Sabor amargo tras la condena a Lavallén: “Le dieron sólo 3 años para calmar las aguas, pero nosotras destapamos más abusos que quedaron impunes”

El ex preceptor del colegio Belgrano fue condenado a 3 años por abusar sexualmente de una alumna de 15 años. Ex estudiantes advierten que volvió todo a la “normalidad patriarcal”, luego de la lluvia de denuncias en 2018. El recuerdo de aquellos meses convulsionados, cuando parecía inminente que se destape la olla en otras escuelas. La impotencia del encubrimiento y el polémico protocolo de Utelpa que prohíbe revelar identidades de acusados por abusos, ¿resguarda docentes o encubre abusadores? El llamativo silencio de movimientos sociales y feministas.

En octubre del 2018, en el ámbito educativo, el fuego de las denuncias hizo presión en una olla que no se terminó de destapar. A raíz de un hecho innegable, como fue el hallazgo en el interior de un auto a plena luz del día de un preceptor del Colegio Manuel Belgrano de 50 años con una alumna de 15 años (con quien había tenido relaciones sexuales), se generó un fugaz efecto cascada que derivó en –al menos- 38 denuncias por parte de alumnas que daban a conocer situaciones de abusos y acosos en esa institución educativa.

“Teníamos casos de acosos tan naturalizados que nadie hacía nada, hasta que a partir de ahí empezamos a contarnos y nos dimos cuenta que a todas nos había pasado algo. El contexto también nos llevaba a decir que no podíamos seguir así, es decir ¿cómo este hombre puede condicionar nuestro cuerpo y nuestra vida al punto de que si el preceptor te da un chirlo en la cola está bien, o si te pide una foto o te pide que des una vueltita?”, se preguntó Lara Oberst, ex presidente del Centro de Estudiantes del Colegio Manuel Belgrano, en comunicación con Revista BIFE.

En octubre del 2018, en el ámbito educativo, el fuego de las denuncias hizo presión en una olla que no se terminó de destapar

La repercusión mediática que produjo este caso durante los meses de octubre y noviembre del 2018 fue tal que alumnas de otros colegios de Santa Rosa comenzaron a murmurar más situaciones de abusos. Con el temor de las autoridades, se percibía la inminencia de un efecto dominó: que el ejemplo del Manuel Belgrano se replicara en otras escuelas de la capital. Pero el murmullo nunca fue más que eso, una tenue voz que se disolvió con el paso del tiempo, por a la poca organización de los y las estudiantes, y las “trabas” y los “mecanismos de manipulación” que desplegaron las autoridades y parte del cuerpo de docentes de otros colegios, según advirtieron estudiantes.

Manifestación de estudiantes del Manuel Belgrano en noviembre del 2018

Parecido al clásico mecanismo de encubrimiento que llevan adelante las entidades religiosas cuando se revela un caso de abuso sexual por parte de un cura, muchos de los docentes y autoridades educativas –según narra Lara Oberstutilizaron métodos de manipulación para que no se produjera un efecto cascada. Además de las amenazas con poner amonestaciones, trabas para que se conformen otros centros de estudiantes, docentes y autoridades habrían utilizado frases como “no vas manchar a una persona que tiene familia e hijos por algo insignificante”, para –como se dice coloquialmente- “hacerle la psicológica” a los y las estudiantes

No prosperó en otros colegios porque no hubo organización. Quisieron hacer lo mismo que nosotros, pero se vieron frenados por las autoridades que no querían destapar una olla. Nos pasó en el colegio Ciudad que estaban muy pendientes de que no se formara el Centro de Estudiantes, y que si se formaba que la directora pudiera estar ahí viendo las reuniones. Insistían en que mucha gente tenía familia y les iban a arruinar la vida, entonces les hicieron la cabeza con eso a los chicos y los manipularon y lo desactivaron. También amenazaron con las sanciones”, cuenta Lara, quien entonces tenía 18 años.

Con el temor de las autoridades, se percibía la inminencia de un efecto dominó: que el ejemplo del Manuel Belgrano se replicara en otras escuelas de la capital

Dos cosas fueron determinantes para frenar el clima de escraches que se avecinaba en otros colegios: un acta firmada en los colegios “amenazados” para aplicar un mecanismo rápido con el fin de frenar nuevas protestas (sumado a la intervención del Belgrano por la que removieron a 4 directivos), y un protocolo del gremio de Utelpa que quedó vigente luego de la paritaria, que prohíbe dar a conocer las identidades de las personas acusadas de abuso sexual por parte de sus alumnos. En cuanto a esto último, llamó particularmente la atención el silencio de organizaciones y/o comunicadores y comunicadoras que utilizan el método del escrache o la visibilización pública de acusados de delitos sexuales como una manera de impartir justicia y resguardar la integridad de posibles futuras víctimas.  

Marcelo “Chino” Lavallén, condenado a 3 años de prisión por abusar de una menor

Lara no conocía la existencia de este protocolo y confesó que se sintió “traicionada”. “Lo desconocíamos a ese protocolo. Me siento traicionada porque varias docentes acompañadas nuestra lucha, en todo el proceso. Ellas, estando en el gremio de Utelpa, sabían de ese protocolo, entonces que nadie lo haya intentado frenar, que nadie haya dado un alerta de esto termina de confirmar lo que es la sociedad en la que vivimos, en donde no importa los jóvenes, sino les importa cuidar que nada salga a la luz”, explicó.

En cuanto al protocolo de Utelpa, llamó la atención el silencio de comunicadores y comunicadoras que apoyan el método del escrache para dar a conocer situaciones de abuso

El colegio Manuel Belgrano, con un Centro de Estudiantes consolidado, organizó manifestaciones, charlas, sentadas e implementó un método que les resultó efectivo: la creación de una urna que circuló por varios de los cursos donde se permitió la posibilidad de escribir de manera anónima en un papel otras situaciones de abusos y acosos que los y las estudiantes hayan sufrido. Al menos 38 testimonios de abuso sexual se contabilizaron una vez abierta la urna, en los que no sólo el preceptor acusado de violación (hoy condenado) estuvo en el centro de las denuncias, sino también otras autoridades del colegio.

“Hay muchas que quedaron impunes. No solo de abuso físico, como el de Lavallén con acceso carnal. Nosotros no importábamos ahí adentro. Cuando empezamos a conformar el Centro de Estudiantes, parecía que lo estábamos haciendo de forma clandestina, parecía algo ilegal. El Centro de Estudiantes empezó siendo una reunión para poder escucharnos, porque a nadie le interesaba. Por ejemplo el director no nos dejaba reunirnos, y nos decía que estábamos perdiendo horas de clase por una pavada. A mí me decía que era una zurda, que estaba plantando la bandera comunista, y que yo no estaba con obreros sino con estudiantes que estaban a su cargo”.

Lo desconocíamos a ese protocolo. Me siento traicionada porque varias docentes acompañadas nuestra lucha, en todo el proceso. Ellas, estando en el gremio de Utelpa, sabían de ese protocolo

En paralelo, Marcelo “Chino” Lavallén era formalmente procesado por el delito de abuso sexual con acceso carnal, aprovechándose de la inmadurez sexual de la víctima, 35 años menor. Esa mañana que fue encontrado de casualidad por un policía que merodeaba cerca de un descampado, Lavallén había planificado el encuentro con la menor: siendo preceptor, modificó los horarios escolares para que el curso de la alumna en cuestión se retirara antes de tiempo. Cuando el policía vio un automóvil en “actitud sospechosa”, se acercó y Lavallén puso en marcha su vehículo, aceleró y luego de un seguimiento de 1 kilómetro se detuvo. Ahí fue detenido y la menor llevada a la Unidad Funcional de Género, Niñez y Adolescencia, adonde fueron convocados sus padres. A partir de ahí se desprendieron la lluvia de acusaciones con nombres y apellidos que recayó sobre el equipo de gestión del colegio Manuel Belgrano.

Tres años después finalmente condenaron a tres años de prisión efectiva a Lavallén quien, no obstante, se exculpó. Depositó las culpas en la adolescente. Dijo haberse arrepentido de haber “cedido” a las decisiones de una menor de 15 años. Sin embargo, el conflicto que viene –según ex alumnos del Belgrano- desde el año 2012, cuando una nueva camada de chicos y chicas ingresó a primer año y comenzaron los abusos, acosos y abusos de autoridad, lejos está de haber sido saldado. Por el contrario, esta resolución de la justicia, comunicada el pasado 5 de abril, dejó un sabor amargo.

Lavallén en más de una oportunidad pasaba y te tocaba la cola. Y esos relatos jamás fueron tomados en cuenta, relatos que figuran en la causa, porque solo se tomó en cuenta la situación por la que lo descubrieron, que fue de pura casualidad. El Coordinador de Educación René Gómez era igual que Lavallén, les decía cosas a alumnos y docentes. A mí frente a mi mamá me decía que cómo me podían hacer bulling a mí si yo era una chica muy linda, con un buen cuerpo desarrollado”, reveló la joven de 21 años.

A Lavallén le dieron 3 años y su juicio tardó 3 años, 3 años en los cuales no se pusieron en contacto con nadie, salvo conmigo y la vicepresidenta del Centro, que fuimos a atestiguar con nuestros relatos personales. Hubo muchísimos relatos que no fueron tenidos en cuenta. No es la queja de solo los 3 años a Lavallén, sino que la justicia siga teniendo este carácter machista y patriarcal, de dar 3 años para dejar tranquilas las aguas”.  

-¿Qué ocurrió con las nuevas camadas, una vez que ustedes egresaron, siguieron la lucha que habían comenzado?

Lamentablemente no. Cuando egresamos volvió todo a la “normalidad”, es decir, la normalidad en este sistema que te encuadra que te puedan decir lo que quieras mientras nosotros tenemos que estar sumisas frente al adulto. Los de sexto año en 2019 quisieron seguir con el Centro de Estudiantes pero no pudieron, porque al no haber una buena formación en materia de ciudadanía (el colegio no debería ponerte trabas sino ayudarte a constituirte) no se siguió. Tienen que empezar a enseñar esa materia para que no haya más Marcelos Lavallén por ahí, para que no haya más Renés Goméz.

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