualquier aroma que puede emanar de suelos puntualmente defectuosos fue tapado por algo más intenso: el olor a lavandina. Con la luz del día que empezaba a mermar, se observaban baldazos de agua con lavandina en las inmediaciones de los departamentos, gente pasando el trapo por los bordes de las puertas y las ventanas, señoras desinfectando tapiales de pasarelas, niños corriendo por una atmósfera densa.

Llegaron cinco ambulancias, estacionaron sobre Alan Kardec y se encaminaron al geriátrico de la zona. Las ambulancias entraron marcha atrás por el pasaje Lecitra y descargaron camillas, sillas de ruedas y tubos de oxígenos. 

En simultáneo, policías de la comisaría del barrio empezaron a repartir bolsas negras con alimentos, entre los que se incluían fideos, galletas, arroz, puré de tomate, aceite, entre otros productos; y otra bolsa con artículos de limpieza: lavandina, jabón blanco y bolsas de residuos. Por la posibilidad de que encapsulen al barrio, algunos vecinos se impacientaron y les recordaban desde lo alto a los oficiales que no se olviden de pasar por su pasarela.

Los vecinos regresaban a sus respectivos hogares y largaban estos mensajes al viento, por pasarelas que conectaban con todo el barrio. Así, el rumor se expandía y, naturalmente, la paranoia”

Ninguno de los entrevistados por BIFE se imaginó el día anterior que esto podía pasar en el barrio. Incluso, ese mismo viernes al mediodía, con la publicación oficial de los 11 contagiados en el Atuel, persistían los desconfiados o los negadores que descreían de la información.  El “Palmera” (apodado así por su simpático parecido con el cantor de Los Palmeras, y por su personalidad festiva y positiva), que tres días antes -ya con el rumor largado sobre un positivo en el barrio- había dicho “macanas, la gente inventa”, ratificó su postura escéptica ese medio día cuando, desparramado sobre una pasarela, les decía a sus vecinos de otras tiras: “Son 11 sospechosos, pero no son positivos”, y cuando aclaraban que en realidad sí eran contagiados, el “Palmera” jugaba más a fondo: “Son macanas, ¿vos conocés a alguno de ellos?”, desafiaba a un vecino, “y vos, ¿conocés alguno”, y apuntaba a otro, “no, bueno, nadie los conoce, entonces… y acá si hay algo que es cierto, es que acá nos conocemos todos”. Sin embargo el Palmera esa noche, al finalizar la locura del operativo, después de digerir tanta información, con los pies en la tierra y aparentemente concientizado, le dijo precisamente a quien tenía enfrente en ese momento, un joven de 30 y pico de años que estaba pasando un trapo con lavandina: “Y bueno, qué macanas vecino… esta noche… esta noche no se escucha música en el barrio”.

El pos-operativo fue inédito, porque el sábado amaneció un Atuel por primera vez en silencio, acostumbrado a ser vital y vivaz sobre todo los fines de semana con niños correteando por los pasajes, música y asados, pero en esta ocasión ni siquiera se oía a la popular señora del departamento 18, que supo cantar distintos eventos, ensayando como cada sábado a puerta abierta para todo el barrio sus karaokes de clásicos como Sandro o Leonardo Favio. Ahora, sólo se observó un movimiento y se escuchó un cuchicheo: el de vecinos a cierta distancia formando una cola para realizarse un hisopado voluntario.

1 thought on “Crónica del operativo y del día después del brote de coronavirus en el Atuel

  1. Yo solo quiero desir con respecto a las bolsas de mercadería y productos de limpieza no me dieron yo trabajo limpiando casa x hora y con esto de la cuarentena no puedo trabajar

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