Lo que no estalla se vuelve parte del paisaje

Se concluye que si antes el trabajo era un embudo por donde se iba la juventud, ahora es un lugar donde se deja también la adultez y la vejez. Avanzan las jornadas de 12 y 13 horas entre 2 o 3 trabajos en simultáneo para mantener una calidad de vida que se va evaporando a medida que se instala la segunda ola

Los ojos pueden acostumbrarse a un volcán pero no a su erupción, por eso lo que no estalla se vuelve parte del paisaje. En Argentina más de la mitad de los menores son pobres, unos 5 millones de chicos y chicas. El estallido por el cambio, una de las enseñanzas que dejó el 2001. Los ojos tampoco pueden asimilar una sucesión de Maias, de modo que una es suficiente para introducir el debate de la pobreza en carne y hueso o aplacar la culpabilidad social por unos días, y ya.

Los sueldos van camino a perder por cuarto año consecutivo, y hoy dos salarios de un matrimonio con dos hijos no llegan a superar la línea de la pobreza. Se puede trabajar honradamente y seguir siendo pobre: un hogar compuesto por 4 personas necesita más de 56 mil pesos para no ser pobre mientras que 2 salarios mínimos solo llegan a 42 mil pesos. Peor se vuelve la ecuación si hay un solo ingreso: la Canasta Básica Alimentaria, que actúa como referencia para medir la línea de la indigencia, se ubica en los 23 mil 700 pesos, 2 mil pesos más que un salario mínimo.

Los ojos pueden acostumbrarse a un volcán pero no a su erupción, por eso lo que no estalla se vuelve parte del paisaje

Después de haber subido casi 40% entre 2006 y 2011, a partir de 2012 los sueldos entraron en un subibaja que fue de la mano de las elecciones, en el marco de una economía que perdió los superávit gemelos, dejó de crecer y de crear empleo. Desde 2017, todo fue caída libre y el salario real acumula una pérdida de 23% en términos reales, 57% en dólares oficiales y 75% si se considera el dólar brecha, según Dal Poggetto, economista que está a cargo del antiguo Estudio Bein.

Si antes el trabajo era un embudo por donde se iba la juventud, ahora es un lugar donde se deja también la adultez y la vejez. Se retornó a un siglo atrás, cuando se trabajaba para subsistir. A partir de la década de los 40 los sindicatos establecieron las 8 horas para terminar con la explotación laboral. Pero hoy nadie habla de las 12, 13 o 14 horas de trabajo que la gran mayoría destina en sus 2 o 3 empleos que tienen para llegar a fin de mes.

Si antes el trabajo era un embudo por donde se iba la juventud, ahora es un lugar donde se deja también la adultez y la vejez

Al diablo quedó aquello de desarrollar la propia inteligencia, expandir la imaginación y verse realizado en el trabajo que uno siempre anheló. Es cosa del pasado, de ociosos que tenían tiempo de darse cuenta que no eran felices en sus respectivas actividades. Ahora la consiga es sobrevivir.

Si lo que no estalla se vuelve parte del paisaje, ¿qué legitimidad conservan los partidos políticos en un contexto de crisis permanente? Se vuelven momentos políticos “peligrosos” porque hay una derecha que formula discursos ajustados a la realidad, mientras en la vereda de enfrente el fracaso actual (les Fernández) y el fracaso reciente (Macri) juegan a la grieta, nunca antes tan pronunciada: se elevan los discursos radicalizados del kirchnerismo –más preocupado en el lawfare o en peleítas del área de Seguridad- y Cambiemos (encarnados en Bulrich), y caen al pozo de la indiferencia cualquier avenida del medio o intento de acuerdo político general.

Si lo que no estalla se vuelve parte del paisaje, ¿qué legitimidad conservan los partidos políticos en un contexto de crisis permanente?

La música que se escucha es la del sálvese quien pueda. En la democracia de la desigualdad, si a esta altura del año pasado se reconocía al más sanitarista, hoy se busca rabiosamente alguien que consiga parar los precios de los alimentos. Es el único tema que importa. Más allá del Covid, otro tema que esté en la agenda es humo y distracción.

La segunda ola amenaza con oscurecer por completo el panorama y aunque son tiempos de vientos de cola del precio de la soja, el 2021 es un año electoral en el que el precio del dólar va a determinar en parte el destino político de un país que, luego de la curva descendente que inició invariablemente con el Rodrigazo del 75, parece no tener nada más que raspar del fondo de la olla.

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