Carina Oliván enseña autodefensa feminista: “Tenemos que empezar a empoderarnos porque nadie nos va a defender”

Un dolor en la espalda la inició en las artes marciales y en la espiritualidad. Viajó por Latinoamérica, sobrevivió a la violencia de género. Vivió en carne propia la desaparición de su amiga María Cash, emblema de trata de personas en Argentina. Y se reconstruyó para “sanar”: los acontecimientos que se sucedieron en la vida de Carina Oliván para que hoy trasmita sus conocimientos marciales con perspectiva feminista. La pregunta que se desprende: ¿Es la defensa personal la única manera de reducir los femicidios?

Este año el gobierno destinó el 3,4% del PBI a programas para la prevención y erradicación de violencia contra las mujeres y personas LGTBI+. La suma cuadruplica el gasto en Defensa y Seguridad y es 10 veces superior al presupuesto del Poder Judicial. Se creó el Ministerio de las Mujeres. Hay una directora de Economía, Igualdad y Género. La revista Time felicita a Argentina por las políticas económicas de género (click). Hace más de una década los movimientos feministas se agrandan y diversifican, sus agendas pasan a estar en primer orden de la agenda nacional, con debates que se intensifican y métodos –como el del escrache- que se implementan para el cuidado mutuo.

Y sin embargo la cantidad de mujeres asesinadas sigue siendo la misma: desde 2010 a 2019 se promediaron 275 femicidios por año, durante el 2020 fueron 298 y en los primeros 2 meses del corriente van 47 femicidios (282 proyectado a todo el año). ¿Cuántos años más tarda un cambio cultural? ¿Son los programas del Estado de “erradicación de violencia contra las mujeres” el camino para mermar los femicidios? ¿O será también, acaso, la más simple y brutal defensa personal? 

Tiene que haber mucho valor y mucha conciencia de hacia dónde queremos ir

Carina Oliván, 30 años, quien practicó 10 años artes marciales y ahora brinda esos conocimientos con perspectiva feminista en las jornadas de la Red y Feria Feministas Trabajando , cree que sí, que se reduciría el número de femicidios si más mujeres aprendieran defensa personal, pero… “Tiene que haber mucho valor y mucha conciencia de hacia dónde queremos ir. No queremos tener un horizonte marcado por la violencia, a nosotras nos representan otras cosas. ¿Por qué en las escuelas, en vez de dar educación física, no enseñan artes marciales, con esa filosofía? Los policías de ahora vendrían a ser los ninjas de antes, pero los ninjas aprendían artes marciales para defender a niños y mujeres; mientras que los policías… Tenemos mucho para aprender”.

Hay una defensa personal con perspectiva feminista. Según Esther López, profesora de autodefensa feminista, existen tres pilares que definen esta perspectiva. Primero la cuestión física: aprender a romper rodillas, dedos, narices de una manera fácil e intuitiva. Segundo la parte emocional: se trabaja para mejorar el autoestima (diferencia fundamental entre la autodefensa feminista y un curso de defensa personal). Y tercero el grupo, se entrena como un colectivo. 

Carina Oliván lo explica de la siguiente manera: Lo que descubrí con las artes marciales es poder caminar segura, estar atenta, sentir las energías de las personas, poder aplicar curación. Está bueno que tengamos ese laburo personal, de entrenamiento, para explorar esas partes que han sido boicoteadas como mujer. Tenemos ese pensamiento de quién nos va a defender, y hay que empezar a empoderarnos, a defendernos nosotras mismas porque nadie nos va a defender. Hoy nosotras transmitimos que ‘vos podes hacerlo’, ‘vos tenés el poder’, que no necesitas un machito a cargo”.

Integrante de la Red y Feria Feministas Trabajando en el parque Oliver.

Carina asegura que las artes marciales le cambiaron la vida desde un plano espiritual. Sin embargo su iniciación tuvo que ver con algo mucho más banal: un dolor en la espalda. Tenía 16 años cuando la invitaron. Su dolor se fue rápidamente, y a partir de ahí siguió entrenando. Un día su maestro la hizo “volar por los aires”, porque Carina le devolvió un golpe desde el ego, desde el “vos me la diste, yo te la doy”, según explica. Empezó a pulir la meditación, se alejó de las artes marciales y meditó. Se fue a estudiar. Volvió su dolor en la espalda y retomó las artes marciales. Viajó por Latinoamérica. Conoció a una persona y sobrevivió a la violencia de género. A medida que se fue alejando de ese círculo tóxico se dio cuenta de “todos los sometimientos que había pasado” y tuvo que “desnaturalizar muchas situaciones”. 

Hoy nosotras transmitimos que ‘vos podes hacerlo’, ‘vos tenés el poder’, que no necesitas un machito a cargo”

Más adelante encontró una escuela de Wing Chun, el arte marcial orientado a la defensa personal, que fue creado precisamente por una mujer para defenderse del ataque de hombres. Yim Wing-chun fue una joven doncella china que rechazó la oferta matrimonial de uno de los señores feudales de ese entonces, quien la empezó a acosar. La joven se cruzó con una monje budista llamada Ng Mui, a quien le pidió que le enseñara a luchar para cuidarse del ex pretendiente. Ng Mui le enseñó un nuevo sistema de arte marcial que había sido inspirado por sus observaciones de una confrontación entre una serpiente y una grulla. 

“Este arte marcial lo creó una mujer, una monje. Ella imitaba a una serpiente peleando con un águila, que tiene protecciones en la pelvis, en la parte del útero. Es muy triste tener que inventar un arte marcial para defenderse, como hizo esta mujer, pero hay que hacerlo porque no queda otra. Ahora nosotras nos estamos uniendo. No es lo mismo laburarlo sola, como le pasó a la creadora del Wing Chun, que tenía que defenderse”, explica Carina en comunicación con Revista BIFE.

En 2011 Carina tuvo la pérdida de una amiga muy cercana: María Cash, caso emblemático de trata de personas en Argentina. Con ella compartían sobre todo “lo espiritual y la naturaleza“. Cash tenía 29 años cuando desapareció, tras salir el 4 de julio de 2011 desde Retiro hacia Jujuy. Lo último que se supo con certeza fue que varios kilómetros antes de llegar a Jujuy, Cash se bajó del ómnibus porque se sentía “incómoda”. Hizo dedo y la trasladaron en primer lugar hacia el este y luego al sur, en dirección a Santiago del Estero. El último contacto que la joven tuvo con sus allegado se concretó por correo electrónico cuatro días después de su partida. 

Es muy triste tener que inventar un arte marcial para defenderse, como hizo esta mujer, pero hay que hacerlo porque no queda otra

En 2018 una mujer que había denunciado que su ex pareja y otros dos miembros de Servicio Penitenciario Federal estuvieron involucrados en la desaparición de la diseñadora María Cash, fue atacada en Salta por dos hombres que le tatuaron el cuerpo con la leyendo “El macho siempre gana”. La mujer declaró que María Cash “nunca salió de Salta” y que “no estaría viva”.

Hace poco pude empezar a hacer este duelo. Yo quería creer que se había aislado voluntariamente de la sociedad. Cuando leí esa nota dije ‘ya está, ella está en las estrellas’. Pero me hizo replantar muchas cosas, el hecho de que como mujeres hasta qué punto vamos a seguir siendo sumisas, de darles el poder a ellos creyendo que no podemos. Fue muy fuerte lo que me pasó”, cuenta Carina. 

“Entonces propongo que se haga un taller de artes marciales, desde todo lo que yo aprendí. No es mi idea fomentar violencia, pero aún así me doy cuenta que la justicia no hace nada y nosotras tenemos que defendernos, y empezar a sentir el valor propio. No digo que vamos a usar el arte marcial para matar, pero en un caso extremo hay que utilizarlo”.

Me hizo replantar muchas cosas, el hecho de que como mujeres hasta qué punto vamos a seguir siendo sumisas, de darles el poder a ellos creyendo que no podemos

Por último, revela: “Hace pocos días fui testigo de una abuso sexual, por parte de un inquilino, y tuve que grabar, y estuve temblando, y yo sabiendo artes marciales, solo pude grabar. Yo me culpo y me digo cómo no tuve el valor de tirar esa puerta y romperle la cabeza. Entonces hay un laburo que todas tenemos que hacer, para desarrollar todas estas cuestiones que son intrínsecas”. 

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