La historia de Silvia Barrera, una de las 6 mujeres que salvaron vidas en Malvinas

Hoy llegó a La Pampa para dar a conocer su historia ¿Cómo fue la guerra siendo una de las 6 mujeres que estuvieron en pleno conflicto? ¿Cómo era el trato con sus pares? El momento más doloroso: cuando se determina el cese al fuego. “Fue lo más terrible porque nos hacían creer que íbamos ganando, y no era así”

En 1982, tropas argentinas desembarcaron en las islas Malvinas con el fin de recuperar la soberanía que había sido tomada por Gran Bretaña. Silvia Barrera, tenía 23 años y trabajaba como instrumentadora quirúrgica en el Hospital Militar Central. “Las mujeres todavía no formábamos parte de las Fuerzas Armadas. Éramos civiles”, cuenta.

Empezado el combate, se dieron cuenta de que los enfermeros que habían viajado no contaban con la preparación necesaria para operar dentro de un quirófano. Entonces, el 7 de junio abrieron una convocatoria en el hospital: de 35 trabajadoras, sólo se anotaron Silvia y cinco más (Susana Mazza, María Marta Lemme, Norma Navarro, María Cecilia Ricchieri y María Angélica Sendes). La decisión de viajar tenía que ser inmediata, porque al día siguiente tomarían un vuelo al sur.

Las 6 instrumentadoras

Ese día Silvia tuvo que terminar un noviazgo de un año con un médico cirujano, quien en vano le dijo: “Si yo no voy, vos tampoco”. Silvia llegó a su casa, donde su padre, un suboficial retirado del Ejército luego de la Revolución Libertadora de 1955, la esperaba orgulloso. “Quiero que fotografíes todo de las Islas”, le dijo y le regaló la cámara más pequeña que encontró con 10 rollos de 36 fotos cada una. Después, Silvia se cortó el pelo y estaba lista para viajar.

Lo más importante era cumplir con nuestra función. Veníamos de una familia militar. Todo se daba para que sea como voluntaria. Fue un poco de inconsciente. Teníamos noción cuando llegamos a Río Gallegos y vimos la ciudad que era otra, ahí tomamos conciencia. Las ventanas estaban cerradas totalmente, estaban los simulacros en las escuelas por si atacaban los británicos. Era otra cosa, no como en Buenos Aires, donde cada uno hace su vida por más de que el mundo se venga abajo”, explica Silvia Barrera en comunicación con Revista BIFE.

Las mujeres todavía no formábamos parte de las Fuerzas Armadas. Éramos civiles

Les dieron ropa de hombre, ya que en el Ejército no había mujeres. Los pantalones se les caían, a pesar de que el cinturón más corto alcanzaba para darle dos vueltas completas a la cintura. Usaban las mangas de camisa arremangadas y a ella le habían tocado un par de borceguíes número 40, cuando en realidad calzaba 37. Por entonces, en el Ejército ni se pensaba en incorporar mujeres y todo estaba preparado para hombres.

Nosotros fuimos con ropa de verano en pleno invierno. Fue muy improvisado todo. Cuando llegamos y nadie nos estaba esperando. No sabían ni quiénes éramos. No había representante en el Ejército, ya que éramos las primeras mujeres y fue impactante para ellos”, cuenta.

Barrera, con sus distinciones

-¿Cómo era el trato que tenían con el resto de los soldados?

En un principio nos ignoraban totalmente. De casualidad encontramos un médico y nos acompañó y constataron que era verdad que íbamos a Puerto Argentino. Luego nos vino a buscar el helicóptero. Ahí también fueron momentos de bajar y encontrarse con un destrato de parte de los marinos. Fue en un principio después empezamos a trabajar juntos.

-Estuviste 10 días en zona de conflicto, contame cómo era el día a día.

No nos acordamos de haber dormido. A la mañana recibíamos los heridos, que venían de Puerto Argentino al buque, y ahí se hacía la clasificación de acuerdo a las heridas. Los que estaban preparados para una cirugía había que prepararlos para a media tarde empezar la cirugía que duraba hasta la noche. Durante la madrugada preparábamos el instrumental que habíamos usado y empezábamos de nuevo.

-¿Qué fue lo más terrible que te tocó ver y te tocó hacer en pleno conflicto?

En cuanto a ver heridas, teníamos experiencia así que no era lo que nos afectaba tanto. Sí nos afectó el trato con el paciente. La instrumentadora recibe el paciente semidormido, y allá tuvimos que tener el rol de enfermera. Cada profesión se prepara psicológicamente. Nos tocó bañarlos, verlos sufrir…

Silvia Barrera

-¿Qué fue lo más doloroso de la guerra?

El momento que nos avisaban que cesaba el fuego, el 13 a la noche, entonces nosotros dijimos paró el fuego y se produjo un silencio impresionante, y no sabíamos que iba a pasar, porque no llegaban las noticias. Al día siguiente cuando empezamos la rutina, nos enteramos que el cese del fuego fue definitivo. Eso fue muy fuerte. Fue lo más terrible porque nos hacían creer que íbamos ganando, y no era así.

No nos acordamos de haber dormido

-Si se pudiera volver el tiempo atrás, ¿volverías a ir a Malvinas?

Sí. Fue lo más importante que me pasó como instrumentadora. Como persona me cambió la personalidad. Fue muy fuerte, con cambios espirituales. Nos está afectando ahora físicamente por el estrés postraumático. No estoy a favor de la guerra, es lo más doloroso que puede vivir un país, pero si no se hacía esa guerra, yo creo que esta causa hubiera sido… los ingleses tienen las islas ocupadas que son nuestras. Después de la guerra, Malvinas fue todo un tema. Y vemos como el pueblo se encolumna detrás de la causa de Malvinas. Si no, nadie la recordaría.

-¿Cuándo fue que empezaron a reconocerlas como mujeres combatientes, y qué sentiste?

El Ejército nos reconoció al año siguiente, el Ministerio de Defensa también. Al resto de las chicas les costó un poco más. Pero cuando llegó el 2012 se firmó un decreto presidencial que nos reconocía a las 16 mujeres dentro de las millas de las islas Malvinas.

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